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Para entrar a este exclusivo club solo necesitas haber saltado en paracaídas justo antes de que un avión se estrelle

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Existen muchos tipo de clubs en el mundo, gratuitos, de pago, o incluso en algunos solo puedes ser miembro si tienes una
recomendación de alguien de dentro. Sin embargo, solo existe un club en el
mundo donde para formar parte debes haber estado muy cerca de morir como
requisito indispensable.

Se trata del Club Caterpillar, y lo
“único” que debes hacer para formar parte del mismo de forma automática es,
literalmente, haberte lanzado por una salida de emergencias de un avión que
está a punto de tener un accidente, abrir un paracaídas y aterrizar sano y
salvo en tierra. Casi nada.

Entonces puedes obtener una insignia muy
especial, una especie de oruga o gusano dorado que te acredita como miembro del
prestigioso y desconcertante club donde no hay pagos ni cuotas para unirse, ser
miembro es un acto involuntario.

El club no tiene ninguna organización
formal, pero ha estado presente desde 1922. El 20 de octubre de ese año, Harold
Harris, un piloto de pruebas del ejército, participó en unos prácticas de
combate en un avión sobre Ohio. Harris perdió el control del avión, se
deslizó por la parte superior del fuselaje y desplegó un paracaídas que jamás
había usado antes. Aterrizó con vida.

Ocurre que antes de aquel incidente había
cierto escepticismo entre los aviadores sobre la capacidad que tenían para
pensar y actuar lo suficientemente rápido como para liberarse de un avión que está
cayendo y abrir un paracaídas antes de perder demasiada altitud.

Harris fue la prueba de que los
paracaídas podían salvar vidas. En las semanas posteriores, varios periodistas
se inspiraron para fundar el Club Caterpillar, llamándolo así porque los
paracaídas eran de seda. 

¿Qué ocurrió? Que los fabricantes de
paracaídas vieron el filón del club para promocionarse. Irvin Air Chute Co.,
que había estado en el negocio de los paracaídas desde 1919, emitió tarjetas de
miembros y alfileres de oro a cualquier persona cuya vida se hubiera salvado a
través de uno de sus productos.

En 1928, había 87 miembros vivos del Club
Caterpillar en Estados Unidos. Entre ellos estaba Charles Lindbergh, quien era “miembro del Club
Caterpillar gracias a no menos de cuatro saltos de emergencia, dos de ellos por
la noche mientras volaba”. En 1925 llegó la primera mujer al club, Irene
McFarland.

La Segunda Guerra Mundial vio un aumento
exponencial en los miembros. Un recuento de 1977 realizado por Irvin Aerospace,
el sucesor de Irvin Air Chute Co., descubrió que a algo más de 11.000 hombres y
12 mujeres se les había enviado un alfiler de oro y una tarjeta de miembros
después de que se hubiera verificado el uso de un paracaídas de emergencias.

Dicho esto, si alguna vez has sufrido un
accidente de avión y en el último momento te lanzaste en paracaídas salvando la
vida, todavía puedes ponerte en contacto con Airborne Systems (antes Irvin Air Chute Co.). La compañía
sigue enviando tarjetas e insignias a sus miembros. [Wikipedia, MilitarHistory]

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