La ciencia va aprendiendo más sobre los efectos de Ozempic y otros medicamentos GLP-1 similares en el consumo de alcohol. Un nuevo trabajo muestra que estos medicamentos para la obesidad y la diabetes podrían cambiar la forma en que nuestro cuerpo procesa el alcohol.
El estudio de los investigadores de Virginia analizó cómo los usuarios de GLP-1 procesaban el alcohol inmediatamente después de ingerir varias copas. En comparación con quienes no usaban GLP-1, los investigadores descubrieron que quienes sí usaban drogas GLP-1 experimentaron un aumento demorado de sus niveles de alcohol en sangre y reportaron sentirse menos afectados por el alcohol, en general. Los hallazgos parecen dar una idea de por qué los medicamentos GLP-1 han demostrado ser prometedores como tratamiento para el trastorno por consumo de alcohol.
“Estos datos brindan evidencia preliminar de que las drogas GLP-1 podrían actuar a través de mecanismos periféricos para suprimir el consumo de alcohol”, escribieron los autores en su artículo, publicado el miércoles en Scientific Reports.
Sorprendente reducción del antojo
La semaglutida (ingrediente activo de Ozempic y Wegovy) y otros fármacos GLP-1 han revolucionado el campo del tratamiento de la obesidad en estos últimos años. Mostraron ser mucho más eficaces para ayudar a las personas a perder peso en comparación con la dieta y el ejercicio por sí solos. Algunos médicos y usuarios de GLP-1 también han informado que estos fármacos parecen reducir el antojo de otras sustancias además de la comida, incluyendo drogas potencialmente adictivas como los opioides, la cocaína y el alcohol. Hay estudios preliminares que también respaldan estos hallazgos.
Todavía hay mucho que no sabemos sobre cómo y por qué estos fármacos podrían realmente funcionar para reducir el antojo de sustancias como el alcohol. Por eso, los investigadores del Instituto de Investigación Biomédica Fralin (FBRI) de Virginia Tech estudiaron los efectos inmediatos del alcohol en las personas que tomaban GLP-1.
Reclutaron a 20 participantes con obesidad (índice de masa corporal superior a 30) para su trabajo, de pequeñas proporciones. La mitad de los voluntarios tomaba uno de los tres medicamentos GLP-1 (semaglutida, tirzepatida o liraglutida), y la otra mitad no tomaba ninguno de estos fármacos. Los investigadores los emborracharon, en un entorno controlado, claro.
Se les pidió a los voluntarios que bebieran tres bebidas alcohólicas en una hora y luego se les monitoreó durante un máximo de cuatro horas en una sala de recuperación. Durante este experimento, les midieron regularmente el nivel de alcohol en sangre, la glucosa y las constantes vitales como la presión arterial.
Los investigadores les dieron a los voluntarios suficiente alcohol como para elevar su concentración de alcohol en sangre al 0,08 % al final del período de consumo, que es el límite legal para conducir en la mayor parte de EE.UU. Sin embargo, aunque ambos grupos alcanzaron aproximadamente el mismo punto final, los usuarios de GLP-1 experimentaron un aumento más lento, en promedio. Además también informaron sentirse menos borrachos subjetivamente durante el experimento y tener menos ansias de alcohol en general antes y después del experimento.
Los hallazgos sugieren que los GLP-1 pueden cambiar la velocidad a la que el alcohol entra al torrente sanguíneo, según los investigadores, posiblemente mediante un vaciado gástrico más lento, un efecto conocido del GLP-1. Esta introducción más lenta puede reducir la adicción al alcohol.
«Los fármacos de acción más rápida tienen un mayor potencial de abuso», afirmó el autor del estudio, Alex DiFeliceantonio, profesor adjunto y codirector interino del Centro de Investigación de Conductas de Salud del FBRI, en un comunicado de la universidad. «Tienen un impacto diferente en el cerebro. Por lo tanto, si las drogas GLP-1 demoran el ingreso del alcohol al torrente sanguíneo, podrían reducir sus efectos y ayudar a las personas a beber menos».
Más información
Los investigadores dicen que su trabajo debe considerarse un estudio piloto, y que se necesitan más estudios para confirmar los hallazgos. Algunas investigaciones también han indicado que las drogas GLP-1 pueden afectar directamente el sistema de recompensa del cerebro relacionado con el consumo de alcohol y otras drogas, lo que posiblemente signifique otra vía por la que pueden moderar nuestros antojos.
Independientemente de cómo funcionen estas drogas, habrá que analizar la evidencia. Hay varios ensayos clínicos de terapia con GLP-1 para trastornos por consumo de sustancias, incluido el alcoholismo. Si estos ensayos dan resultado, los fármacos con GLP-1 podrían convertirse en una opción atractiva para tratar estos trastornos difíciles de controlar.