En la carrera por un transporte libre de combustibles fósiles, las apuestas tecnológicas se han ido depurando. Lo que parecía una vía prometedora —los coches de pila de hidrógeno— está perdiendo adeptos. El último en abandonar el barco es Stellantis, que ha decidido centrarse en híbridos y eléctricos a baterías, renunciando a competir en un terreno que aún atrae a fabricantes como BMW o Volvo.
El fin de una estrategia ambiciosa

Stellantis, resultado de la fusión entre Fiat, PSA y Chrysler, confirmó recientemente que interrumpirá el desarrollo de vehículos con pila de combustible de hidrógeno. El anuncio afecta a todas las divisiones implicadas, desde turismos hasta furgonetas pequeñas y grandes, como la gama Pro One que estaba prevista para este año.
La decisión se justifica por la falta de sostenibilidad económica del mercado del hidrógeno a medio plazo. Sin una red sólida de “hidrogeneras” y con costes elevados de producción y almacenamiento, la promesa de repostar tan rápido como con gasolina se ha mostrado poco realista. Incluso Toyota, con modelos pioneros como el Mirai, enfrenta problemas por la escasa infraestructura, al punto de afrontar demandas colectivas en EE.UU. por las dificultades para repostar.
Un problema de infraestructura y de tiempo

El gran talón de Aquiles del hidrógeno es su logística. Mantenerlo a temperaturas criogénicas, garantizar un suministro constante y extender estaciones de carga son retos aún sin resolver. Con apenas un millar de hidrogeneras en todo el mundo —y cierres recientes en países como Alemania por falta de uso—, el modelo de negocio se tambalea.
Mientras tanto, los vehículos eléctricos a batería, pese a sus tiempos de carga más largos, cuentan con una red en expansión y una producción que escala cada año. Para Stellantis, apostar por lo que ya funciona es una forma de asegurar competitividad y responder a la presión de un mercado dominado por fabricantes chinos que lideran tanto en manufactura como en el control de materias primas.
BMW y la visión de un plan B europeo
No todos comparten la retirada. BMW defiende que el hidrógeno puede ser clave para reducir la dependencia de China, especialmente en un contexto en el que las baterías de litio concentran gran parte del poder industrial. La marca alemana prepara un SUV de hidrógeno previsto para 2028, mientras Volvo y otros fabricantes mantienen proyectos para el transporte pesado, donde la pila de combustible aún podría tener un papel relevante.
El tiempo dirá si la decisión de Stellantis marca el principio del fin para el hidrógeno en el transporte ligero o si, como sostienen sus defensores, Europa acabará necesitando esa tercera vía tecnológica para no quedar atrapada entre la electricidad china y la nostalgia del motor de combustión.