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Ciencia

Un detector capaz de escuchar colisiones de agujeros negros empezó a registrar anomalías extrañas. Un equipo del CONICET cree que podrían ser rastros de materia oscura

El detector de ondas gravitacionales LIGO es uno de los instrumentos más sensibles jamás construidos. Sin embargo, entre sus mediciones aparecen “glitches” cuyo origen sigue siendo desconocido. Un estudio reciente plantea que algunos podrían ser la huella de materia oscura atravesando nuestra región de la galaxia.
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Hay instrumentos científicos que cambian la forma en que entendemos el universo. El observatorio LIGO es uno de ellos. Diseñado para detectar ondas gravitacionales —las diminutas ondulaciones del espacio-tiempo predichas por Albert Einstein— este sistema ha permitido observar colisiones de agujeros negros a miles de millones de años luz de distancia. Sin embargo, entre esos registros extraordinarios hay señales más pequeñas, menos espectaculares y mucho más desconcertantes.

Se trata de activaciones breves del detector que los científicos llaman “glitches”. Durante años se asumió que eran simples interferencias: vibraciones del suelo, fenómenos atmosféricos o ruido instrumental. Pero un nuevo estudio liderado por investigadores del CONICET sugiere que algunas de esas anomalías podrían esconder algo mucho más profundo: la posible manifestación de materia oscura cerca de la Tierra.

Cuando un detector del cosmos registra algo que nadie esperaba

Un detector capaz de escuchar colisiones de agujeros negros empezó a registrar anomalías extrañas. Un equipo del CONICET cree que podrían ser rastros de materia oscura
© NASA.

LIGO comenzó a operar en 2015 con un objetivo claro: detectar las ondas gravitacionales generadas por eventos cósmicos extremos como fusiones de agujeros negros o estrellas de neutrones. Para lograrlo utiliza interferómetros láser capaces de medir variaciones increíblemente pequeñas en el espacio-tiempo. La precisión es tan extrema que incluso perturbaciones minúsculas pueden activar el sistema.

Por ese motivo, el detector registra constantemente señales que no corresponden a fenómenos astronómicos conocidos. Algunas tienen explicación sencilla, pero muchas otras permanecen sin identificar. Estas anomalías, catalogadas como glitches, han sido durante años una curiosidad técnica dentro de los datos de LIGO.

El físico del CONICET Ezequiel Álvarez, especialista en física de altas energías y machine learning, decidió mirar esos eventos desde otra perspectiva. Junto al doctorando Federico Ravanedo y los investigadores Nicolás Yunes y Samuel Perkins, planteó una pregunta poco habitual: ¿y si algunas de esas “fallas” no fueran fallas en absoluto?

Analizar fallas para buscar lo invisible

La hipótesis presentada en un trabajo publicado en Physical Review D propone que ciertos glitches podrían generarse cuando grumos de materia oscura pasan cerca del detector. Aunque esta forma de materia no interactúa con la luz ni con las partículas comunes, su gravedad podría producir pequeñas perturbaciones detectables por instrumentos extremadamente sensibles.

Para explorar esa posibilidad, el equipo analizó alrededor de un centenar de anomalías registradas por LIGO y evaluó si sus características podían explicarse mediante el paso de materia oscura. El resultado fue llamativo: nueve de esos eventos no pudieron descartarse como posibles señales de materia oscura.

Esto no significa que la materia oscura haya sido detectada de forma definitiva, pero sí permite establecer nuevos límites experimentales sobre su presencia en la vecindad de la Tierra. En física, estos límites son fundamentales porque ayudan a reducir el rango de teorías posibles sobre qué es realmente este componente invisible del universo.

Un detector capaz de escuchar colisiones de agujeros negros empezó a registrar anomalías extrañas. Un equipo del CONICET cree que podrían ser rastros de materia oscura
© Aurore Simonnet for the NANOGrav Collaboration.

Además, el estudio abre una línea de investigación inesperada. Los detectores de ondas gravitacionales, pensados originalmente para estudiar fenómenos cósmicos extremos, podrían convertirse también en herramientas para buscar partículas o estructuras exóticas.

El equipo ya trabaja en un nuevo análisis que incluirá cientos de miles de glitches registrados por LIGO. Si ese enfoque confirma tendencias similares, las aparentes “fallas” del detector podrían transformarse en una de las pistas más prometedoras para entender uno de los mayores enigmas de la cosmología.

Porque la materia oscura sigue siendo invisible. Pero quizás, sin saberlo, ya está dejando huellas en nuestros instrumentos científicos.

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