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Ciencia

Sabíamos que la naturaleza se adapta según las necesidades de las especies, pero el alargamiento del pico del pájaro cantor durante la pandemia del COVID es realmente algo fascinante

Como no había humanos que dejaran migajas o restos de comida, los pájaros urbanos desarrollaron picos más largos. Al regresar los humanos, sus picos se acortaron otra vez
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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La pandemia tuvo un impacto notable en el medio ambiente, aunque no siempre a la misma escala. La ausencia de los humanos redujo parte de la contaminación, pero ese cambio repentino también alentó a especies invasoras a una conducta más agresiva. Luego están los casos como el de los juncos de ojos oscuros de California, que constituyen una categoría aparte.

En un trabajo publicado hace poco en  Proceedings of the National Academy of Sciences, los científicos informaron que durante la pandemia y después de ésta los juncos de ojos oscuros pasaron por dos cambios evolutivos. Específicamente, los picos de las aves cantoras se alargaron durante la pandemia, y luego volvieron a acortarse cuando se reanudaron las actividades humanas, igual que en el cuento y la película de Pinocho. En este caso no se trataba de magia o de decir la verdad, sino que se debió al vaivén de la influencia humana sobre la naturaleza.

“Nuestra idea de la evolución es que sucede lentamente porque en general así sucede. Pero resulta asombroso ver que algo evoluciona ante tus ojos, y ver los claros efectos de los humanos en los cambios de una población viva”, dijo Pamela Yeh, una de las autoras principales del trabajo, bióloga evolutiva de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA).

Más fácil es más corto

Los juncos de ojos oscuros suelen habitar los bosques de las montañas, pero en el sur de California el cambio climático ha hecho que buena parte de la población de estas aves llegara a las ciudades, donde aprendieron a comer las migajas y restos de comida humana. En comparación con sus parientes de la montaña, los picos de los juncos californianos evolucionaron y se hicieron más cortos y gruesos.

“Los animales silvestres tienen que esforzarse por conseguir su alimento. Cuando los humanos les facilitan esa parte de la vida, las partes de sus cuerpos utilizadas para rebuscar alimento se van adaptando”, explicó Yeh.

Así, cuando los juncos se establecieron en el campus de la UCLA, llamaron la atención de Yeh y sus colegas, que iniciaron un estudio a largo plazo en 2018, analizando los pájaros cantores. Lo sorprendente es que las aves poco a poco habían adoptado “la dieta del universitario promedio”, le dijo a The New York Times Ellie Diamant, la otra autora principal del trabajo y bióloga evolucionista del Bard College. La dieta incluía “cosas como galletas, pan y pizza”.

Más difícil es más largo

Luego llegó la pandemia. Las clases se hicieron online y el campus quedó casi abandonado del todo, y sin migas o restos de comida, para perjuicio de los pájaros. Cerca de 2021, a casi un año del inicio de la pandemia, Yeh y Diamant notaron un leve cambio en los juncos recién nacidos: su pico era más largo y delgado.

“Nos impactó, francamente, el ver ese cambio tan importante”, recuerda Diamant. En tan poco tiempo los juntos de ojos oscuros de California habían “evolucionado” para que sus picos fueran como los de sus contrapartes silvestres. Ese cambio probablemente les permitía tener éxito al buscar alimento, explicó Diamant.

Cuando la vida fue volviendo a la normalidad, los estudiantes, profesores y personal de la UCLA volvieron al campus. Y con el regreso de las personas, también regresó la forma que tenían antes los picos de los juncos. En 2023 y 2024, los pichones nuevos tenían picos más cortos y gruesos.

“Es evidencia notable de que estos pájaros tienen una rápida capacidad de adaptación al cambio en su entorno y disponibilidad de recursos”, señaló Graciela Gómez Nicola, bióloga de la Universidad Complutense de Madrid, que no participó del estudio, hablando con  Science Media Centre Spain

Un área gris

Ha habido otros estudios recientes sobre la forma en que la exposición a la actividad humana cambió la morfología de los animales silvestres. Sin embargo, los juncos se diferencian de otros pájaros urbanos como los gorriones y las palomas, explicaron los investigadores. Los gorriones domésticos y las palomas de las ciudades “de algún modo están preadaptados para vivir con las personas” por su dieta omnívora, su tendencia a formar bandadas y su capacidad de hacer nido en estructuras humanas.

Pero los juncos son territoriales y hacen sus nidos en el suelo, por lo que los juncos de la UCLA, aunque sea común verlos en el campus, representan un continuo misterio de la evolución, según concluyeron los investigadores.

“No creo que haya muchas historias de éxito cuando pensamos en los efectos de la conducta humana en la de los animales silvestres. Y no diría que esta es una historia de éxito, pero tampoco es de desastre y eso no es poca cosa”, dijo Yeh.

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