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Un hallazgo arqueológico de 5.000 años en Oriente Próximo que reescribe lo que creíamos saber sobre el vino antiguo y abre nuevas dudas sobre la Edad del Bronce

Un descubrimiento inesperado en Oriente Próximo desvela la que podría ser la evidencia más antigua de producción de vino en la región. Un hallazgo que abre nuevas preguntas sobre rituales, comercio y la vida cotidiana en la Edad del Bronce

A veces, la arqueología consigue lo imposible: abrir una ventana directa a cómo vivían, celebraban y creían las sociedades que existieron milenios antes de las pirámides. Esta vez, un equipo de investigadores ha encontrado algo que nadie esperaba: una instalación para producir vino que parece ser mucho más antigua de lo que se pensaba… y que podría reescribir una parte clave de nuestra historia.

Un descubrimiento que contradice todo lo que creíamos sobre el origen del vino

Vasija Antigua
© Katerina Katzan, IAA

El hallazgo surgió durante unas excavaciones preventivas por la construcción de una carretera, en una zona donde se sabía que existieron asentamientos prehistóricos, pero no con un nivel de sofisticación tan alto. Allí, en un afloramiento rocoso, los arqueólogos encontraron una pequeña instalación excavada directamente en la piedra: un espacio pensado para prensar uvas y recoger su jugo.

El análisis inicial sorprendió a todos. Las técnicas de datación situaron su origen en torno al 3300–3100 a. C., es decir, unos 5.000 años atrás, en plena Edad del Bronce temprana. Estamos hablando de una época en la que buena parte del mundo aún no conocía la escritura, y en la que las primeras grandes ciudades apenas empezaban a nacer.

Hasta ahora, existían referencias textuales y fragmentos cerámicos que sugerían la existencia de vino en esas sociedades, pero nunca se había encontrado una instalación completa tan antigua. Este descubrimiento no solo adelanta varios siglos en el origen de la vinificación en la región: también demuestra que el vino tenía una importancia cultural y económica mayor de la que se imaginaba.

A su alrededor, el equipo halló restos de viviendas, lo que sugiere que esta comunidad ya había alcanzado un grado de urbanización más avanzado de lo que se pensaba. Una pequeña instalación, sí, pero reveladora.

La ubicación del hallazgo y una sorpresa aún mayor: rituales olvidados durante 3.300 años

Modelo De Templo
© Katerina Katzan, IAA

El descubrimiento se produjo al este de la antigua ciudad de Megiddo, en el actual norte de Israel, una zona excavada por arqueólogos desde hace más de un siglo. Megiddo —famosa por su enorme importancia histórica y religiosa— ha ofrecido innumerables hallazgos, pero las excavaciones actuales han revelado algo distinto: lo que ocurría fuera de la ciudad, en los caminos y áreas periféricas donde vivían agricultores y artesanos.

Y allí, junto al antiguo lagar, los arqueólogos encontraron un conjunto de piezas que dio un giro inesperado a la investigación: vasijas, modelos rituales y un recipiente en forma de carnero, todos datados entre los años 1400 y 1200 a. C.

Este recipiente zoomorfo, enterrado intacto, conserva una boquilla por la que se vertía algún líquido —posiblemente vino, aceite o leche— durante ceremonias religiosas. Las piezas estaban cuidadosamente depositadas junto a un promontorio rocoso, lo que sugiere que era usado como altar al aire libre.

La escena reconstruida por los investigadores es fascinante: pequeñas comunidades realizando rituales fuera de la gran ciudad, probablemente porque no podían acceder a su templo principal. Una especie de “culto popular” que complementaba las prácticas oficiales de la élite urbana.

Un tesoro para entender cómo vivían los cananeos

Entre los objetos descubiertos hay:

  • Un modelo en miniatura de un templo que muestra cómo eran los edificios sagrados de la época.
  • Vasijas importadas desde Chipre, prueba de rutas comerciales activas.
  • Jarras locales decoradas.
  • El famoso recipiente con forma de carnero, acompañado de pequeños cuencos que permitían verter líquidos durante una ceremonia.

Muchos de estos objetos suelen encontrarse en fragmentos dispersos. Encontrarlos completos y en posición de uso es extremadamente raro.

Para los arqueólogos, se trata de la primera visión completa y directa de cómo se realizaban estas ofrendas. Un vistazo a lo que creían, temían y celebraban las comunidades cananeas que vivieron en la región hace más de 3.000 años.

Además, la zona del hallazgo se encuentra justo en la ruta hacia la puerta principal de Megiddo. Esto refuerza la idea de que la vida religiosa no se limitaba a los templos: había prácticas paralelas que convivían con la religión oficial.

Un hallazgo que también es una advertencia

Mientras los investigadores celebran el hallazgo, recuerdan que la región enfrenta un futuro incierto. La construcción moderna avanza, y los restos arqueológicos son extremadamente frágiles. Cada nuevo proyecto implica un riesgo real de perder testimonios únicos de nuestro pasado remoto.

Por eso, este hallazgo es doblemente valioso: nos cuenta cómo vivieron pueblos de hace 5.000 años… y nos recuerda lo fácil que es que esas historias desaparezcan para siempre.

Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Romina Fabbretti. Aquí podrás encontrar la versión original.

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