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Ciencia

Tenía seis meses, pero su cuerpo era el de un niño de más de un año: lo que revela un bebé neandertal de 50.000 años

Fue enterrado en una cueva de Israel con una mandíbula de ciervo sobre sus restos. Sus huesos muestran que los neandertales crecían a un ritmo asombroso
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Hace más de 50.000 años, en una cueva del norte de lo que hoy es Israel, un grupo de neandertales depositó con cuidado el cuerpo de un bebé en un nicho de la pared rocosa. Sobre sus restos colocaron la mandíbula de un ciervo. Decenas de miles de años después, ese pequeño esqueleto se convirtió en una de las piezas más valiosas para entender cómo crecían nuestros parientes más cercanos. Y la respuesta sorprendió: lo hacían mucho más rápido que nosotros.

El estudio se publicó en la revista Current Biology y fue liderado por la antropóloga Ella Been, del Ono Academic College de Israel, junto con investigadores como Erella Hovers, Yoel Rak, Adeline Le Cabec, Christopher Dean y Alon Barash.

Amud 7, un bebé excepcional

El esqueleto, conocido como Amud 7, proviene de la cueva de Amud, en el norte de Israel, y tiene entre 51.000 y 56.000 años. Se conservan más de 100 fragmentos de hueso del cráneo, los brazos, las piernas y el torso, lo que lo convierte en el esqueleto neandertal más completo conocido de un bebé de su edad.

La forma en que fue enterrado, en un nicho y con la mandíbula de un ciervo rojo sobre el cuerpo, suele interpretarse como una señal de comportamiento funerario: un indicio de que los neandertales cuidaban a sus muertos, incluso a los más pequeños.

Dientes de seis meses, cuerpo de más de un año

Para calcular su edad, los investigadores analizaron sus dientes al microscopio. Los dientes registran el crecimiento en líneas diarias, parecidas a los anillos de un árbol, lo que permite estimar con precisión cuánto tiempo vivió un niño. El resultado indicó que Amud 7 tenía entre 5,5 y 6 meses cuando murió.

Pero el resto del esqueleto contaba otra historia. Con ayuda de microtomografías y reconstrucciones en 3D, el equipo determinó que su cuerpo medía entre 70 y 79 centímetros, un tamaño equivalente al de un bebé humano actual de entre 12 y 14 meses. Es decir, su tamaño corporal correspondía a más del doble de su edad real. Su cerebro, con un volumen de unos 879 centímetros cúbicos, también estaba más desarrollado de lo esperable para su edad.

Un crecimiento que exigía mucha energía

Según los autores, un desarrollo tan rápido del cuerpo y del cerebro al mismo tiempo debía requerir un enorme consumo de energía. Eso tendría consecuencias en la alimentación de los bebés, que probablemente empezaban a recibir alimentos sólidos además de la leche materna hacia los cinco o seis meses, y también en la forma en que el grupo organizaba el cuidado infantil.

Los investigadores creen que este patrón pudo estar relacionado con la adaptación a climas fríos y a una dieta exigente. Otros restos infantiles de neandertales, como los de Dederiyeh, en Siria, y Roc de Marsal, en Francia, muestran señales de un crecimiento acelerado similar.

Una infancia distinta desde el principio

Los humanos modernos tenemos una infancia excepcionalmente larga y lenta, que permite un largo periodo de aprendizaje. El estudio sugiere que los neandertales seguían un camino diferente desde los primeros meses de vida.

Los autores advierten que la muestra es muy pequeña y que el esqueleto no permite saber si estos bebés caminaban o hablaban antes. Además, otros fósiles, como los niños de El Sidrón, en España, sugieren que las diferencias podían reducirse en edades más avanzadas. Aun así, Amud 7 ofrece una ventana única a una etapa de la vida neandertal de la que casi no quedan rastros.

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