Los vikingos eran formidables guerreros y marinos escandinavos que entre los años 800 y 1050 DC aproximadamente, saquearon, comerciaron, y se asentaron en el norte de Europa, Islandia, Groenlandia e incluso, América del norte. Pero casi todo lo que los académicos conocen sobre las redes marítimas vikingas tiene que ver con los puntos de partida y llegada. Las rutas que tomaban podrían haber sido muy diferentes. Para echar luz sobre esta brecha en el conocimiento un arqueólogo decidió seguir las huellas de los vikingos, o mejor dicho, sus estelas.
Con el fin de reconstruir sus itinerarios marítimos el arqueólogo Greer Jarrett de la Universidad de Lunk, navegó en embarcaciones funcionales de estilo vikingo a lo largo de la costa noruega, en una serie de travesías experimentales. Al vivir esos viajes de primera mano, el arqueólogo esperaba entender qué rutas habrían tenido mayor sentido para los marinos vikingos como para refugiarse en el camino a su destino. De este modo identificó cuatro puertos naturales que podrían haber servido como postas hace cientos de años.
“Casi todo el tiempo solo conocemos los puntos de partida y llegada en el comercio de la era vikinga, como los puertos principales de Bergen y Trondheim en Noruega, Ribe en Dinamarca, y Dublín en Irlanda. Lo que me interesa es lo que pasaba en el viaje entre esos principales centros de comercio”, declaró Jarrett. “Mi hipótesis es que esta red descentralizada de puntos en pequeñas islas y penínsulas era esencial para la eficiencia del comercio en la era vikinga”.
Travesías con complicaciones
Entre septiembre de 2021 y julio de 2022, Jarrett y su tripulación emprendieron 15 viajes impulsados a vela, y dos viajes de ensayo de unas tres semanas, en diferentes embarcaciones nórdicas tradicionales, pequeñas, abiertas, de manera, cuyo uso en las regiones nórdicas data de hace unos 2.000 años aproximadamente. No siempre era fácil navegar. En una oportunidad el mástil de la vela principal se partió a 25 kilómetros de la costa y tuvieron que atar dos remos para asegurar la vela y poder regresar a la costa. En total cubrieron 1.494 millas náuticas.
El arqueólogo experimental decidió que en posibles “refugios” a lo largo de los itinerarios marítimos, podrían haberse abastecido de agua potable, hallando refugio de los vientos y mareas, con una buena vista del mar. Además, tenían que poder llegar a ellos en condiciones de baja visibilidad, siendo lugares lo suficientemente grandes como para albergar varias embarcaciones, con varios puntos de acceso y salida, y ubicados en una zona de transición, como puntos costeros entre las regiones más expuestas y las áreas internas.
Con todos esos criterios la investigación de Jarrett integró una reconstrucción digital de los niveles de los mares en la era vikinga, conocimiento preestablecido de los grandes centros marítimos vikingos, e información sobre rutas tradicionales navegables de los siglos 19 y comienzos del 20, informados por marinos y pescadores. El arqueólogo también aclaró que su trabajo tiene que ver con expediciones vikingas de largo alcance más que con los viajes motivados por guerras y saqueos.
“Este trabajo pone énfasis en el conocimiento y experiencia práctica de la navegación, buscando contrarrestar el sesgo académico común que brindan fuentes textuales”, escribió en el estudio que se publicó este mes en » Journal of Archaeological Method and Theory.
De este modo, afirma haber identificado cuatro potenciales postas vikingas. Son ubicaciones remotas a lo largo de la costa noruega, con diferentes grados de evidencia arqueológica preexistente que indica presencia humana en el pasado. Presumiblemente, Jarrett es el primero en sugerir que también pueden haber sido postas en los viajes marítimos de los vikingos.
Explicó que “la lista de posibles postas de la era vikinga, que se indica en un diagrama en este trabajo, tiene la intención de ser un documento de estudio que puede formar y a su vez, ir formándose con, futuros estudios y excavaciones arqueológicas”.
Vale la pena recordar que incluso con reconstrucciones digitales del paisaje marítimo de la era vikinga, los viajes experimentales jamás podrán brindar evidencia de actividad vikinga como lo hace la evidencia arqueológica directa. Sin embargo, las ideas creativas y prácticas como la de Jarrett nos recuerdan que a veces para solucionar un problema hace falta una perspectiva diferente. Lo que resta ver es si su trabajo servirá de inspiración a futuros estudios arqueológicos.