Muse puede navegar por internet, comprar productos y reservar servicios en nombre del usuario. Su rápido crecimiento plantea una pregunta incómoda: qué ocurre cuando las webs simplemente deciden no dejar entrar a la IA.
RangerBot nació para identificar y eliminar estrellas corona de espinas entre los corales. Poco después, sus creadores transformaron la misma tecnología en un sistema capaz de repartir millones de larvas para reconstruir arrecifes dañados.
Un tercio de la potencia eléctrica instalada en Chile ya es solar. El reto ahora es no desperdiciarla: en 2026 el país ya perdió 2.680 GWh de energía limpia
Gates advirtió que si nadie hace nada la IA podría “impulsar eventos que causen mil millones de muertos”.
Durante años vendieron cercanía, éxito y una vida deseable. Ahora, el rechazo crece mientras los números revelan el costo oculto detrás de esa promesa digital.
Starship alcanzó por primera vez una órbita terrestre y desplegó 26 satélites Starlink. El vuelo debía durar diez horas, pero una avería obligó a SpaceX a cambiar los planes cuando la nave ya estaba en el espacio.
Mientras el cambio climático ya provoca impactos medibles en todo el planeta, algunos especialistas advierten sobre riesgos futuros asociados a sistemas de inteligencia artificial cada vez más capaces. Al mismo tiempo, el crecimiento de la IA aumenta la demanda energética de los centros de datos.
Project Suncatcher enviará por primera vez TPUs de Google a órbita para comprobar si soportan radiación, vibraciones y calor. Es un ensayo pequeño, pero detrás hay una idea enorme: construir infraestructura de IA en el espacio.
Un SR-71 Blackbird lleva meses fuera de su ubicación habitual en una base de la NASA. La agencia evita explicar qué ocurrió mientras vuelve a hablar de aviones capaces de volar más alto y más rápido.
Restaurar una película histórica implica reparar soportes físicos, digitalizar fotogramas y corregir daños sin eliminar elementos originales como el grano, el color o determinadas características ópticas.
DirectHop utiliza un pequeño motor y tres patas plegables para controlar la altura de cada salto y volver a ponerse en posición después de aterrizar. Sus creadores imaginan enjambres de estos microrrobots explorando cultivos, instalaciones industriales e incluso otros mundos.
Un estudio de Penn State revela que los modelos de inteligencia artificial ponderan de manera diferente factores humanos cuando deben resolver dilemas éticos y, además, muestran mucha menos indecisión incluso cuando no existe una respuesta claramente correcta.
Tesla está acelerando la fabricación de Optimus hasta varios cientos de unidades por semana y quiere superar las 1.000 antes de acabar 2026. El desafío ahora es conseguir que todas sepan qué hacer sin entrenarlas durante días.
Investigadores de ETH Zúrich enseñaron a una mano robótica a utilizar sus propios dedos como piernas, desplazarse sin cables, recuperarse de caídas e interactuar con objetos.
Un equipo de investigadores consiguió generar electricidad con células solares de perovskita sumergidas en el mar de China Meridional. Las pruebas indican que podrían funcionar durante años y alimentar sensores, cámaras y otros dispositivos submarinos sin depender únicamente de baterías.
China llena de centros de datos una región de Mongolia Interior famosa por sus cultivos. La clave: viento, sol, tierra barata y un clima frío
Los dos grandes laboratorios están revisando comportamientos en los que sus modelos saltaron controles, intentaron escapar de entornos aislados o accedieron a sistemas externos. Algunos acabaron en incidentes reales; muchos otros ocurrieron durante pruebas diseñadas precisamente para llevarlos al límite.
Al principio se habló solo de nombres y correos. Ahora se sabe que también habría DNI, direcciones y el historial de viajes de millones de pasajeros
Los agentes de IA ya pueden recorrer repositorios, modificar archivos, ejecutar pruebas y preparar cambios completos. El código no desaparece, pero el valor humano empieza a desplazarse hacia decidir, verificar y corregir.
Los espejos siguen al sol y calientan el núcleo de arcilla para que no se congele. Así, los obreros ganan hasta tres horas de trabajo en pleno invierno