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Tecnología

Intentaban modificar un único material átomo por átomo y terminaron creando diez estructuras cristalinas completamente nuevas. El hallazgo podría acelerar la búsqueda del superconductor ideal

Investigadores de Estados Unidos descubrieron que pequeños cambios en la disposición de los átomos pueden generar familias enteras de materiales desconocidos. El avance abre una nueva vía para diseñar superconductores capaces de transformar redes eléctricas, centros de datos y tecnologías cuánticas.
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La búsqueda del superconductor perfecto lleva décadas obsesionando a físicos e ingenieros. La promesa es enorme: materiales capaces de transportar electricidad sin pérdidas energéticas, eliminando uno de los principales problemas que afectan desde las redes eléctricas hasta los centros de datos y los futuros ordenadores cuánticos. Sin embargo, encontrar nuevos superconductores ha sido históricamente un proceso lento, complejo y, en muchos casos, dependiente del azar.

Ahora, un equipo del Laboratorio Nacional Argonne y de la Universidad Northwestern cree haber encontrado una forma diferente de abordar el problema. Lo que comenzó como un experimento relativamente sencillo para reorganizar átomos dentro de una estructura cristalina terminó revelando diez materiales completamente nuevos.

Un experimento que no salió como esperaban

Intentaban modificar un único material átomo por átomo y terminaron creando diez estructuras cristalinas completamente nuevas. El hallazgo podría acelerar la búsqueda del superconductor ideal
© FreePik.

La investigación, publicada en la revista Science, se centró en materiales formados por bario, antimonio, azufre y telurio. La idea inicial parecía simple. Los investigadores querían modificar gradualmente la distribución de los átomos de azufre y telurio dentro de una misma estructura cristalina sin alterar la proporción total de elementos presentes en el compuesto.

Lo lógico era esperar pequeñas variaciones dentro de una misma familia de materiales. Sin embargo, ocurrió algo muy distinto.

Cada vez que aumentaban la cantidad de azufre, aparecía una estructura cristalina diferente. En lugar de obtener simples mezclas o variaciones menores, el material se reorganizaba dando lugar a un compuesto completamente nuevo.

Según explicó el investigador Xiuquan Zhou, prácticamente cada modificación produjo una arquitectura atómica distinta. Lo más llamativo es que todas esas estructuras parecían estar relacionadas entre sí mediante patrones matemáticos que las conectaban dentro de una misma familia conocida como serie homóloga.

La importancia de descubrir nuevas familias de materiales

Intentaban modificar un único material átomo por átomo y terminaron creando diez estructuras cristalinas completamente nuevas. El hallazgo podría acelerar la búsqueda del superconductor ideal
© Laboratorio Nacional Argonne.

A primera vista, generar diez estructuras cristalinas distintas puede parecer un logro reservado a los especialistas. Pero sus implicaciones podrían ser mucho más amplias.

La estructura interna de un material determina propiedades fundamentales como la conductividad eléctrica, el comportamiento magnético o la forma en que interactúa con la luz y el calor. En otras palabras, cambiar la disposición de los átomos equivale a cambiar las capacidades del material.

Por eso los científicos buscan constantemente nuevas configuraciones cristalinas. Cada una representa una posible puerta hacia propiedades físicas desconocidas.

Durante décadas, muchos superconductores fueron descubiertos de manera casi accidental. Los investigadores probaban combinaciones químicas y observaban qué ocurría. Este método permitió avances importantes, pero también limitó la velocidad del progreso.

La nueva técnica apunta en una dirección diferente: diseñar materiales de forma mucho más controlada y sistemática.

Una herramienta que también podría ayudar a la inteligencia artificial

El hallazgo llega en un momento en el que la inteligencia artificial se está convirtiendo en una herramienta clave para la ciencia de materiales. Actualmente, numerosos algoritmos analizan gigantescas bases de datos químicas en busca de compuestos prometedores. El problema es que esos sistemas aprenden a partir de materiales ya conocidos.

Cuando aparece una estructura completamente nueva, la IA suele tener dificultades para identificarla o predecir su comportamiento. Por eso los investigadores creen que descubrimientos como este pueden ser especialmente valiosos. No solo amplían el catálogo de materiales disponibles, sino que proporcionan información nueva para entrenar futuras generaciones de modelos de inteligencia artificial.

El equipo utilizó técnicas avanzadas de difracción de rayos X, microscopía electrónica y análisis químico de alta precisión para confirmar que cada estructura poseía características únicas.

Todavía es pronto para saber si alguna de estas nuevas configuraciones acabará convirtiéndose en el superconductor que la industria lleva décadas buscando. Sin embargo, el descubrimiento aporta algo igualmente importante: una nueva forma de explorar territorios desconocidos dentro de la materia. Y en una carrera científica donde cada avance puede acercar tecnologías capaces de transformar la energía, la computación y las comunicaciones, encontrar diez nuevos caminos a partir de una sola fórmula química no parece un mal punto de partida.

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