En 1977 se descubrió el sitio de Monte Verde II y revolucionó lo que se conocía de la presencia humana en la primitiva América del Sur. Fue tan grande el revuelo que no todos creyeron en la idea. Ahora, un nuevo trabajo de investigación ofrece la evidencia más sólida hasta hoy de que esos escépticos tenían razón respecto de Monte Verde.
La línea de tiempo se publicó hoy en Science e indica que los artefactos humanos hallados en el sitio arqueológico de Monte Verde no pueden tener más de 4.200 a 8.600 años de antigüedad. Es mucho menos de lo que se pensaba, ya que se creía que ese asentamiento tenía al menos 14.500 años allí. Lo impactante es que este trabajo reciente es la primera investigación independiente de Monte Verde en 50 años. Y si los resultados son válidos, cambiaría por completo lo que conocemos de los primeros humanos en las Américas.
“Siempre hubo quienes dudaban de Monte Verde”, le dijo a Gizmodo en una videollamada Todd Surovell, principal autor del trabajo y arqueólogo de la Universidad de Wyoming. “Muchos expertos [en el estudio de los primeros americanos] han sentido siempre que esa historia no encaja, que no se puede reescribir la historia humana con algo que desentona tanto”.
Por supuesto, no todos están convencidos, incluyendo a Tom D. Dillehay, quien encabezó las investigaciones originales.
En un e-mail a Gizmodo, Dillehay dice: “Crearon una linda historia. Vieron lo que querían ver y llegaron al sitio con conclusiones ya predeterminadas”.
Misterios sin resolver

Una de las preguntas que todavía no ha podido responder la arqueología es cuándo ingresaron los humanos a las Américas. En general, los investigadores creen que los primeros humanos cruzaron el Estrecho de Bering, un pasaje natural que comunicaba Asia con Alaska, cerca del final de la última gran era de hielo.
Otro de los misterios tiene que ver con cómo y cuándo llegaron hacia el sur estos primeros humanos. Durante mucho tiempo se creyó que los primeros humanos de las Américas eran los de la cultura Clovis, así llamados por sus características puntas de lanza. Esas puntas se hallaron en primer lugar en lo que hoy es Nueva México y luego en otras regiones de Norteamérica, y se cree que tienen entre 13.100 y 12.700 años de antigüedad. Esa “barrera Clovis” se mantuvo hasta que se encontró Monte Verde.
Un descubrimiento revolucionario
Las primeras excavaciones en Monte Verde —encabezadas por Dillehay— comenzaron en 1977. Dos décadas después un equipo de arqueólogos evaluó la datación y estratigrafía de los artefactos y como resultado afirmaron que estos artefactos aparentemente fabricados por humanos tenían 14.500 años de antigüedad.
“Tal como era de esperar ante una afirmación tan extraordinaria, se tardó años en aceptar la datación, la integridad del sitio e incluso la identificación de los artefactos”, dijo J. David Kilby, arqueólogo de la Universidad Estatal de Texas.
El arqueólogo Ben Potter de la Universidad de Alaska, Fairbanks, afirmó: “Fue un descubrimiento que cambió los paradigmas porque desde entonces se han representado los asentamientos como anteclovianos, con grandes variaciones en la calidad de los datos – muchas veces poco sólidos – aunque en ocasiones se los ignora por la supuesta solidez del registro de Monte Verde”.
Tanto Kilby como Potter, ninguno de ellos parte de este nuevo estudio, le dijeron a Gizmodo que la aceptación de Monte Verde complicó muchas cosas en cuanto a la comprensión de los primeros americanos, al tiempo de darle gran credibilidad a otras ideas que se aventuraban.
Por ejemplo, con Monte Verde resurgió la teoría de la migración costera que afirma que los primeros humanos llegaron al continente por un océano Pacífico congelado porque las rutas terrestres estaban cubiertas de hielo. Sin embargo, esa teoría era “marginal”, dijo Surovell, porque dependía de “dos mecanismos mágicos” en los que los humanos habían recorrido distancias sobre plataformas de hielo con su tecnología arcaica y sin dejar evidencia de su paso hacia el sur.
Los que niegan

