En medio de la circulación de nuevas variantes del COVID-19, el gobierno de Estados Unidos ha dado un paso polémico: eliminar la recomendación de vacunar a niños sanos y mujeres embarazadas. La decisión ha generado fuertes críticas de la comunidad médica, que alerta sobre los riesgos de actuar sin respaldo científico ni consenso institucional.
Una decisión sin precedentes que rompe con el enfoque anterior
El anuncio fue realizado por Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud y Servicios Humanos, a través de un video en la red social X. Justificó la medida como parte de una reestructuración federal bajo la influencia del expresidente Donald Trump. Con esta declaración, se abandona la estrategia previa del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que recomendaba la vacunación universal desde los seis meses de edad.

Los argumentos de Kennedy apuntan a la falta de datos clínicos sólidos que respalden dosis de refuerzo en niños sanos. Pero los expertos advierten que esta acción carece del aval de comités científicos y podría afectar la percepción pública sobre la seguridad de las vacunas basadas en ARN mensajero, actualmente las únicas autorizadas en EE. UU.
Voces críticas desde la infectología y la salud pública
Desde Argentina, referentes como los doctores Juan Carlos Cisneros, Ricardo Teijeiro y Gerardo Laube han calificado la medida como “peligrosa”, “precipitada” y “políticamente motivada”. Coinciden en que las decisiones sobre inmunización deben surgir de consensos científicos, no de intereses económicos o ideológicos.
Señalan además que interrumpir los esquemas de vacunación puede exponer a los grupos vulnerables al COVID prolongado y nuevas variantes, especialmente cuando no hay señales claras de que los riesgos superen los beneficios. La suspensión, advierten, debería aplicarse sólo si hay evidencia contundente sobre efectos adversos relevantes.
Embarazadas, niños y los riesgos de bajar la guardia
Diversos estudios avalan la eficacia de la vacunación en mujeres embarazadas, no solo para su protección, sino también para la del recién nacido. Instituciones como el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos alertan que una infección en esta etapa puede ser grave, incluso catastrófica.

También la Academia Americana de Pediatría manifestó su preocupación por la confusión que esta medida puede generar entre padres y profesionales. En paralelo, la Sociedad de Enfermedades Infecciosas de América instó a seguir cubriendo las vacunas, mientras el Congreso evalúa si hubo irregularidades en el proceso de decisión.
Cambios en los requisitos regulatorios y el futuro de la vacuna
La FDA ha establecido nuevos criterios para autorizar futuros refuerzos de la vacuna COVID-19. Entre ellos, ensayos clínicos más rigurosos, especialmente en personas sanas menores de 65 años. Aunque se argumenta que estos ajustes buscan mayor seguridad, podrían retrasar el acceso a vacunas justo antes de la temporada de gripe.
La comunidad científica insiste en mantener la vigilancia epidemiológica y en adaptar las políticas vacunales al contexto, no a la conveniencia política. La salud pública, sostienen, debe seguir guiándose por la evidencia.
Fuente: Infobae.