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Ciencia

Durante décadas, la ciencia explicó la forma de la pelvis humana como un compromiso entre parir y caminar: la pelvis de una neandertal murciana demuestra que la verdadera tensión era otra

Se llama Paloma, y es la pelvis femenina neandertal más completa jamás hallada en el mundo. Durante años, su esqueleto durmió dentro de una cueva de Murcia. Ahora, reconstruida virtualmente y comparada con otro fósil neandertal de Siria, acaba de poner en jaque una de las explicaciones más repetidas de la evolución humana: la idea de que nuestra pelvis tiene la forma que tiene por un conflicto entre parir bebés de cabeza grande y caminar en dos piernas
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Un equipo liderado por Christoph Zollikofer y Marcia S. Ponce de León, ambos de la Universidad de Zúrich, publicó un estudio sobre la pelvis de Paloma, hallada en la Sima de las Palomas del Cabezo Gordo, en Torre Pacheco, Murcia, yacimiento dirigido desde 1992 por el profesor emérito Michael John Walker, de la Universidad de Murcia. La investigación se publicó el 17 de agosto de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), bajo el título Insights into Neanderthal development, childbirth, and locomotion from the Palomas and Dederiyeh pelves.

Paloma es, hasta la fecha, la única pelvis completa que existe de una mujer neandertal en todo el registro fósil. Para reforzar sus conclusiones, el equipo la comparó con la pelvis de un neandertal infantil de 1,5 años proveniente de la Cueva de Dederiyeh, en Siria, reconstruyendo virtualmente ambos especímenes para analizarlos con un detalle inédito hasta ahora.

El dilema obstétrico, una explicación con casi un siglo de vigencia

Durante décadas, la hipótesis del dilema obstétrico funcionó como la explicación estándar para la forma de la pelvis en los homínidos: planteaba que se trataba de un compromiso evolutivo entre la necesidad de dar a luz bebés con cerebros grandes y la de caminar de manera eficiente sobre dos piernas. Cuanto más ancha la pelvis para facilitar el parto, según esa teoría, menos eficiente resultaría la marcha bípeda.

El nuevo estudio pone en duda esa idea. Al reconstruir y analizar virtualmente las dos pelvis neandertales casi completas, el equipo encontró que las regiones internas de la pelvis, relevantes para el parto, resultan notablemente similares entre neandertales y humanos modernos, mientras que las diferencias reales aparecen en las partes externas, vinculadas a la locomoción. Eso sugiere que la eficiencia al caminar no fue la restricción principal que limitó el tamaño del canal del parto en ninguna de las dos especies.

El verdadero conflicto: parir sin perder estabilidad

Según los propios investigadores, el dilema evolutivo no estaría entre el parto y el bipedismo, sino entre el parto y la estabilidad del suelo pélvico. Esa distinción cambia por completo el marco de análisis: en lugar de imaginar una pelvis tironeada entre dos formas de moverse, la nueva hipótesis plantea una pelvis tironeada entre dar a luz con seguridad y sostener la estructura del tronco sin comprometer su funcionamiento.

La reconstrucción del niño neandertal de Dederiyeh, de apenas 1,5 años, mostró caderas pronunciadas y una pelvis más ancha, rasgos característicos de la especie que ya estaban presentes antes de que el niño empezara a caminar, lo que indica que esas diferencias anatómicas se desarrollaban tempranamente, no como una adaptación posterior a la marcha.

Correr distancias largas nunca fue la prioridad neandertal

Cazador Neandertal
© Gorodenkoff – Shutterstock

El análisis sugiere que la anatomía pélvica neandertal priorizaba la estabilidad del tronco y una pisada enérgica, por sobre la capacidad de correr largas distancias que sí caracteriza a los humanos modernos. Pese a esas diferencias de forma entre ambas especies, el estudio encontró patrones de dimorfismo sexual similares entre neandertales y humanos actuales, lo que indica que el desafío de dar a luz bebés de cabeza grande sin perder estabilidad pélvica fue una tensión evolutiva constante durante cientos de miles de años, compartida por ambos linajes.

Otro mito que cae: la pelvis neandertal no era una adaptación al frío

El estudio también desafía la hipótesis tradicional de la adaptación al frío de los neandertales, que sostenía que la forma de su pelvis respondía en parte a la necesidad de conservar calor corporal en climas glaciales. Los nuevos análisis muestran que la relación entre superficie y volumen de la pelvis de Paloma se ubica dentro del rango de variación normal de los humanos modernos, sin evidencia de una adaptación térmica especial.

Un modelo más complejo que el clásico parto contra bipedismo

En conjunto, la investigación desplaza la comprensión de la evolución de la pelvis humana desde el relato tradicional, centrado en el enfrentamiento entre parto y bipedismo, hacia un modelo multifactorial más complejo, donde la estabilidad corporal, la locomoción y la maternidad actúan como fuerzas en competencia simultánea sobre la forma del cuerpo. Según los propios autores, este enfoque más amplio sugiere que tanto neandertales como humanos antiguos estaban mucho mejor adaptados a sus propios estilos de vida de lo que se había asumido hasta ahora.

La Sima de las Palomas, un yacimiento de referencia del Paleolítico Medio, aportó hasta ahora los huesos y dientes de al menos trece individuos neandertales, procedentes de niveles estratigráficos de entre 130.000 y 50.000 años de antigüedad, junto con herramientas de sílex musterienses y restos de fauna asociada, entre los cuales destacan los esqueletos casi completos de un niño y dos adultos, uno de ellos la propia Paloma.

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