La paleontología nos tiene acostumbrados a sorpresas, pero a veces un hallazgo logra conmover hasta a los expertos. Esto es precisamente lo que ocurrió en el norte de Argentina, donde un equipo científico tropezó con un fósil que podría transformar la historia evolutiva de los insectos. ¿Cómo un vestigio tan diminuto puede tener semejante impacto? Te lo contamos.
El sorprendente hallazgo que nadie esperaba
Durante mucho tiempo, el origen de las mariposas fue un enigma que dejaba perplejos a los paleontólogos. Aunque los análisis genéticos indicaban un linaje antiguo, los fósiles no aportaban pruebas claras. Las evidencias más remotas situaban su existencia hace unos 201 millones de años, en el Jurásico. Sin embargo, un descubrimiento reciente ha dado un giro inesperado al relato.

En el Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, un equipo interdisciplinario estudiaba restos fósiles de excrementos de antiguos herbívoros. Estos coprolitos, auténticas cápsulas del tiempo, conservaban fragmentos del entorno y la dieta de animales que poblaron la región hace millones de años. Fue en uno de estos restos donde se encontró lo impensable: diminutas escamas aladas de apenas 200 micras, inconfundibles por su estructura, que pertenecieron a los antecesores de las mariposas y polillas.
La mariposa que volaba antes de que existieran las flores
El análisis de estas escamas reveló un dato asombroso: datan de hace 236 millones de años, lo que las convierte en el vestigio más antiguo conocido de lepidópteros. Este hallazgo, publicado en Journal of South American Earth Sciences, adelanta en 35 millones de años la aparición de estos insectos en el registro fósil y confirma teorías genéticas que los situaban hace unos 240 millones de años.

El insecto, bautizado como Ampatiri eloisae, habría pertenecido al grupo Glossata, caracterizado por poseer probóscide. Pero lo más desconcertante es que estas criaturas evolucionaron en un mundo sin flores. Las plantas con flores y el néctar surgirían mucho después. Entonces, ¿de qué se alimentaban? Las plantas de aquella época segregaban gotas azucaradas para atraer a los insectos y favorecer la polinización: el néctar primitivo.
Un descubrimiento que desafía lo que creíamos saber
Este hallazgo pone en jaque la idea de que la probóscide evolucionó como respuesta a la aparición de las flores. En realidad, esta estructura ya existía como una herramienta de supervivencia en un planeta que aún se recuperaba de la gran extinción del Pérmico. Lejos de ser un simple fósil, estas escamas microscópicas reescriben la historia evolutiva de los lepidópteros y nos invitan a repensar el vínculo entre insectos y plantas.
Fuente: Meteored.