Imagen: ESO

Se ha hablado mucho de los siete exoplanetas que orbitan la estrella TRAPPIST-1. Su propio descubrimiento fue un hito, después supimos que podían ser habitables, luego que probablemente no lo eran. Años más tarde de su hallazgo, un nuevo estudio detallado explica por qué dos de ellos probablemente sí lo son.

La estrella TRAPPIST-1 es una enana marrón de tipo M. Es menos luminosa que nuestro Sol (una estrella de tipo G) y por ello su zona habitable es mucho mas próxima. Desgraciadamente, esto también significa que probablemente los planetas del sistema estén sometidos a tanta radiación que su atmósfera hace tiempo que haya desaparecido llevándose consigo el agua líquida y la posibilidad de vida.

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Lo que el nuevo estudio ha analizado son las órbitas de los planetas relativas a su masa. Aunque los exoplanetas del sistema reciben muy poco calor por parte de su estrella, sus órbitas son muy excéntricas. Según los cálculos de los astrónomos Vera Dobos y Laszlo L. Kiss, eso hace que algunos de los exoplanetas sufran calentamiento interno por marea como ocurre con las lunas que orbitan Júpiter y Saturno.

De los diete exoplanetas (nombrados de la A a la H desde el más próximo a la estrella). Dobos y Kiss creen que TRAPPIST-1E y D tienen la proporción justa de calentamiento interno por marea como para mantener unas temperaturas cálidas estables sin entrar en una espiral de efecto invernadero que haga el planeta tan inhabitable como Venus.

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Las conclusiones coinciden con las observaciones del Telescopio Espacial Hubble, que a mediados del año pasado calculó que aunque TRAPPIST-1A y B eran inhabitables, los más exteriores podían tener océanos de agua líquida y una atmósfera lo bastante densa.

AĂşn no tenemos datos lo bastante exactos sobre la masa y composiciĂłn de caad exoplaneta como para dar por concluyente este nuevo estudio, pero la llama de la esperanza por encontrar un planeta habitable para la humanidad sigue viva en TRAPPIST. [vĂ­a Phys.org]