Photo: AP

Un nuevo estudio publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences ha puesto sobre la mesa que el glifosato daña la microbiota intestinal de las abejas, lo que podría estar relacionado con el reciente declive en la población de estos insectos.


Las abejas se están muriendo y nadie sabe bien por qué. Su mortalidad es atribuida a los pesticidas y al crecimiento de sus parásitos, pero al mismo tiempo se asume que el glifosato es inocuo para ellas, pues funciona inhibiendo una enzima que solo se encuentra en plantas y microorganismos.

Sin embargo, un equipo de investigadores de la Universidad de Texas ha descubierto que el glifosato puede destruir las bacterias intestinales de las abejas, lo que acaba exponiéndolas a infecciones bacterianas mortales.

El glifosato es el ingrediente activo de Roundup, el herbicida más vendido del mundo. Diseñado y fabricado por Monsanto (ahora propiedad de Bayer), Roundup inhibe una enzima de las plantas y de ciertos microorganismos que se llama 5-enolpiruvilshikimato-3-fosfato sintasa (o EPSPS).

Las bacterias que viven en el intestino de las abejas contienen esta misma enzima y ayudan a los insectos a prevenir infecciones y regular su salud.

Advertisement

Para el estudio, los investigadores expusieron a un grupo de jóvenes abejas obreras al glifosato y comprobaron cómo algunas de las bacterias de su intestino acabaron muriendo. Las abejas tienen ocho tipo de bacterias beneficiosas en su microbiota intestinal; cuatro de ellos redujeron su población al cabo de tres días.

No obstante, lo verdaderamente dramático ocurrió cuando los científicos expusieron a las abejas a una bacteria dañina común llamada Serratia marcescens. Las que habían sido expuestas al glifosato, con su capacidad de defenderse contra las infecciones dañada, comenzaron a morirse en masa. Solo una décima parte quedó viva tras ocho días de experimentación.

Bayer rechaza el estudio y asegura que el pequeño número de abejas evaluadas no es una muestra representativa. El gigante farmacéutico, que compró Monsanto en 2016 y luego eliminó su marca, continúa vendiendo Roundup como un herbicida industrial “no tóxico” para los animales.