En medio de un paisaje árido y silencioso de los Andes peruanos se extiende una estructura tan vasta como desconcertante: una banda de agujeros perfectamente alineados cuyo origen y propósito han intrigado a arqueólogos de todo el mundo. Ahora, una combinación de imágenes aéreas modernas y estudios microscópicos parece arrojar luz sobre esta construcción singular. Las nuevas pistas revelan un funcionamiento más complejo de lo imaginado, vinculado a mercados, sistemas de control y la expansión incaica.
Una formación gigantesca que desafió a los arqueólogos por un siglo
La llamada “banda de agujeros” de Monte Sierpe irrumpió por primera vez en el radar científico en 1933, cuando fotografías aéreas revelaron una alineación sorprendente de más de 5.200 cavidades excavadas a lo largo de casi kilómetro y medio. Desde entonces, la ausencia total de registros escritos permitió que las interpretaciones se multiplicaran: defensa, agricultura, almacenamiento, captación de niebla, contabilidad e incluso teorías de intervención extraterrestre.
El sitio, situado en el valle del Pisco, parecía resistir cualquier explicación concluyente. Cada agujero mide entre uno y dos metros de ancho y alcanza profundidades de hasta un metro. La distribución, lejos de ser caótica, muestra agrupamientos bien definidos: alrededor de 60 secciones separadas por espacios vacíos, con patrones repetitivos como filas alternadas de siete y ocho cavidades. Esta organización sugiere un sistema planificado y no un conjunto improvisado por diferentes generaciones.
Durante décadas, su magnitud dificultó el análisis detallado. Pero el avance de la tecnología de drones cambió el panorama, permitiendo a los arqueólogos visualizar el diseño completo con una precisión inédita.

Nuevas pistas: un mercado preincaico y un sistema contable inca
Un estudio reciente publicado en Antiquity propone la hipótesis más sólida hasta ahora: Monte Sierpe habría funcionado primero como un mercado preincaico y más tarde como una enorme herramienta contable del Imperio Inca.
Los análisis microbotánicos de polen extraído del interior de los agujeros fueron clave. Entre los restos, los investigadores identificaron polen de cítricos, plantas introducidas por los colonizadores españoles entre 1531 y 1825. Este hallazgo sugiere que el sitio siguió utilizándose incluso después de la caída del Imperio Inca, pero que finalmente quedó en desuso al no encajar en las estructuras económicas coloniales.
La hipótesis del mercado resulta plausible para el período anterior a la expansión inca, mientras que la etapa imperial pudo haber transformado el sitio en una suerte de plataforma de registro. Charles Stanish, uno de los coautores, lo compara con una “hoja de cálculo” antigua, destinada a controlar bienes y tributos de las comunidades locales.
El posible vínculo con los quipus y la contabilidad imperial
El patrón segmentado de Monte Sierpe podría reflejar un sistema numérico similar al utilizado por los incas, basado en cuerdas anudadas conocidas como quipus. Uno de estos artefactos, hallado en el mismo valle y compuesto por 80 grupos de cuerdas, presenta combinaciones aritméticas complejas que podrían estar relacionadas con el funcionamiento del sitio.
Si ambos sistemas estuvieran conectados, la banda de agujeros habría servido como un gigantesco dispositivo de registro, donde cada sección equivaldría a categorías de bienes, cargas tributarias u operaciones comerciales. No obstante, los investigadores subrayan que aún falta evidencia para consolidar esta conexión, ya que mercado y contabilidad implican usos muy diferentes.
La ubicación estratégica del sitio refuerza la teoría de su importancia económica: Monte Sierpe se encuentra junto a una red de caminos prehispánicos y entre dos centros clave del imperio, Tambo Colorado y Lima La Vieja.
Un patrimonio que exige nuevas miradas y más preguntas
Aunque las nuevas evidencias fortalecen las hipótesis propuestas, los especialistas insisten en la necesidad de profundizar en la investigación. Para entender realmente su función, el equipo continúa estudiando quipus adicionales y restos asociados, buscando patrones numéricos que confirmen la interacción entre ambos sistemas.
Monte Sierpe es un recordatorio de lo poco que conocemos sobre las economías antiguas de los Andes, una región donde sociedades complejas prosperaron sin moneda ni escritura convencional. Como señala el Dr. Christian Mader, este tipo de hallazgos abre una ventana hacia mecanismos económicos que aún están lejos de ser comprendidos por completo.
Para los arqueólogos, el reto no solo es descifrar el misterio, sino también construir narrativas que respeten las perspectivas indígenas y la evidencia material. En ese equilibrio reside la clave para comprender cómo operaban estas civilizaciones y preservar un patrimonio cuyo significado apenas empezamos a recuperar.
[Fuente: CNN Español]