El famoso “maletín”. Wikimedia Commons

Donald Trump contestó con bravuconería a Kim Jong-un. Si el líder norcoreano tiene un botón nuclear en su escritorio, él tiene uno más grande y poderoso. Sin embargo, esto es mentira. Ni Trump ni ningún otro presidente de Estados Unidos ha contado con algo así. En cambio, tienen un maletín negro.

Oficialmente conocido como el “maletín de emergencia del presidente”, el llamado “nuclear football” (por aquello de ser portable y llevado a mano) está construido alrededor de un robusto armazón de aluminio, revestido de cuero negro. Existe un maletín ya retirado, obviamente vaciado de sus contenidos internos de alto secreto, que se encuentra actualmente en exhibición en el Museo Nacional Smithsonian.

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Para que no existan dudas, contrariamente a la creencia popular, el maletín en realidad no contiene un gran botón rojo para lanzar una guerra nuclear. Su propósito principal es confirmar la identidad del presidente, y le permite comunicarse con el Centro de Comando Militar Nacional en el Pentágono, el cual monitorea las amenazas nucleares en todo el mundo y puede ordenar una respuesta instantánea.

El curioso “elemento” también proporciona al comandante en jefe un menú simplificado de opciones de ataque nuclear, permitiéndole decidir, por ejemplo, si destruir a todos los enemigos de Estados Unidos de un solo golpe, o limitarse a destruir Moscú o Pyongyang (o incluso Pekín) de forma individual.

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Y esto, ¿desde cuando es así? Aunque sus orígenes siguen siendo altamente clasificados, el maletín se remonta a la crisis de los misiles de Cuba de 1962. En privado, Kennedy creía que las armas nucleares eran, “solo buenas para disuadir”.

El que fuera presidente sintió que era una locura que dos hombres, sentados en lados opuestos del mundo, pudieran decidir el fin de la civilización. Horrorizado por este escenario, JFK ordenó que se colocaran cerrojos sobre las armas nucleares y exigió alternativas al plan de guerra nuclear del todo o nada. ¿Solución? El maletín, el cual veía como un último recurso y un sistema para verificar la identidad del comandante en jefe.

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Así fue como todos los presidentes de Estados Unidos desde John F. Kennedy han sido equipados con el “balón” nuclear. Lo que un presidente de Estados Unidos pueda hacer con el maletín es lo que decide si el resto del planeta debe planificar unas vacaciones o el armageddon.

Además, junto a este, los presidentes reciben una pieza de plástico del tamaño de una tarjeta de crédito que contiene los códigos que se necesitan para ordenar el lanzamiento de armas nucleares. Se supone que el presidente debe llevarla en todo momento, aunque hay informes de que en la década de 1970 Jimmy Carter perdió inadvertidamente la suya cuando se envió un traje a la tintorería (no es broma).

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De todas formas, lo de Carter quedó en una anécdota si lo comparamos con lo ocurrido dos décadas más tarde, cuando Bill Clinton llegó a la presidencia. Durante varios meses los códigos estuvieron en paradero desconocido, el presidente confesó que los había extraviado y no se acordaba dónde. Durante ese tiempo, Clinton comprometió la seguridad nacional del país, y posiblemente la del planeta entero.

Más datos. Realmente, el maletín entra en servicio cuando el presidente abandona la Casa Blanca. El elemento cuenta con una antena que sobresale, lo que probablemente indica que hay un sistema de comunicación con el cual el presidente puede mantener contacto con el centro del Pentágono que monitorea las amenazas y puede ordenar una respuesta instantánea.

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Para que el maletín funcione tal y como fue diseñado, el ayudante militar que lo lleva debe estar cerca del comandante en jefe en todo momento (a unos tres metros), y el presidente debe estar en posesión de los códigos de autenticación.

En el año 2016, uno de los portadores de confianza del maletín, el ex marine John Kline, utilizó imágenes de la bolsa en un anuncio televisivo para ayudar a su campaña a la reelección al Congreso. “En este maletín se encuentra el destino del mundo”, decía la voz en off. “Contiene códigos de alto secreto para lanzar un ataque nuclear. Dos presidentes, uno de cada partido, confiaron en un joven marino llamado John Kline para salvaguardarlo”.

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No fue más que una anécdota, de hecho, los asistentes que llevan el maletín nuclear tienen exámenes psicológicos extensos para evaluar si están a la altura de la tarea.

Sin embargo, lo peor de todo, sin ninguna género de duda, es que el presidente entrante no se someta a tales controles para medir su estabilidad mental antes de poseer esos códigos que dan acceso al apocalipsis nuclear. [Wikipedia, BusinessInsider, Washington Post]