Durante más de tres semanas, el Spiridon II permaneció anclado frente al puerto turco de Bandirma sin obtener permiso para desembarcar su cargamento. La cifra es contundente: 2.901 vacas uruguayas a bordo en un barco de 50 años de antigüedad, deteriorado y sin las condiciones adecuadas para un viaje tan prolongado. El buque había zarpado de Montevideo el 19 de septiembre; llegó a Turquía el 21 de octubre; y desde entonces quedó atrapado en un limbo diplomático y sanitario.
Una disputa que pasó de burocrática a humanitaria
La negativa de Turquía se basó en supuestas irregularidades sanitarias: 469 animales sin certificados válidos, 146 microchips ilegibles y 58 muertes durante la travesía inicial, según la justicia turca. Uruguay, en cambio, sostiene que no hubo problemas sanitarios y que se trató de un conflicto contractual entre la exportadora y la importadora.
Mientras los gobiernos discutían, el barco seguía amarrado y los problemas a bordo se multiplicaban. Se reportaron 140 solicitudes de asistencia por nacimientos de terneros, muchos de los cuales murieron al poco tiempo debido a las condiciones insalubres y al hacinamiento. La mitad del cargamento, confirmó el exportador Fernando Fernández, estaba compuesto por novillas preñadas, lo que agravó aún más la situación.
El retorno que nadie quería: sin comida y con el tiempo en contra

Tras no llegar a un acuerdo en la reunión virtual entre autoridades de ambos países, la empresa decidió dar la orden: abandonar Turquía y regresar a Uruguay. El Spiridon II salió del Mar de Mármara y ahora navega hacia el Mediterráneo.
Y aquí surge el mayor temor: el barco no cuenta con alimento suficiente para sostener a casi 3.000 animales durante el viaje de regreso, que puede extenderse por semanas.
La Fundación para el Bienestar Animal lo dijo sin rodeos: “Es muy difícil que los animales puedan regresar con vida.”
La representante de la ONG, María Boada Saña, advirtió incluso sobre un riesgo más oscuro: que, ante la imposibilidad de alimentarlos, los animales sean arrojados al mar.
Un barco con un historial que anticipaba problemas
La historia del Spiridon II explica mucho de lo que ocurre hoy. Construido en 1973, antes llamado Mikhail Cheremnykh, acumula 84 deficiencias registradas entre 2021 y 2024. Fue detenido una vez en ese período y está catalogado bajo “bandera negra” por el Memorando de París: una clasificación reservada para los buques más peligrosos en términos de seguridad marítima.
De hecho, el barco ya no está autorizado para transportar animales en Europa. Sin embargo, continúa operando en países donde las restricciones son menos estrictas, como ocurre con gran parte del transporte de ganado vivo a nivel global.
Un problema mundial sobre el que casi nadie quiere hablar
Lo ocurrido con el Spiridon II no es solo una crisis entre Uruguay y Turquía. Es una ventana incómoda a una industria que mueve cientos de miles de animales al año en barcos antiguos, con condiciones opacas, controles laxos y protocolos que muchas veces se improvisan sobre la marcha.
En este caso, la fragilidad del sistema quedó al descubierto:
- un barco sin certificaciones europeas,
- animales preñados en plena travesía,
- discrepancias sanitarias entre países,
- nacimientos y muertes a bordo,
- un retorno forzoso sin comida suficiente.
El resultado es una tormenta perfecta.
Lo que viene: un viaje contrarreloj en el peor escenario posible
El Spiridon II navega ahora hacia alta mar, con miles de animales debilitados, un clima diplomático tenso y la presión creciente de organizaciones internacionales que piden intervenir para evitar una tragedia mayor.
Los expertos en bienestar animal lo sintetizan en una frase que resume el nerviosismo global:
No es un barco regresando a casa. Es un barco regresando contra el tiempo.