En 2022, Surovell y su coautor Claudio Latorre, paleoecólogo de la Universidad Pontificia Católica de Chile, caminaban por el sitio de Monte Verde cuando Latorre señaló hacia unos pedregullos y arena de color anaranjado brillante que parecían haberse formado bajo las selvas templadas mucho después de la Era de Hielo.
“Me dijo: ‘esa materia orgánica está re-depositada, de modo que ¿podría ser si todas esas fechas de la Era de Hielo que dieron los investigadores de Monte Verde no son más que antigua materia orgánica proveniente de depósitos más antiguos?’”, recuerda Surovell.
El propio Surovell tuvo sus dudas inicialmente, pero el estudio “dio un giro” cuando encontraron cantidad de materia orgánica re-depositada en el terreno. En los tres años posteriores el equipo recogió y analizó varias muestras del sitio, que dataron con radiocarbono y luminiscencia. Así, obtuvieron indicios de la edad química y de la última vez que cada muestra había estado expuesta a la luz del sol.
Pero el último “clavo en el ataúd”, como lo afirma Surovell, fue la tefra – cenizas volcánicas – de unos 11.000 años de antigüedad que había por debajo de los componentes arqueológicos de Monte Verde. Como evidencia geoquímica, la ceniza volcánica es extremadamente singular, por lo que casi no se puede poner en disputa el dónde y el cuándo se asentó la ceniza.
Cuando los investigadores dataron los depósitos que rodeaban los elementos arqueológicos de Monte Verde, hallaron tal como lo esperaban que las muestras no podían tener más de unos 8.000 años de antigüedad. La evidencia ubicaba el asentamiento “más o menos en el Holoceno Medio”, hace unos 4.200 a 8.600 años, según dijo Surovell. Es una ventana de tiempo amplia, pero demuestra que el sitio no puede tener más de 11.000 años de antigüedad.
En la arqueología “siempre hay una diferencia entre lo que intento fechar, el evento que intento fechar y el evento que estoy fechando en realidad”, dijo Surovell. Por eso los investigadores originales tal vez “lamentablemente” fecharon madera re-depositada – que abunda en el lugar – que tenía 6.000 años más que el asentamiento humano que hubo en Monte Verde.
Se alegran los investigadores…

Kilby, Potter y Luciano Prates, arqueólogo de la Universidad Nacional de La Plata en Argentina, le dijeron a Gizmodo que los hallazgos de este estudio son convincentes.
“Sin lugar a dudas es el trabajo más importante sobre este tema en las últimas décadas”, afirmó Prates, que no participó del nuevo trabajo.
“Mi primera impresión fue de asombro”, dijo Kilby. “El argumento se basa firmemente en la ley de la superposición y la ley de las relaciones de cruce, que conforman el fundamento de la explicación geológica, en tanto que la tefra es uno de los marcadores crono-estratigráficos más confiables que se puedan utilizar”.
Potter añadió que la nueva línea de tiempo tiene mucho más sentido si se consideran los patrones generales de la primera presencia humana en las Américas. Por ejemplo, hay patrones claros y relativamente continuos de la migración de humanos de Groenlandia a Alaska, de los Bantúes de África o los Inuit que cruzaron el Ártico.
“Es un fenómeno humano bien conocido”, dijo Potter. “El hecho de que se descubriera este sitio hace más de 50 años y que se hayan llevado a cabo tantos análisis desde entonces nos hace preguntar dónde están los otros Monte Verdes, y en realidad no los hay. Por eso es una anomalía, una luz roja que nos avisa algo desde el principio”.
… pero no todos
En declaraciones a Gizmodo, Dillehay presentó algunas objeciones al nuevo trabajo. Afirma que el equipo de Surovell trabajó en torno al sitio arqueológico y no dentro de éste. Dillehay argumentó que los investigadores “no mencionaron” muestras que no podrían haber sido transportadas por depósitos arrastrados por el agua, como “piedra con patrones, huesos y otras herramientas, trozos de cuero y carne animal, numerosas piedras exóticas y plantas comestibles, restos de fogatas y huellas humanas”.
Dillehey dijo que los datos conforman una colección “bastante desintegrada” de “inventos e interpretaciones erradas” que en principio quedan abiertas a la interpretación. Dillehay y sus colegas ahora preparan “una respuesta científica detallada que responderá sistemáticamente a los errores metodológicos, empíricos y contextuales que tiene el estudio”.
Hay más desde la arqueología
Los hallazgos seguramente darán lugar a un debate caliente en la comunidad arqueológica. Dicho esto, Potter anticipa que el nuevo trabajo “creará espacio para que se pongan más hipótesis sobre la mesa”, en que los investigadores podrán explorar distintas explicaciones para un sitio como Monte Verde, que ha evadido el escrutinio independiente en las últimas cinco décadas.
“Más allá de cuál sea la interpretación correcta de Monte Verde, esta reinvestigación con sus idas y vueltas muestra cómo es el sano progreso científico”, añadió Kilby. “Nuestras interpretaciones y conclusiones siempre serán provisorias porque siempre hay trabajos en construcción que ameritan investigación adicional”.
“Aquí la gran lección es que los arqueólogos necesitan alentar y permitir y dar inicio a esta cultura de la réplica independiente”, dijo Surovell. “Y digo, de paso, que me encantaría que alguien intente replicar lo que hicimos en Monte Verde. Los animo a hacerlo. Y si encuentran que nos equivocamos, está bien. Si encuentran que estábamos en lo correcto, también está bien. No importa en realidad, ¿verdad? Lo que sí importa es que podamos hacer este trabajo”.