Entre México y Hawái existe una enorme región del océano Pacífico que permanece prácticamente desconocida. Es la Zona Clarion-Clipperton, una extensa llanura abisal situada a miles de metros de profundidad y que también concentra un creciente interés por sus recursos minerales.
Ahora, una investigación internacional ha revelado hasta qué punto este ambiente extremo está lleno de formas de vida poco conocidas.
Un censo a más de 4.000 metros de profundidad
Los investigadores pasaron más de 160 días en el mar estudiando el fondo oceánico. Las zonas analizadas se encontraban a unos 4.280 metros de profundidad, donde no llega la luz solar y la disponibilidad de alimento es extremadamente baja.
A pesar de estas condiciones, el equipo recolectó 4.350 animales de más de 0,3 milímetros, presentes tanto sobre el lecho marino como dentro de sus sedimentos. El análisis permitió diferenciar 788 especies, entre ellas gusanos de cerdas, crustáceos, moluscos y un coral solitario que no había sido descrito anteriormente.
Debido a que numerosos organismos de estas profundidades todavía no están formalmente catalogados, los investigadores recurrieron ampliamente al análisis de ADN para diferenciarlos.

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Un ecosistema con pocos individuos pero enorme diversidad
Una de las particularidades de este ambiente es que puede existir una elevada variedad de especies aunque haya relativamente pocos animales.
Como comparación, una muestra de sedimento del Mar del Norte puede contener alrededor de 20.000 ejemplares. Una muestra comparable de esta región profunda del Pacífico puede presentar una diversidad de especies similar, pero contener apenas unos 200 individuos.
Esto convierte a la Zona Clarion-Clipperton en un ecosistema especialmente difícil de estudiar y plantea una pregunta importante: ¿hasta dónde se distribuye cada una de estas especies?
Los científicos todavía no tienen una respuesta clara.
Qué ocurre cuando la maquinaria altera el fondo
La investigación también examinó los posibles efectos de la minería en aguas profundas. Para ello se estudiaron áreas antes y después de que maquinaria destinada a simular operaciones mineras comerciales alterara directamente el lecho oceánico.
En las zonas afectadas, la densidad de animales disminuyó un 37 %, mientras que la riqueza de especies cayó un 32 %.
También se detectaron cambios en lugares alcanzados por las nubes de sedimento levantadas durante las operaciones. Sin embargo, los investigadores observaron que estas comunidades también presentan variaciones naturales. Durante los dos años de muestreo se produjeron cambios posiblemente relacionados con la cantidad de materia orgánica procedente de la superficie, por lo que diferenciar los efectos naturales de los causados por las alteraciones humanas sigue siendo uno de los desafíos.
El problema de proteger lo que todavía no conocemos
Aproximadamente el 30 % de la Zona Clarion-Clipperton está protegido frente a la minería, pero existen pocos datos sobre las especies presentes en esas áreas. Esa falta de información complica cualquier intento de calcular qué biodiversidad podría perderse si comienza una explotación minera a gran escala.
Por eso, uno de los próximos objetivos de los investigadores será estudiar las zonas protegidas y determinar si albergan las mismas especies encontradas en las áreas potencialmente explotables.
El descubrimiento de casi 800 especies deja así una paradoja: cuanto más se exploran las profundidades del Pacífico, más evidente resulta todo lo que todavía desconocemos sobre ellas.