El 20 de julio, en el aniversario del primer alunizaje de la humanidad, un grupo de casi un centenar de empleados, contratistas, familiares y simpatizantes de la NASA se reunieron frente al Museo Nacional del Aire y el Espacio en Washington D.C. Pero esta vez no fue para celebrar, sino para levantar la voz contra lo que consideran un ataque directo a la ciencia y al liderazgo espacial de Estados Unidos.
Los manifestantes, muchos de ellos vinculados a la agencia espacial, expresaron su rechazo a los drásticos recortes presupuestarios y despidos masivos que ya están en marcha, a pesar de que el presupuesto aún no ha sido aprobado por el Congreso.
«Estamos aquí porque la NASA está bajo ataque, y nosotros somos su defensa», declaró Marshall Finch, uno de los organizadores de la protesta y contratista de la agencia.
Recortes anticipados y un llamado a “abandonar el barco”

Lo que ha encendido las alarmas no es solo el contenido del presupuesto propuesto para 2026 por el presidente Donald Trump, que recorta a la mitad el portafolio científico de la NASA y cancela más de 40 misiones, sino también el hecho de que la dirección actual del organismo ya ha empezado a ejecutar medidas drásticas sin esperar a la aprobación legislativa.
Empleados han sido notificados de reducciones de plantilla y se les está incentivando a adherirse al programa de “dimisión diferida” (Deferred Resignation Program), una iniciativa que permite dejar la agencia con ciertas condiciones, pero que está siendo interpretada por muchos como un intento de desmovilizar rápidamente a parte del personal técnico y científico.
«Están diciendo a todo el mundo que se apunten ya al programa de dimisión. Que salten del barco», denunció Finch. «Esto va a debilitar a la NASA y va a debilitar a Estados Unidos».
El Congreso reacciona: críticas a la administración provisional
Días antes de la protesta, dos congresistas demócratas del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes, Zoe Lofgren (California) y Valerie Foushee (Carolina del Norte), enviaron una dura carta al administrador provisional de la NASA, Sean Duffy, acusándole de actuar al margen de la ley al aplicar recortes antes de que se aprobara el presupuesto final.
La carta expresa la preocupación de varios legisladores ante lo que consideran una “sobreactuación preventiva” por parte de la cúpula directiva de la agencia, que estaría llevando a cabo despidos y cancelaciones sin respaldo legal.
La indignación no es nueva. Ya exjefes científicos de la NASA y expertos en política espacial habían advertido que los recortes propuestos constituían la “mayor reducción presupuestaria en la historia de la agencia”. Además, preocupa la posibilidad de que estas decisiones comprometan la capacidad de EE.UU. para monitorear amenazas como asteroides peligrosos o desarrollar nuevas tecnologías espaciales.
La magnitud del impacto: más de 40 misiones en peligro
Si se aprueba tal como fue propuesto, el presupuesto de Trump supondrá la cancelación o suspensión de más de 40 misiones científicas en curso o en desarrollo, incluyendo proyectos clave de observación terrestre, astronomía, climatología y exploración planetaria.
Esto incluye iniciativas para estudiar el cambio climático, detectar asteroides cercanos a la Tierra, explorar exoplanetas y continuar la vigilancia del Sol. A juicio de muchos científicos, perder estas misiones sería retroceder décadas en el avance del conocimiento espacial y científico.
La organización espontánea “NASA Needs Help”, surgida de entre empleados y simpatizantes, afirma que la movilización solo acaba de empezar. Muchos temen que, si el Congreso no frena estas medidas, la NASA perderá a una generación de científicos y técnicos que no volverán a la agencia.
[Fuente: Space.com]