La conversación tecnológica de los últimos años parecía cerrada: IA generativa, centros de datos gigantescos y GPU cada vez más caras. Sin embargo, detrás del telón se mueve otra industria que piensa a décadas vista. Y allí la palabra clave no es algoritmo. Es cúbit.
Fabricar un cúbit (la unidad mínima de información cuántica) siempre fue extraordinariamente complejo. Hasta hace poco, crear uno funcional se parecía más a un trabajo artesanal de laboratorio que a una cadena industrial. Eso limitaba cualquier ambición real de escalar ordenadores cuánticos capaces de resolver problemas prácticos.
Intel rompió el molde y abrió una puerta inesperada

En 2024, Intel y QuTech lograron algo que pasó más desapercibido de lo que merecía: fabricar cúbits utilizando procesos industriales similares a los empleados hoy para producir chips convencionales.
Traducido al lenguaje cotidiano: no se trataba solo de crear cúbits, sino de hacerlo con herramientas ya conocidas por la industria. El salto es enorme. Como explicó una investigadora del proyecto, era pasar de escribir a mano a usar una impresora.
Lo importante no fue solo el gesto técnico. También el rendimiento: Intel aseguró tasas cercanas al 98% de funcionamiento correcto. En un terreno donde cada error pesa muchísimo, ese dato llamó la atención.
GlobalFoundries quiere ir más lejos sin reconstruir sus fábricas
Ahora GlobalFoundries se ha sumado al movimiento junto a Quantum Motion, una startup especializada en cúbits semiconductores. Su idea no consiste únicamente en fabricar prototipos, sino en adaptar nodos de 12 y 22 nanómetros para producir chips cuánticos sin rediseñar plantas enteras.
Ese detalle puede parecer menor, pero no lo es. Si una fábrica actual puede reutilizar parte de su infraestructura para fabricar tecnología cuántica, los costes bajan y la velocidad de adopción aumenta. Es la diferencia entre construir una ciudad nueva o reformar una ya existente.
El verdadero reto no es fabricar uno: es fabricar millones

Los ordenadores cuánticos útiles, especialmente aquellos con corrección de errores, necesitarán miles o incluso millones de cúbits trabajando de forma coordinada. Ahí está la auténtica montaña que escalar.
No basta con producir unidades aisladas. Hay que lograr estabilidad, control del espín, sincronización, reducción de ruido y tasas de error mínimas. En otras palabras: convertir una promesa científica en un producto industrial.
La IA domina el presente. Los chips cuánticos podrían dominar el futuro
Hoy las grandes fortunas tecnológicas se mueven alrededor de la IA. Pero las empresas que ya están preparando la infraestructura cuántica juegan otra partida, una más lenta y quizá mucho más decisiva.
Porque cuando una tecnología deja el laboratorio y entra en la fábrica, suele significar que el futuro acaba de cambiar de fase.