
Hace una década, la Pequeña isla de María, al este de Tasmania, era el hogar de una colonia de más de 6.000 pingüinos azules, la especie de estas aves más pequeña del mundo. A día de hoy no queda un solo ejemplar. Ahora es el turno de las pardelas de Tasmania, un ave marina.
Los causantes de esta masacre son los Demonios de Tasmania (Sarcophilus harrisii), pero antes de 2012 no había demonios en la isla. Ese año el Gobierno de Tasmania introdujo 28 ejemplares del marsupial, que en 2009 se encontraba en la lista australiana de especies en peligro de extinción. El principal problema al que se enfrentaba la especie era el DFT, un tipo de tumor facial que se podía transmitir mediante mordeduras. Recluir a los animales en una isla separada del resto de Tasmania parecía una buena medida para preservar la especie. Además, Maria Island tenía una población de kanguros de Forester y wallabies de Bennet que había que mantener controlada.
Como cabía esperar, a los demonios les fue bien en Maria Island. Para 2016 el censo ya había superado los 100 ejemplares. El problema es que los depredadores no se dedicaron a controlar la población de canguros, sino a diezmar la de pingüinos azules. Su costumbre de poner sus huevos en nidos en el suelo y su pequeño tamaño los hacía presas mucho más fáciles.
En 2011, la organización conservacionista Birdlife Tasmania ya advirtió de que la introducción de los demonios en la isla, que además es una reserva protegida, podía suponer un problema para las especies de aves de la isla, pero probablemente no imaginaban hasta que punto. Un reciente estudio de Birdlife ha confirmado sus peores temores. La población de pingüinos ha sido completamente diezmada, y otras aves marinas como las pardelas están comenzando a sentir la presión.
El doctor Eric Woehler, portavoz de Birdlife Tasmania comentaba el problema en una entrevista a The Guardian: “Cada vez que se introducen mamíferos en una isla el impacto en las aves suele ser catastrófico. Perder 3.000 parejas de pingüinos de una isla que es un Parque Nacional que debería ser un refugio para estas especies es un golpe muy duro”.
Es cierto que ni los pingüinos azules ni las pardelas están en peligro directo de extinción, pero el impacto de los demonios sobre el ecosistema. “Tenemos constancia de especies que siempre han anidado en el suelo intentando anidar en árboles para evitar a los depredadores. El impacto de los demonios en la isla está siendo catastrófico.
Desde el gobierno de Tasmania un portavoz ha hecho público un comunicado en el que dice que “Todos los programas de conservación son adaptativos. El programa de conservación de la población de demonios de Tasmania evolucionará de acuerdo con los nuevos datos científicos y las prioridades o emergencias que surjan”. Todo indica que al gobierno de Tasmania se le da mejor la política que los pingüinos. [The Guardian vía IFL Science]