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Ciencia

Un estudio analiza si los perros tienen la capacidad biológica para hablar como los humanos

Un grupo de investigadores europeos analiza si los perros tienen la capacidad anatómica y cognitiva para emitir sonidos parecidos al habla humana. Lo que descubrieron no solo dice mucho sobre ellos… también sobre nosotros
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Desde que existen películas de animales parlantes, los humanos hemos fantaseado con poder hablar con nuestros perros. Sin embargo, lo que hasta hace poco parecía simple ficción está empezando a despertar el interés real de la ciencia.

Un grupo de investigadores de la Universidad Eötvös Loránd, en Hungría, ha decidido estudiar la cuestión con seriedad: ¿puede un perro hablar, o al menos producir sonidos similares a la voz humana? El trabajo, publicado en la revista Biologia Futura, analiza desde la anatomía hasta la cognición de los canes, intentando responder si existe alguna base biológica para una comunicación verbal entre especies.

El proyecto, desarrollado en el laboratorio BARKS, no pretende enseñar a los perros a decir “hola” o “quiero galletas”, sino entender si, en teoría, poseen los órganos, la coordinación y la motivación evolutiva para desarrollar una forma de habla articulada.

Lo que los perros ya saben hacer (y lo que les falta)

Habilidad De Los Perros Para Hablar
© Vantage Point Photographers – Unsplash

Aunque los perros no hablan, sí comprenden más de lo que solemos imaginar. Diversos estudios han demostrado que pueden reconocer palabras, tonos e incluso distinguir idiomas. Pueden identificar a personas por la voz y reaccionar ante sonidos específicos —como su nombre o la palabra “paseo”— con precisión emocional y contextual.

El equipo húngaro examinó también el lado físico del problema. Según sus análisis, los perros tienen una laringe y un control vocal más flexible de lo esperado, capaces de producir una amplia gama de frecuencias formantes (los componentes acústicos del habla). Esto significa que, anatómicamente, no sería imposible que un perro emitiese sonidos vagamente parecidos al lenguaje humano.

Sin embargo, el gran obstáculo no es técnico, sino evolutivo. El habla surgió en los humanos como una herramienta de cooperación y supervivencia. Los perros, en cambio, no la necesitan: su comunicación no verbal —miradas, posturas, movimientos de cola— es tan eficiente que la evolución nunca tuvo motivos para desarrollar palabras.

Cuando la ciencia se cruza con la ética

El estudio va más allá del simple “¿podrían hablar?”. Los investigadores advierten que intentar forzar el habla en un animal plantea dilemas éticos y emocionales profundos. La relación humano–perro se basa precisamente en esa conexión intuitiva que no necesita palabras. Alterarla podría generar lo que los científicos llaman el “valle inquietante”: esa sensación perturbadora que provoca algo demasiado parecido a lo humano, pero que no lo es del todo.

Un perro que hablara —aunque fuera artificialmente— podría resultar inquietante en lugar de entrañable. Por eso, los expertos insisten en que el objetivo no es crear perros parlantes, sino entender mejor cómo surge el lenguaje, qué lo hace posible y cómo otras especies procesan la comunicación.

Lo que los perros nos enseñan sobre nosotros

Los Perros Y El Lenguaje Humano
© DL314 Lin – Unsplash

La investigación no busca darle voz a los perros, sino descifrar el origen del lenguaje humano. Como explica el Dr. Tamás Faragó, líder del estudio, comparar cómo se comunican los perros con nosotros puede ofrecer pistas sobre las condiciones cognitivas y neuronales que permitieron que nuestros antepasados desarrollaran el habla.

Este conocimiento tiene aplicaciones insospechadas. En el campo emergente de la etorobótica —que estudia la interacción entre animales y máquinas—, comprender cómo los perros interpretan gestos, tonos y patrones podría ayudar a diseñar robots sociales más empáticos.

En definitiva, los científicos concluyen que los perros podrían tener cierta flexibilidad vocal y una comprensión auditiva avanzada, pero no las condiciones ni la necesidad evolutiva para hablar como nosotros. Y quizá eso sea lo mejor: su silencio sigue diciendo más de lo que muchas palabras podrían expresar.

[Fuente: DW]

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