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Ciencia

Un ingrediente del jarabe para la tos podría demorar el deterioro cognitivo

Ya se están desarrollando ensayos más grandes con ambroxol para el mal de Parkinson.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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El jarabe para la tos de hoy podría convertirse mañana en el tratamiento para el mal de Parkinson. Las más recientes investigaciones en Reino Unido sugieren que un ingrediente común en el jarabe para la tos – el ambroxol – podría demorar el avance del mal de Parkinson.

El trabajo de un año fue llevado a cabo por científicos de St. Joseph’s Health Care de Londres, con 55 pacientes con deterioro cognitivo relacionado con mal de Parkinson. Toleraron bien la droga, y es probable que los síntomas de las personas se estabilizaran, en particular en los más vulnerables genéticamente a la enfermedad neurodegenerativa. En otros estudios, ya se ha empezado a probar el ambroxol para el mal de Parkinson y deterioros cognitivos relacionados, en ensayos más grandes.

“Estos hallazgos sugieren que el ambroxol puede proteger la función cerebral, en especial en quienes están genéticamente en riesgo. Ofrece una prometedora y nueva forma de tratamiento, para algo que hoy tiene pocas alternativas”, dijo el autor del trabajo Stephen Pasternak, neurocientífico cognitivo del Instituto de Investigación Lawson, brazo de investigación del St. Joseph’s Health Care de Londres, en declaraciones de la universidad.

El ambroxol se usa comúnmente como expectorante en los jarabes para la tos, y ayuda a ablandar el moco para que quien tiene una enfermedad respiratoria pueda expectorar flema para respirar mejor. Pero últimamente los científicos han estado especulando que también podría tratar la acumulación de alfa-sinucleína en el cerebro, principal impulsora del mal de Parkinson.

Todo apunta a que podría funcionar

En ensayos se descubrió que el ambroxol puede elevar los niveles de glucocerebrosidasa (GCase), otra proteína que ayuda a regular el sistema del metabolismo del cerebro. En personas con mal de Parkinson los niveles de GCase suelen disminuir a medida que aumentan los niveles anormales de alfa-sinucleína. Se sabe además que quienes tienen determinadas mutaciones genéticas que afectan a la función de la GCase tienen mayor riesgo de sufrir mal de Parkinson. Los científicos esperan que el ambroxol pueda reducir indirectamente la alfa-sinucleína al aumentar la GCase, revirtiendo o al menos deteniendo el avance del Parkinson.

Los investigadores eligieron al azar a personas con deterioro cognitivo relacionado con Parkinson para que recibieran, o bien un placebo o una alta dosis de ambroxol (por píldoras diarias) a lo largo de 12 meses. No hubo síntomas severos relacionados con el uso de la droga, según hallaron, y los efectos adversos comunes fueron gastrointestinales. Quienes recibían placebo también evidenciaron síntomas psiquiátricos de Parkinson que empeoraban, y un aumento en los niveles de GFAP (marcador en sangre de daño cerebral) en tanto que quienes recibían la dosis de ambroxol parecían no empeorar.

“Este ensayo inicial ofrece esperanzas, y brinda un fundamento sólido para seguir estudiando”, dijo Pasternak,

Los resultados del equipo se publicaron a fines del mes pasado en JAMA Neurology, pero no representan un triunfo porque, por ejemplo, no hubo diferencia cognitiva entre los grupos que recibieron placebo y quienes tomaban las píldoras. Los que tenían mutaciones genéticas relacionadas con la GCase y tomaban la droga tal vez evidenciaron mejoras en el nivel cognitivo pero el tamaño de la muestra fue demasiado pequeño como para tener certezas.

Dicho esto, se ha acumulado evidencia suficiente de que otros científicos también están probando el ambroxol. Hay al menos tres ensayos clínicos con esta droga para el mal de Parkinson y afecciones similares relacionadas con la GCase. El más grande de estos ensayos prueba el ambroxol en más de 300 personas con Parkinson a lo largo de dos años. Llevará años terminar con los estudios y llegar a alguna conclusión, pero si resultan exitosos estos trabajos el ambroxol bien podría convertirse en el primer tratamiento capaz de demorar la destrucción que causa el Parkinson.

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