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Ciencia

El tiempo en Marte avanza más rápido que en la Tierra. Y el desfase podría convertirse en un quebradero de cabeza para futuras misiones

Según cálculos del NIST, un reloj en Marte adelantaría cientos de microsegundos al día, y esa diferencia ni siquiera es estable: la órbita excéntrica del planeta puede deformarla casi al doble. Lo que parece un detalle técnico es, en realidad, un desafío crítico para cualquier intento de navegación o sincronización interplanetaria.
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Una de las grandes verdades que han sido incómodas de la exploración espacial es que, en cuanto sales de la Tierra, empiezan a fallar todas las intuiciones que damos por garantizadas. Una de ellas —quizá la más insidiosa— es la idea de que el tiempo avanza igual en cualquier parte del universo. Un segundo es un segundo, ¿no? Pues no.

Y una nueva investigación del NIST acaba de demostrarlo con una precisión que, por primera vez, permite saber exactamente cuánto se desincronizaría el tiempo marciano respecto al terrestre.

El estudio, publicado en The Astronomical Journal, revela que un reloj atómico situado sobre la superficie de Marte adelantaría 477 microsegundos al día respecto a uno en nuestro planeta. Es un desfase minúsculo para cualquiera que mida su jornada por reuniones, cafés y alarmas matutinas; pero un auténtico desastre si intentas navegar, sincronizar comunicaciones o coordinar vehículos en dos mundos distintos.

Lo inquietante es que este número ni siquiera es estable.

Marte no sólo acelera el tiempo: también lo distorsiona

El equipo del NIST descubrió que la cifra de 477 microsegundos no es fija. Las variaciones en la órbita marciana —mucho más excéntrica que la terrestre— pueden alterar el desfase hasta en 226 microsegundos adicionales cada día. No es un error de cálculo: es la consecuencia natural de un sistema gobernado por la relatividad general.

“Estamos tratando con cuatro cuerpos a la vez: el Sol, la Tierra, la Luna y Marte”, explicó el investigador Bijunath Patla. Lo llamó un problema de cuatro cuerpos, una forma elegante de decir: un rompecabezas dinámico, cambiante y prácticamente imposible de simplificar sin perder precisión.

El resultado es un planeta donde el tiempo no sólo corre más rápido, sino que lo hace con pequeñas aceleraciones y desaceleraciones según su posición orbital. Para una futura red de navegación marciana —el equivalente al GPS terrestre— esto es un problema mayúsculo.

Un desfase pequeño que se convierte en gigante con el paso de los años

El tiempo en Marte avanza más rápido que en la Tierra. Y el desfase podría convertirse en un quebradero de cabeza para futuras misiones
© NASA/JPL/MSSS.

Aquí es donde la intuición vuelve a fallar. Porque 477 microsegundos no son nada… hasta que empiezas a sumar. Según los cálculos, una persona que viviera cincuenta años en Marte regresaría a la Tierra con unos nueve segundos de adelanto respecto a alguien que no se hubiera movido de aquí. Es una cifra simbólica, sí, pero muestra con claridad brutal cómo la gravedad, la velocidad orbital y la posición en el sistema solar influyen en el discurrir del tiempo.

Lo que hoy medimos en microsegundos, mañana pondría patas arriba cualquier intento de sincronizar satélites, drones, rovers o sistemas de comunicación entre dos mundos separados por millones de kilómetros.

La relatividad general vuelve a recordarnos que no manda el sentido común

Al final, todo se reduce a Einstein. A mayor gravedad, más lento pasa el tiempo. A mayor velocidad orbital, también cambia el ritmo. Marte, con su gravedad cinco veces más débil y su órbita distinta, tiene simplemente su propio pulso temporal.

Para obtener estas cifras, los investigadores definieron un punto de referencia en la superficie marciana equivalente al “nivel del mar” terrestre. A partir de ahí integraron datos sobre la gravedad local, la velocidad de revolución, la excentricidad orbital y las perturbaciones de cuerpos cercanos. El resultado es el modelo más preciso que hemos tenido nunca del tiempo marciano.

Y si algo dejó claro el físico Neil Ashby es que conviene empezar a tomarse este tipo de detalles muy en serio.

Un aviso para la futura infraestructura interplanetaria

Ashby lo expresó con gran delicadeza: si tecnologías terrestres como las redes 5G exigen precisiones de menos de una décima de microsegundo, imaginar un sistema de navegación en Marte sin tener en cuenta sus peculiaridades temporales sería una locura. “Puede que pasen décadas antes de que la superficie marciana esté cubierta por las huellas de vehículos exploradores”, dijo, “pero es útil estudiar desde ahora los retos”.

Porque no se trata sólo de saber qué hora es en Marte. Se trata de que dos mundos puedan trabajar juntos sin perderse la pista en el proceso. El estudio es, en ese sentido, una primera piedra. Una declaración de que si queremos explorar Marte de verdad —con astronautas, bases, redes de satélites o, algún día, colonias estables— necesitaremos entender no sólo su geología o su clima, sino su tiempo. Su propio y peculiar flujo temporal.

Y como concluyó Patla: “Nadie lo conocía hasta ahora. Es bueno saber, por fin, qué ocurre en Marte desde el punto de vista temporal». Lo sorprendente, quizá, es que ahora no podemos dejar de preguntarnos qué otros planetas esconden relojes que tampoco laten como los nuestros.

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