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Un ciervo salvaje eligió vivir entre las casas de Zamora y nadie consigue convencerlo de marcharse

Tomás llevaba cerca de dos años viviendo entre las casas de Linarejos cuando las autoridades decidieron trasladarlo por seguridad. El ciervo reapareció pocos días después, tras recorrer aproximadamente 50 kilómetros por la Sierra de la Culebra. Su regreso muestra la sorprendente capacidad de orientación de estos animales, pero también reabre el debate sobre cómo convivir con la fauna salvaje.
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Linarejos tiene apenas una decena de habitantes, pero desde hace dos años comparte sus calles con un vecino de unos 140 kilos. Se trata de Tomás, un ciervo macho que adoptó esta pequeña aldea de Zamora como lugar para descansar, alimentarse y refugiarse.

El animal suele aparecer junto a las fachadas, las tapias y las zonas de sombra. Los habitantes se acostumbraron a su presencia e incluso comenzaron a llamarlo cariñosamente “Tomasín”. Sin embargo, su creciente popularidad atrajo a visitantes que intentaban acercarse, tocarlo y fotografiarse a su lado como si se tratara de una mascota.

Las autoridades decidieron trasladarlo

Aunque nunca se habían registrado ataques, Tomás continúa siendo un animal salvaje con una gran cornamenta. Una reacción defensiva, especialmente ante una persona que se acerque demasiado, podría ocasionar lesiones graves.

Ante ese riesgo, agentes medioambientales y del Seprona organizaron un operativo para sedarlo y sacarlo del casco urbano. El ciervo fue trasladado a la finca del Casal, situada a unos 50 kilómetros de Linarejos, en un entorno donde podría vivir alejado de las viviendas y de los curiosos.

La operación parecía haber resuelto el problema, pero Tomás tenía otros planes. Pocos días después reapareció descansando nuevamente entre las casas del pueblo.

Un ciervo salvaje eligió vivir entre las casas de Zamora y nadie consigue convencerlo de marcharse
© Magnific

Un viaje de 50 kilómetros para volver a casa

La distancia entre el lugar de liberación y Linarejos ronda los 50 kilómetros, aunque no se conoce la ruta exacta seguida por el animal. Por tanto, no puede asegurarse que recorriera únicamente esa cantidad: pudo haber avanzado más mientras atravesaba montes, caminos y zonas boscosas de la Sierra de la Culebra.

Su regreso, pese a resultar sorprendente, coincide con lo observado científicamente en otros ciervos rojos. Un experimento publicado en Scientific Reports trasladó ejemplares aproximadamente 11 kilómetros y descubrió que la mayoría se orientó hacia su territorio original casi desde el momento de la liberación. Los investigadores concluyeron que estos animales poseen una notable capacidad para regresar desde lugares desconocidos.

Todavía no está completamente claro cómo lo consiguen. Podrían combinar memoria del paisaje, olores, sonidos, posición del Sol y referencias magnéticas. En el caso de Tomás, su permanencia prolongada en Linarejos sugiere que ya considera la aldea parte de su territorio habitual.

El problema no es Tomás, sino tratarlo como una mascota

Los habitantes defienden que el ciervo no molesta y sostienen que “en el pueblo cabemos todos”. Algunos creen que pudo instalarse allí buscando protección frente a los lobos, además de sombra y alimento. Sin embargo, ofrecerle comida puede aumentar su habituación a las personas y hacer más difícil que vuelva a comportarse como un animal completamente silvestre.

El mayor peligro aparece cuando los visitantes reducen la distancia. Que Tomás permanezca quieto o tolere la presencia humana no significa que sea doméstico. Los ciervos machos pueden reaccionar de forma imprevisible, especialmente durante la berrea, cuando aumentan la territorialidad y la competencia.

El recuerdo de Carlitos sigue presente

Linarejos ya vivió una historia parecida con Carlitos, otro ciervo que frecuentó la aldea durante años. Los vecinos reunieron más de 54.000 firmas para protegerlo, pero desapareció en 2023 después de que se encontrara en la zona el cuerpo decapitado de un ejemplar. La Junta sostuvo que no era posible confirmar oficialmente su identidad.

Desde entonces, las fachadas, puertas y pavimentos del pueblo conservan siluetas pintadas en su memoria. Esa experiencia explica por qué la comunidad teme que Tomás termine de la misma manera.

Su extraordinario regreso no resuelve la convivencia. Las autoridades deberán decidir si vuelven a trasladarlo o si aplican medidas para impedir que las personas se acerquen. Tomás ya demostró que alejarlo unos kilómetros no basta: para él, aquel pequeño pueblo de Zamora parece haberse convertido en casa.

Fuente: Xataka.

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