El apagón masivo que afecta desde el 28 de abril de 2025 a España y Portugal sigue causando estragos en millones de hogares, comercios e infraestructuras esenciales. Red Eléctrica de España estima que el restablecimiento total del servicio puede demorar entre 6 y 10 horas.
Sin embargo, este incidente plantea una pregunta inquietante: ¿qué pasaría si en el futuro un corte similar se extendiera durante varios días? Para comprender la magnitud de este riesgo, basta observar ejemplos recientes donde la electricidad tardó mucho más en volver.
Casos recientes de apagones que duraron más de 6 o 10 horas

Ecuador (2023-2024): cortes de hasta 14 horas diarias
Desde finales de 2023, Ecuador atraviesa una crisis energética provocada por una severa sequía que afecta sus embalses hidroeléctricos. Esto ha obligado a imponer cortes programados de hasta 14 horas diarias en distintas regiones, afectando hospitales, sistemas de agua potable y actividades económicas esenciales.
Venezuela (2024): apagón nacional de 13 horas
El 30 de agosto de 2024, Venezuela sufrió un apagón que dejó al 80% del país sin electricidad durante más de 13 horas. Los hospitales operaron a capacidad reducida, los sistemas de comunicación colapsaron y el acceso a servicios básicos se vio gravemente afectado.
Chile (2025): más de 7 horas sin electricidad en casi todo el país
El 25 de febrero de 2025, un fallo en la red eléctrica nacional dejó sin suministro a más de 19 millones de personas en Chile durante más de 7 horas. El transporte público se paralizó, los servicios de emergencia se vieron comprometidos y gran parte de la actividad económica se detuvo.
El riesgo real de un apagón prolongado

Cuando un corte de energía se extiende más allá de unas pocas horas, las consecuencias aumentan exponencialmente: fallos en el suministro de agua potable, interrupciones en hospitales, desabastecimiento de alimentos y medicamentos, y graves problemas de orden público.
El «European Risk Assessment Report 2024» advertía que las amenazas combinadas de fenómenos extremos, ciberataques y envejecimiento de infraestructuras eléctricas podrían aumentar la frecuencia y duración de apagones en Europa. El incidente que vive la península ibérica hoy es una advertencia temprana: el próximo gran apagón podría no ser cuestión de horas, sino de días.