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Ciencia

Suponíamos que, para encontrar secretos del universo, había que ir más allá de lo «cercano», pero una estructura magnética inesperada en la Vía Láctea cambia lo que creíamos saber sobre nuestra galaxia

Durante décadas se creyó que el campo magnético de la Vía Láctea era relativamente simple. Un nuevo mapeo en tres dimensiones revela todo lo contrario: más de la mitad del cielo está dominada por estructuras magnéticas complejas que los modelos clásicos no lograban explicar
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Durante mucho tiempo, el magnetismo galáctico fue uno de esos elementos invisibles que los astrónomos sabían que estaban ahí, pero solo podían describir de forma aproximada. Ahora, una investigación internacional acaba de cambiar ese panorama: el campo magnético de la Vía Láctea es mucho más intrincado de lo que se pensaba, y sus patrones desafían ideas que se daban por sentadas desde hace décadas.

El hallazgo surge a partir de DRAGONS, uno de los relevamientos de radio más avanzados realizados hasta ahora, y no solo aporta una imagen más detallada de nuestra galaxia, sino que abre nuevas preguntas sobre cómo evolucionan las estrellas, cómo se organiza la materia cósmica y qué papel juega el magnetismo en la historia del universo.

Un mapa magnético que nadie esperaba

Magnetismo Galactico
© Trevor McKinnon – Unsplash

El descubrimiento fue liderado por científicos de la Universidad de British Columbia Okanagan (UBCO), junto a investigadores de otros centros internacionales. Al analizar el cielo del hemisferio norte con técnicas de radioastronomía de banda ancha, el equipo se encontró con algo inesperado: más de la mitad del cielo muestra una estructura magnética extremadamente compleja.

Hasta ahora, los modelos describían el campo magnético galáctico como una estructura relativamente suave y ordenada, con grandes regiones homogéneas. Los nuevos datos muestran lo contrario: un entramado irregular, lleno de zonas distorsionadas, burbujas, filamentos y regiones donde el magnetismo cambia de forma abrupta.

Según los investigadores, este nivel de complejidad no había podido observarse antes simplemente porque no existía la tecnología necesaria para hacerlo.

La clave del avance está en la rotación de Faraday, un fenómeno que ocurre cuando las ondas de radio polarizadas atraviesan un medio magnetizado. Al medir cómo se distorsionan esas ondas a distintas frecuencias, los científicos pueden reconstruir la estructura del campo magnético en tres dimensiones.

El proyecto DRAGONS, tal como detalla Infobae, utilizó el telescopio de 15 metros del Dominion Radio Astrophysical Observatory, diseñado originalmente como prototipo del futuro Square Kilometre Array (SKA). Gracias a su capacidad para observar un rango amplio de frecuencias, el equipo logró algo que durante décadas fue solo una hipótesis teórica planteada en 1966: mapear el magnetismo galáctico con profundidad real.

“Por primera vez podemos observar la emisión polarizada desde el interior de la propia galaxia y comprobar que el campo magnético es mucho más estructurado de lo que creíamos”, explicaron los responsables del estudio.

Por qué este hallazgo es tan importante

Supernova
© NASA Hubble Space Telescope – Unsplash

El campo magnético de una galaxia no es un detalle menor. Influye directamente en procesos clave como la formación de nuevas estrellas, la propagación de partículas cósmicas, la dinámica del gas interestelar y la evolución a largo plazo de las galaxias.

Los datos revelaron enormes regiones llamadas “complejos de Faraday”, zonas donde el magnetismo presenta patrones caóticos y superpuestos. Estas áreas dominan gran parte del cielo observado y sugieren que el magnetismo juega un papel mucho más activo y dinámico en la evolución galáctica de lo que se pensaba.

Además, el nuevo mapa ya está siendo utilizado para estudiar fenómenos específicos, como una posible inversión a gran escala del campo magnético de la Vía Láctea, un comportamiento que podría cambiar la forma en que se interpretan observaciones anteriores.

Más allá del hallazgo puntual, los científicos destacan que DRAGONS forma parte de una nueva generación de sondeos astronómicos. Su impacto no se limita a describir cómo es la Vía Láctea hoy, sino a ofrecer herramientas para entender cómo llegó a ser así.

Este tipo de mapas servirá como base para futuras misiones y para telescopios aún más potentes, como el propio SKA, que buscarán responder una de las grandes preguntas de la cosmología moderna: cómo interactúan el magnetismo, la materia y la energía en la construcción del universo.

Lo que antes era una idea teórica difícil de comprobar, hoy se convierte en una imagen concreta. Y esa imagen muestra que nuestra galaxia es mucho más compleja —y fascinante— de lo que imaginábamos.

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