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Tecnología

Dos mineros acaban de hacer algo poco habitual en Bitcoin y no tiene que ver con el dinero. Han decidido por sí mismos qué transacciones incluir en sus bloques

Dos bloques consecutivos de Bitcoin fueron minados por participantes del pool OCEAN usando el protocolo DATUM, que permite construir bloques de forma independiente. El movimiento apunta a reducir el control que ejercen los grandes pools sobre qué transacciones se confirman en la red.
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Bitcoin suele explicarse como un sistema descentralizado donde nadie tiene el control. Sin embargo, esa idea se vuelve más compleja cuando se observan los mecanismos internos que sostienen la red. Uno de los más importantes (y menos visibles) es la construcción de bloques, es decir, quién decide qué transacciones se confirman y en qué orden. Durante años, esa función ha estado concentrada en los pools de minería. Ahora, un pequeño cambio empieza a cuestionar ese modelo.

La parte invisible de la minería: decidir qué entra en un bloque

Cuando se habla de minería en Bitcoin, la atención suele centrarse en el poder de cómputo o en la recompensa económica, pero hay una capa menos evidente que resulta igual de crítica: la selección y organización de las transacciones dentro de cada bloque. Cada bloque no es solo un contenedor de datos, sino una decisión concreta sobre qué operaciones se validan en ese momento y cuáles quedan en espera. Esa decisión tiene implicaciones directas sobre la eficiencia, el coste y, en casos extremos, la neutralidad de la red.

En el modelo dominante, los mineros individuales no toman esa decisión. En lugar de ello, trabajan dentro de pools que generan una plantilla de bloque ya definida, en la que se establece el conjunto de transacciones y su orden. Los participantes simplemente aportan su capacidad de cálculo para resolver el problema criptográfico, delegando en el pool la parte más estratégica del proceso.

Por qué los pools concentran más poder del que parece

Dos mineros acaban de hacer algo poco habitual en Bitcoin y no tiene que ver con el dinero. Han decidido por sí mismos qué transacciones incluir en sus bloques
© Shutterstock / NiseriN.

Este sistema tiene ventajas evidentes desde el punto de vista económico, ya que reduce la variabilidad de ingresos y permite a los mineros obtener recompensas más estables. Sin embargo, también implica una concentración de poder en un punto muy concreto: la construcción del bloque. En la práctica, un pequeño número de pools decide qué transacciones se incluyen en una parte significativa de la red.

Los datos actuales reflejan esta concentración con bastante claridad. Pools como Foundry USA, Antpool o F2Pool controlan en conjunto más del 60% del hashrate global. Aunque este nivel de concentración no equivale automáticamente a una amenaza directa, sí implica que una porción relevante del flujo de transacciones depende de decisiones tomadas por unas pocas entidades.

El giro que propone DATUM: separar decisión y recompensa

El protocolo DATUM, impulsado por el pool OCEAN, introduce una modificación que altera ese equilibrio sin romper la lógica económica de los pools. En lugar de proporcionar una plantilla cerrada, el sistema permite que cada minero construya su propio bloque, seleccionando las transacciones según su propio criterio. El pool sigue existiendo como mecanismo de reparto de recompensas, pero deja de ser el punto central de decisión.

Este cambio es significativo porque introduce una separación entre dos funciones que hasta ahora estaban unidas: la distribución de ingresos y el control sobre el contenido de los bloques. Al permitir que los mineros conserven esa capacidad de decisión, se reduce la dependencia estructural de las plantillas generadas por el pool.

Dos bloques consecutivos que ilustran el cambio

Dos mineros acaban de hacer algo poco habitual en Bitcoin y no tiene que ver con el dinero. Han decidido por sí mismos qué transacciones incluir en sus bloques
© mempool.space.

El 11 de abril, los bloques 944643 y 944644 fueron minados consecutivamente por dos participantes distintos del pool OCEAN utilizando este enfoque descentralizado. Identificados como “ZettaPow” y “Data Factory”, ambos mineros construyeron sus propios bloques antes de compartir la recompensa con el resto del pool. A nivel técnico, esto significa que las decisiones sobre qué transacciones incluir no provinieron de una única entidad, sino de dos actores independientes.

Este hecho puede parecer anecdótico, pero tiene una carga simbólica importante. En un entorno donde lo habitual es que los bloques reflejen la lógica de un pool concreto, ver dos bloques consecutivos construidos de forma independiente acerca el funcionamiento de la red a su ideal original, donde cada minero actúa como una unidad autónoma.

Entre el riesgo teórico y la realidad operativa

La discusión sobre la concentración en Bitcoin suele girar en torno al llamado ataque del 51%, un escenario en el que un actor con suficiente poder de cómputo podría reorganizar bloques o censurar transacciones. Aunque técnicamente posible, este tipo de ataque es poco probable debido a los incentivos económicos que lo desincentivan. Sin embargo, centrarse únicamente en ese riesgo puede ocultar un fenómeno más cotidiano: la capacidad de influir en la selección de transacciones sin necesidad de controlar toda la red.

El modelo tradicional de pools no implica necesariamente censura activa, pero sí establece un punto de control donde esa posibilidad existe. DATUM no elimina ese riesgo por completo, pero lo distribuye, haciendo que la decisión se reparta entre más participantes y reduciendo la dependencia de una única fuente.

Un ajuste pequeño con implicaciones estructurales

Dos mineros acaban de hacer algo poco habitual en Bitcoin y no tiene que ver con el dinero. Han decidido por sí mismos qué transacciones incluir en sus bloques
© mempool.space.

Desde su lanzamiento en 2024, el protocolo ya ha sido utilizado para procesar cientos de bloques dentro del ecosistema de OCEAN, lo que indica que no se trata de una prueba aislada, sino de una implementación funcional. Aun así, su adopción sigue siendo limitada frente al modelo dominante, lo que sugiere que el cambio será gradual si llega a consolidarse.

Lo interesante es que no propone una ruptura radical, sino una adaptación dentro del propio sistema. Mantiene los incentivos económicos que han hecho viables los pools, pero introduce una alternativa para redistribuir el control sobre una de las decisiones más críticas de la red.

Descentralización como proceso, no como estado

Este episodio pone de relieve una idea que a menudo se pasa por alto: la descentralización en Bitcoin no es un estado fijo, sino un proceso en constante ajuste. Aunque la red fue diseñada para distribuir el poder, la dinámica económica tiende a concentrarlo en ciertos puntos. Lo que hacen propuestas como DATUM es introducir mecanismos que compensan esa tendencia sin alterar el funcionamiento general del sistema.

En ese sentido, el hecho de que dos mineros hayan construido sus propios bloques no cambia Bitcoin de un día para otro. Pero sí muestra que incluso en un sistema maduro, todavía hay margen para redefinir cómo se toman las decisiones. Y en una red donde la confianza se basa precisamente en la ausencia de control central, ese tipo de ajustes puede ser más relevante de lo que parece.

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