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Ciencia

Esos antojos nocturnos y tentaciones de “algo rico” a los que cedes antes de dormir no le hacen ningún favor a tu aparato digestivo

Comer tarde por las noches podría empeorar problemas digestivos como la constipación.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Y una vez más, la ciencia viene para arruinarte otro de los placeres simples de la vida. Un estudio sugiere que comer tarde por la noche puede empeorar tu salud digestiva.

Los científicos analizaron los datos de una encuesta de representación nacional en EE.UU. Encontraron que las personas con estrés crónico que consumían continuamente calorías por las noches tenían más probabilidades de informar problemas digestivos como constipación y diarrea. Aunque no son resultados definitivos, sí indican que los bocados nocturnos pueden exacerbar los problemas intestinales que ya tienes, según afirman los investigadores en este estudio.

Esos bocaditos a la medianoche tienen un costo oculto

Los médicos han aconsejado siempre que no hay que comer justo antes de ir a dormir, por varias razones. Entre ellas, las calorías que ingerimos por la noche tienen más probabilidades de almacenarse como grasa, además de que comer en ese horario puede perturbar el sueño y el reloj interno del organismo. Tal como lo implica el nombre “antojo nocturno”, en general tendemos a sentir la tentación de comer alimentos menos nutritivos a altas horas de la noche.

A los investigadores les interesaba en particular entender la forma en que los bocados nocturnos pueden afectar a los que ya son vulnerables ante los problemas digestivos, las personas que sufren alto estrés físico, y analizaron los datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES) sobre los estilos de vida y la dieta de los estadounidenses, que se hace con regularidad en los Centros de Control y Prevención de Enfermedades. Utilizaron varias mediciones como los marcadores del estrés crónico: índice de masa corporal, presión sanguínea y colesterol
Los que sufren alto estrés y que consumían al menos un cuarto de sus calorías después de las 9 p.m. parecieron tener peor digestión, según lo que hallaron. En comparación con las personas con bajo estrés y que no comían mucho por las noches, el grupo de personas con estrés tenía 1,7 más probabilidades de informar que tenían problemas como constipación y diarrea.

El equipo también llevó a cabo un análisis similar de datos del Proyecto Digestivo Estadounidense, un proyecto científico ciudadano que toma muestras de microbioma junto a información de las personas sobre su estilo de vida y sus hábitos. Al igual que en el caso anterior, los que comen bocadillos nocturnos y sufren de alto estrés tenían más probabilidades de informar problemas gastrointestinales (2,5 veces más) que los otros, y sus microbiomas tendían a tener una mezcla de bacterias menos diversa.

Los hallazgos del equipo se presentarán a principios del próximo mes en Digestive Disease Week, una conferencia científica anual sobre gastroenterología y salud digestiva.

“No se trata solo de qué es lo que comes, sino de cuándo lo comes”, declaró la autora principal del trabajo, Harika Dadigiri, médica del Hospital Saint Mary’s y Saint Clare’s de la Facultad de Medicina de Nueva York ante los organizadores de la conferencia. “Y si ya sufrimos de estrés, el momento en que comes puede implicar un doble golpe a tu salud digestiva”.

¿Qué hacer?

El trabajo de este equipo todavía no ha sido revisado por expertos para su publicación, por lo que se debe entender como preliminar. Los resultados sólo podrían demostrar una correlación entre comer tarde por la noche y sufrir problemas digestivos, sin que se trate de una relación de causa y efecto.

Al mismo tiempo hay muchos otros estudios que respaldan la idea de que comer antes de ir a dormir no es bueno, en general. Este estudio al menos brinda algún incentivo para que rompamos ese hábito, en especial si sufrimos de problemas digestivos. Para muchos es más fácil decirlo que hacerlo, y los investigadores de este estudio dicen que eso los incluye a ellos también. Pero hay cambios simples que pueden lograr mucho.

“No soy la policía del helado”, dijo Dadigiri. “Todos tendrían que poder comer helado, pero preferiblemente a lo largo del día. Los hábitos pequeños y continuos, como una rutina de comidas más estructurada, pueden ayudar a promover patrones de alimentación más regulares y ayudar en la función digestiva a lo largo del tiempo”.

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