Solo los ni√Īos de los 90 recordar√°n este sonido. No, en serio. Hay que remontarse a los hogares de los a√Īos 90 y principios de los 2000 para encontrar conexiones a Internet de dial-up, y de aquello han pasado ya 20 a√Īos. Lo que quiz√° no sepan esos ni√Īos es el significado del alboroto que hac√≠an los m√≥dems al conectarse.

El proceso era siempre el mismo. Primero te asegurabas de que tu madre no estuviera hablando por tel√©fono, y avisabas con un grito de que ibas a conectarte a Internet. Entonces le dabas a un bot√≥n que dec√≠a ‚ÄúConectar‚ÄĚ en una ventana gris de Windows 98 y empezaba el concierto. Unos pitidos, un mont√≥n de ruido y el silencio final que indicaba que ya estabas navegando a la incre√≠ble velocidad de 56 kbps. Aquel m√≠tico concierto sonaba m√°s o menos as√≠:

El proceso se conoce como handshake (apret√≥n de manos) porque era el comienzo de una conversaci√≥n telef√≥nica entre dos m√≥dems. La conexi√≥n se iniciaba con una llamada a un n√ļmero proporcionado por el proveedor de Internet que tuvi√©ramos contratado. Una vez abierta la comunicaci√≥n, se negociaban ciertos par√°metros y se creaba un circuito virtual que generaba el acceso a Internet. Todo esto en una red dise√Īada originalmente para el habla humana.

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Lo primero que o√≠amos era c√≥mo nuestro m√≥dem llamaba al m√≥dem del proveedor. Lo hac√≠a con el mismo sistema que continuamos usando los humanos al llamar por tel√©fono: la marcaci√≥n por tonos. Al cabo de unos segundos aparec√≠a el m√≥dem del proveedor, que contestaba en un tono distinto ‚ÄĒuno que nuestro m√≥dem era capaz de comprender‚ÄĒ y le preguntaba cu√°les eran sus capacidades. Entonces se produc√≠a un breve intercambio en binario conocido como ‚Äútransacci√≥n V.8 bis‚ÄĚ.

Terminado ese intercambio de datos, el módem del proveedor abordaba el problema de la supresión de eco. Los módems son un sistema full duplex, lo que significa que pueden hablar al mismo tiempo. Los humanos, en cambio, solo hablamos cuando el otro está callado; la red telefónica lo sabe y silencia temporalmente el canal de retorno para que no se produzcan ecos molestos de nuestra propia voz. En este caso, el módem del proveedor tenía que usar un tono especial para desactivar la supresión de eco. Solucionado.

Imagen: Oona Räisänen (haz clic para ampliar)

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Ahora era cuando se produc√≠an esos pitidos tan agudos que sonaban hacia el final del apret√≥n de manos. Los m√≥dems estaban enumerando sus modos de modulaci√≥n compatibles con el fin de encontrar uno que ambos conocieran. Despu√©s sondeaban la l√≠nea con tonos de prueba para ver c√≥mo respond√≠a la se√Īal a las diferentes frecuencias, y por √ļltimo intercambiaban sus resultados para comprobar cu√°nto se atenuaba la se√Īal en cada caso y decidir cu√°l era la velocidad m√°s adecuada para cada m√≥dem.

Cuando se o√≠a un zumbido fuerte, como la lluvia de un televisor, era que est√°bamos terminando. Los m√≥dems hab√≠an codificado ya sus datos con una f√≥rmula de aleatorizaci√≥n especial que har√≠a que la distribuci√≥n de potencia fuera m√°s pareja y no hubiera patrones demasiado complejos a la hora de realizar la transferencia. Solo restaba intercambiar una serie de unos en binario y ajustar sus ecualizadores para asegurarse de que estaban escuchando la se√Īal entrante de la manera m√°s √≥ptima.

Justo después de eso, nuestro módem silenciaba el altavoz y empezaba con la transmisión de datos. Estábamos conectados a Internet, y lo estaríamos hasta que nuestra madre gritase desde el salón para que dejáramos libre la línea del teléfono. Al fin y al cabo, se había instalado para hablar por teléfono, no para navegar por Internet. [Oona Räisänen/Absorptions]