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Ciencia

Perforan un glaciar en los Alpes y descubren un archivo de casi 2.000 años con rastros de minería, sequías y grandes erupciones

Un núcleo de hielo extraído en los Alpes ha permitido reconstruir casi dos mil años de historia ambiental de Europa. En sus capas quedaron atrapadas señales de antiguas actividades humanas, fenómenos naturales extremos y cambios climáticos que hoy corren el riesgo de desaparecer debido al acelerado deshielo.
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Los glaciares no solo almacenan agua congelada: también resguardan historias que el tiempo ocultó durante siglos. En lo alto de los Alpes, una investigación ha sacado a la luz un archivo natural que conserva pistas sorprendentes sobre antiguos desastres, actividades humanas y cambios climáticos. Sin embargo, este extraordinario testimonio del pasado podría desaparecer antes de revelar todos sus secretos.

Un archivo natural que guarda la historia de Europa

A más de 3.500 metros de altura, en la cima del Weißseespitze, una montaña ubicada entre Austria e Italia, un grupo internacional de científicos encontró uno de los registros climáticos más valiosos de Europa. En apenas diez metros de hielo permanecen preservadas evidencias que abarcan cerca de dos mil años de historia ambiental, una auténtica cápsula del tiempo formada por la acumulación de nieve durante siglos.

Cada invierno dejó una nueva capa sobre la anterior, atrapando diminutas partículas presentes en la atmósfera. Polvo transportado por el viento, restos de incendios forestales, cenizas volcánicas y metales liberados por antiguas actividades humanas quedaron sellados progresivamente mientras la nieve se compactaba hasta transformarse en hielo.

Gracias a esta conservación excepcional, los investigadores lograron reconstruir la evolución de la atmósfera europea desde los últimos siglos de la República romana y el Imperio romano hasta la Edad Moderna. El estudio demuestra que los glaciares de montaña pueden funcionar como auténticos archivos históricos, capaces de preservar información imposible de encontrar en otras fuentes naturales.

Para determinar la antigüedad de cada capa, el equipo empleó distintas técnicas de datación, entre ellas el análisis del isótopo radiactivo argón-39 y el radiocarbono. La combinación de ambos métodos permitió elaborar una cronología muy precisa y relacionar las distintas señales químicas con acontecimientos históricos, ambientales y climáticos ocurridos durante casi veinte siglos.

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©Francesco Ungaro – Pexels

Las huellas invisibles de la minería medieval

Uno de los aspectos que más llamó la atención de los científicos fue la presencia de concentraciones inusuales de plomo, cobre, plata y arsénico en determinados momentos del registro.

Estos aumentos no aparecieron de forma aleatoria. Coinciden con los siglos en los que Europa experimentó un fuerte crecimiento de la actividad minera y metalúrgica durante la Edad Media, especialmente entre los siglos X y XIV.

En aquella época, la extracción y fundición de minerales en regiones como el Tirol, los Alpes italianos o las montañas Harz liberaban grandes cantidades de partículas metálicas que eran transportadas por las corrientes atmosféricas antes de depositarse sobre la nieve.

Siglos después, esas partículas siguen presentes en el hielo, ofreciendo una prueba indirecta de la expansión económica y tecnológica medieval. El glaciar conserva así un registro que permite reconstruir cómo las actividades humanas comenzaron a modificar la atmósfera mucho antes de la industrialización.

Incendios, sequías y volcanes quedaron grabados en el hielo

Las capas heladas también conservaron rastros de enormes incendios ocurridos hace cientos de años. Los investigadores identificaron cantidades elevadas de levoglucosano, un compuesto generado cuando la madera se quema y que puede permanecer suspendido en la atmósfera antes de quedar atrapado en la nieve.

El análisis mostró un incremento especialmente marcado alrededor del siglo XII. Al comparar estos resultados con registros obtenidos en turberas cercanas, ambos archivos revelaron un aumento simultáneo de restos de carbón vegetal, lo que confirma que durante ese período se produjeron incendios mucho más intensos de lo habitual.

Los especialistas consideran que el llamado Periodo Cálido Medieval favoreció la aparición de prolongadas sequías que facilitaron la propagación del fuego. A ello se habría sumado el crecimiento de la población en los valles alpinos, la expansión agrícola, la apertura de nuevos pastizales y las quemas utilizadas para gestionar los bosques.

El hielo también registró fenómenos completamente ajenos a la actividad humana. Varias capas contienen altas concentraciones de sulfatos y otros elementos característicos de grandes erupciones volcánicas. Estas partículas pueden permanecer durante meses en la atmósfera y recorrer miles de kilómetros antes de depositarse sobre la nieve.

Al comparar las fechas obtenidas con otros registros climáticos del hemisferio norte, los científicos comprobaron que varias de estas señales coinciden con importantes erupciones ocurridas durante el siglo XIII, demostrando que incluso glaciares relativamente pequeños pueden conservar evidencias de eventos volcánicos de alcance continental.

El deshielo amenaza con borrar este extraordinario registro

El descubrimiento llega acompañado de una preocupación cada vez mayor. Durante las campañas de investigación realizadas entre 2019 y 2024, el equipo regresó en varias ocasiones al lugar para evaluar el estado del glaciar.

Las mediciones revelaron una reducción muy rápida del espesor del hielo. En pocos años desaparecieron varios metros, lo que implica que algunas de las capas más recientes del archivo climático podrían haberse perdido de forma irreversible.

Los glaciares alpinos figuran entre los más vulnerables al aumento global de las temperaturas. Diversos estudios prevén que una parte importante de estas masas de hielo podría desaparecer durante las próximas décadas si continúa el actual ritmo de calentamiento.
Cada metro que se derrite elimina información única sobre el pasado de la atmósfera terrestre. Por ese motivo, numerosos investigadores consideran prioritario extraer y conservar núcleos de hielo antes de que desaparezcan para siempre.

Un legado científico imprescindible para comprender el futuro

Además de reconstruir episodios históricos, estos registros permiten establecer cómo era la atmósfera antes de la Revolución Industrial y diferenciar los procesos naturales de la contaminación provocada por las actividades humanas.

En el caso del glaciar Weißseespitze, el estudio indica que la influencia humana sobre los aerosoles atmosféricos era relativamente reducida durante gran parte de la historia registrada en el hielo. Comparar esos valores con los actuales ayuda a dimensionar el impacto que ha tenido la industrialización sobre el planeta.

Por ello, cada glaciar representa mucho más que una reserva de agua congelada. Constituye una biblioteca natural irrepetible, capaz de revelar cómo evolucionó el clima durante siglos y de aportar información esencial para comprender los desafíos ambientales que enfrenta la Tierra en el presente y en el futuro.

 

[Fuente: Muy Interesante]

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