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Ciencia

Durante años los científicos se preguntaron dónde se formaron los primeros bloques de construcción de los planetas. Un nuevo estudio apunta a una región situada más allá de Júpiter

Las simulaciones sugieren que una acumulación de polvo y gas creada por la gravedad de Júpiter actuó durante millones de años como una incubadora natural de planetesimales, los cuerpos que más tarde darían origen a planetas, asteroides y meteoritos.
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Cuando observamos el Sistema Solar actual resulta fácil olvidar que, hace 4.500 millones de años, nada de esto existía. No había planetas, ni lunas, ni cinturones de asteroides. Solo un joven Sol rodeado por una inmensa nube giratoria de gas y polvo. Durante décadas, los científicos han intentado entender cómo aquel material disperso logró convertirse en mundos completos. Ahora, un nuevo estudio cree haber identificado uno de los lugares donde comenzó todo.

La investigación señala una región situada más allá de la órbita de Júpiter que habría funcionado como una auténtica «fábrica de planetas», produciendo durante millones de años los primeros bloques de construcción del Sistema Solar.

Una trampa cósmica creada por la gravedad de Júpiter

Durante años los científicos se preguntaron dónde se formaron los primeros bloques de construcción de los planetas. Un nuevo estudio apunta a una región situada más allá de Júpiter
© Shutterstock / Kateryna Kon.

Los protagonistas de esta historia no son todavía los planetas, sino los planetesimales. Estos cuerpos, que podían medir desde kilómetros hasta cientos de kilómetros de diámetro, representan el paso intermedio entre los granos de polvo del disco solar y los planetas que surgirían después.

El nuevo modelo desarrollado por investigadores del Instituto Max Planck sugiere que Júpiter desempeñó un papel decisivo en su formación.

Cuando el gigante gaseoso alcanzó gran parte de su masa actual, su poderosa gravedad comenzó a alterar profundamente el disco de gas y polvo que lo rodeaba. El planeta abrió un hueco en el material circundante y generó una zona de presión elevada justo más allá de su órbita.

Ese fenómeno, publicado en The Astrophysical Journal, actuó como una trampa natural. Las partículas que se desplazaban por el disco quedaron retenidas allí, acumulándose progresivamente hasta formar enormes concentraciones de material sólido.

Una línea de ensamblaje que funcionó durante dos millones de años

Durante años los científicos se preguntaron dónde se formaron los primeros bloques de construcción de los planetas. Un nuevo estudio apunta a una región situada más allá de Júpiter
© Brandon.

Lo más sorprendente del estudio es que la región no produjo todos los planetesimales de una sola vez. Las simulaciones muestran que el proceso permaneció activo durante aproximadamente dos millones de años.

A medida que evolucionaba el disco solar, distintos tipos de materiales iban llegando a la trampa de polvo y se incorporaban a nuevas generaciones de planetesimales.

Los investigadores descubrieron que las partículas más grandes y resistentes, como ciertas inclusiones minerales primitivas, quedaban atrapadas con mayor facilidad. Los granos más finos y frágiles llegaban después. Eso provocó que objetos nacidos en el mismo lugar presentaran composiciones muy diferentes dependiendo del momento exacto en que se formaron.

Los meteoritos actuales conservan las huellas de aquella fábrica primordial

La clave para comprobar el modelo estaba en los meteoritos. En particular, en las condritas carbonáceas, algunas de las rocas más antiguas y primitivas que conocemos.

Estas reliquias contienen información preservada desde los primeros millones de años del Sistema Solar y funcionan como auténticas cápsulas del tiempo cósmicas.

Según los autores, las simulaciones lograron reproducir con gran precisión las edades y composiciones observadas en estos meteoritos. Eso convierte a la región situada más allá de Júpiter en la candidata más sólida hasta ahora para explicar cómo surgieron muchos de los primeros cuerpos sólidos del Sistema Solar.

El hallazgo también ofrece una nueva perspectiva sobre el papel de Júpiter. Lejos de ser simplemente uno de los planetas gigantes actuales, su influencia gravitatoria pudo haber ayudado a construir el escenario donde comenzaron a formarse algunos de los componentes fundamentales de nuestro vecindario cósmico.

Y quizá esa sea la conclusión más fascinante. Antes de que existiera la Tierra, antes de que aparecieran Marte o Saturno, una gigantesca trampa de polvo orbitando cerca de Júpiter ya estaba trabajando silenciosamente, ensamblando las primeras piezas de un Sistema Solar que todavía no sabía en qué iba a convertirse.

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