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Ciencia

El mayor simulador virtual del universo ya no está reservado a unos pocos laboratorios. Sus datos se han abierto al mundo y podrían cambiar cómo investigamos la materia oscura, las galaxias y la evolución del cosmos

El proyecto FLAMINGO pone a disposición de la comunidad científica más de 2,5 petabytes de simulaciones cosmológicas. Una escala inédita que permite estudiar desde la formación de galaxias hasta la estructura del universo en su conjunto.
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Durante años, simular el universo ha sido una tarea reservada a unos pocos equipos con acceso a supercomputadores capaces de manejar cantidades descomunales de información. No solo por la complejidad del problema, sino por el volumen de datos que genera. Ahora, ese escenario empieza a cambiar.

Un equipo internacional de astrofísicos ha decidido hacer algo poco habitual: abrir completamente uno de los conjuntos de simulaciones cosmológicas más grandes jamás creados. El proyecto, conocido como FLAMINGO, pone a disposición pública más de 2,5 petabytes de datos, una cifra que, para hacerse una idea, equivale a almacenar cientos de miles de películas en alta definición.

No es solo una cuestión de tamaño. Es una cuestión de acceso.

Simular el universo para entender lo que no podemos observar directamente

El mayor simulador virtual del universo ya no está reservado a unos pocos laboratorios. Sus datos se han abierto al mundo y podrían cambiar cómo investigamos la materia oscura, las galaxias y la evolución del cosmos
© Llambay / Universität Mailand – Bicocca / MPA.

Las simulaciones cosmológicas se han convertido en una herramienta fundamental para la astronomía moderna. Permiten reconstruir cómo ha evolucionado el universo desde sus primeras fluctuaciones tras el Big Bang hasta la formación de galaxias, cúmulos y estructuras a gran escala.

En esencia, funcionan como un laboratorio imposible: un entorno donde se pueden probar teorías sobre la materia oscura, la energía oscura o la expansión cósmica sin necesidad de observar directamente todos esos procesos, algo que en muchos casos es inviable.

FLAMINGO va un paso más allá porque combina dos escalas que normalmente se estudian por separado. Por un lado, modela con detalle la formación de galaxias. Por otro, abarca volúmenes enormes del universo, de miles de millones de años luz, lo que permite analizar cómo esas galaxias se organizan dentro de la red cósmica.

El reto no era solo simular, sino compartir

Generar este tipo de simulaciones ya es un desafío técnico considerable. El equipo utilizó el código SWIFT en el supercomputador COSMA8, una infraestructura a la que la mayoría de los investigadores no tiene acceso. Pero el verdadero salto está en lo que han hecho después.

En lugar de limitar el uso de estos datos a su propio equipo, han desarrollado una plataforma que permite a cualquier investigador explorar el conjunto sin tener que descargarlo completo. Esto es clave, porque manejar petabytes de información no es algo que pueda hacerse en un ordenador convencional. El sistema permite seleccionar fragmentos concretos de datos, trabajar sobre ellos y analizarlos sin enfrentarse a la escala total del proyecto.

De un recurso exclusivo a una herramienta global

El mayor simulador virtual del universo ya no está reservado a unos pocos laboratorios. Sus datos se han abierto al mundo y podrían cambiar cómo investigamos la materia oscura, las galaxias y la evolución del cosmos
© NASA / JWST.

Hasta ahora, muchos estudios en cosmología dependían de simulaciones a menor escala o de acceso restringido. Con FLAMINGO, esa barrera se reduce considerablemente.

Desde su introducción en 2023, estas simulaciones ya se han utilizado en decenas de investigaciones relacionadas con la formación de galaxias y la distribución de materia en el universo. La apertura completa del dataset amplía ese alcance de forma significativa. Más investigadores, más enfoques, más preguntas. Y, probablemente, más respuestas.

Lo que podría cambiar en la forma de hacer ciencia

El impacto de este tipo de iniciativas va más allá de un proyecto concreto. Apunta hacia una tendencia cada vez más clara: la ciencia abierta. Permitir que datos de esta escala estén disponibles para la comunidad global no solo acelera el ritmo de descubrimientos, también diversifica las perspectivas. Equipos con menos recursos, pero con nuevas ideas, pueden acceder a herramientas que antes estaban fuera de su alcance.

En un campo como la cosmología, donde muchas preguntas siguen abiertas (desde la naturaleza de la materia oscura hasta el destino del universo), ese cambio puede ser decisivo. Porque entender el universo no depende solo de observarlo. También depende de quién tiene acceso a las herramientas para interpretarlo.

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