Imagen: Pexels 

¿Cuántas veces has cogido el móvil durante el día de hoy? Seguro que no eres el único y que la mayoría de personas que te rodean echan mano todo el rato al suyo. ¿Pero sabías que los smartphones están diseñados precisamente para ser adictivos?

Sin embargo, si conoces cómo funcionan sus tácticas para tenerte enganchado, podrás recuperar el control.

Desactiva las notificaciones

Lo primero de todo: desactiva todas las notificaciones que no provengan de personas. Desde las notificaciones de Netflix para avisarte de que hay una nueva temporada de Modern Family a las de Instagram y sus a un concierto cerca de tu casa. Las aplicaciones están diseñadas para bombardearte con información y hacer que chequees tu teléfono constantemente.

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Ten el menor número de apps en tu ventana de inicio

Lo siguiente que deberías hacer es quitar la mayoría de aplicaciones de tu pantalla principal. Deja solo las apps que te sirvan como herramienta en tu vida diaria: mapas, calendario, notas…

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Coge todas tus redes sociales y sácalas de ahí, de forma que no seas absorbido continuamente por ellas. Piensa que el objetivo de esas aplicaciones es que pases dentro todo el tiempo que sea posible.

¿Cuántas veces te has puesto a hacer scroll sin parar en Twitter o Facebook? Estas aplicaciones están diseñadas para ser un poco impredecibles, de forma que estemos siempre esperando a que aparezcan cosas interesantes en la pantalla. Este es el mismo mecanismo que tienen las máquinas tragaperras y que hacen que sean mucho más adictivas que cualquier otro juego.

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Pon tu teléfono en escala de grises

Pero resulta que los teléfonos tienen más cosas en común con las máquinas tragaperras de lo que crees. ¿Crees que son casualidad los colores cálidos y brillantes de muchas de tus aplicaciones?

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Esta es la misma razón por la que las burbujas de notificación son de color rojo: ayudan a captar fácilmente tu atención. Para evitarlo pon tu teléfono en escala de grises, hará que mirar continuamente la pantalla de tu smartphone sea menos placentero.

Haz tu teléfono menos accesible

Por último, la forma más sencilla de no mirar tu teléfono es hacerlo más inaccesible.

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Colócalo al otro lado de la habitación, de forma que caer en la tentación sea mucho más complicado. Puedes hacer algo parecido con las aplicaciones, no solo quitándolas de tu ventana principal, prueba a eliminar accesos directos o a cambiar las apps de sitio. La idea es que cada vez que abras una sea por una elección consciente, y no mediante mecanismos involuntarios.

Después de poner este tipo de trucos en práctica estarás algo más cerca de recuperar el control.

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