Europa, una de las lunas de Júpiter, lleva años ocupando un lugar especial en la lista de destinos prioritarios de la exploración espacial. Bajo su superficie helada se esconde un océano global de agua salada, y con él, la posibilidad de un entorno habitable. El problema siempre fue el mismo: no sabíamos cuán gruesa era realmente la barrera de hielo que separa ese océano del espacio.
Ahora, por primera vez, esa incógnita empieza a resolverse.
Gracias a datos recogidos por la sonda Juno de la NASA, los científicos han logrado medir directamente el espesor de la corteza helada de Europa. Y el resultado tiene implicaciones profundas para la búsqueda de vida más allá de la Tierra.
Un sobrevuelo clave a solo 360 kilómetros de Europa

El 29 de septiembre de 2022, Juno pasó a apenas 360 kilómetros de la superficie de Europa. No era un sobrevuelo cualquiera: la nave activó su radiómetro de microondas (MWR), un instrumento diseñado originalmente para estudiar la atmósfera de Júpiter, pero que terminó convirtiéndose en una herramienta inesperada para “ver” bajo el hielo.
Las microondas permiten penetrar la superficie helada y medir temperaturas a distintas profundidades. Analizando esas señales, los investigadores lograron algo que hasta ahora solo se había intentado con modelos teóricos: medir directamente el grosor de la capa de hielo.
El resultado, publicado en Nature Astronomy en diciembre de 2025, es claro: en la región observada, la corteza helada de Europa tiene un espesor medio de unos 29 kilómetros.
Ni hielo fino ni extremo: una respuesta a un viejo debate

Durante años, los científicos discutieron dos escenarios opuestos.
Uno proponía una corteza relativamente delgada, de apenas unos pocos kilómetros, con un contacto más directo entre la superficie y el océano.
El otro defendía una capa de hielo mucho más gruesa, de decenas de kilómetros.
Los datos de Juno inclinan la balanza.
Según explicó Steve Levin, científico del proyecto Juno en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, esos 29 kilómetros corresponden a una capa exterior fría, rígida y estable. Y eso podría no ser todo: si debajo existe una capa interna más cálida y convectiva, el espesor total del hielo podría ser aún mayor.
Solo un factor podría reducir esa cifra: la presencia de sal en el hielo. Si la corteza contiene una cantidad moderada de sal disuelta, el espesor estimado podría disminuir en unos cinco kilómetros. Aun así, seguiría siendo una barrera considerable.
Grietas y poros: lo que hay justo bajo la superficie
Además del grosor, Juno reveló otro detalle clave: la estructura del hielo cercano a la superficie.
El radiómetro detectó lo que los científicos llaman “dispersores”: pequeñas irregularidades como grietas, poros y cavidades, de apenas unos centímetros de tamaño, que se extienden hasta varios cientos de metros bajo la superficie.
Estas estructuras dispersan las microondas de forma similar a como la luz se dispersa en un cubito de hielo lleno de burbujas.
La conclusión no es alentadora para quienes esperaban atajos hacia el océano: estas grietas son demasiado pequeñas y superficiales como para servir como rutas eficientes para que oxígeno y nutrientes lleguen al agua líquida que hay debajo.
El dato central es incómodo pero crucial: si el hielo es tan grueso, la conexión entre la superficie y el océano es mucho más compleja de lo que se pensaba.
Eso no descarta la posibilidad de vida, pero sí condiciona los mecanismos por los cuales los ingredientes necesarios podrían llegar al océano subsuperficial. El transporte de energía, oxígeno y nutrientes tendría que atravesar decenas de kilómetros de hielo.
Comprender ese proceso es uno de los grandes retos de la astrobiología moderna.
Juno como antesala de Europa Clipper y JUICE

Estos resultados llegan en un momento clave. Tanto la misión Europa Clipper de la NASA como JUICE (de la Agencia Espacial Europea) ya están en camino al sistema de Júpiter. Europa Clipper llegará en 2030; JUICE, un año después.
Los datos de Juno funcionan como contexto fundamental para estas misiones. Saber cuán grueso es el hielo, cómo está estructurado y qué tan poroso es permitirá ajustar instrumentos, hipótesis y estrategias de observación cuando las nuevas sondas empiecen a sobrevolar Europa de forma sistemática.
Una luna que sigue guardando sus secretos
Europa sigue siendo uno de los lugares más intrigantes del sistema solar. Bajo su superficie aparentemente inerte podría esconderse un océano con más agua que todos los océanos de la Tierra juntos. Pero ahora sabemos que acceder a ese mundo oculto no será sencillo.
La medición de Juno no resuelve el misterio de la vida en Europa.
Pero sí coloca una pieza clave en el rompecabezas: el hielo es grueso, complejo y mucho más desafiante de lo que algunos esperaban.
Y eso hace que la próxima década de exploración sea todavía más interesante.