Saltar al contenido
Ciencia

Un pequeño hongo amazónico puede alimentarse de plástico como si fuera madera. Su descubrimiento podría cambiar la historia de la contaminación.

Identificado por científicos de Yale, el Pestalotiopsis microspora es capaz de degradar poliuretano sin necesidad de luz ni oxígeno. Su metabolismo convierte residuos tóxicos en compuestos inocuos, un proceso que podría revolucionar el reciclaje del futuro.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (3)

Durante años, la humanidad ha intentado encontrar una forma de revertir la catástrofe que ella misma provocó: mares convertidos en vertederos, microplásticos flotando en el aire y suelos saturados de residuos. Pero en medio de la selva ecuatoriana, un grupo de científicos halló algo inesperado: un hongo que come plástico. Literalmente.

Se llama Pestalotiopsis microspora, y aunque su nombre parece salido de un laboratorio, es una creación natural. Lo descubrieron en 2011 investigadores de la Universidad de Yale durante una expedición a la Amazonia. Lo sorprendente no fue solo que pudiera degradar poliuretano —uno de los plásticos más persistentes—, sino que podía hacerlo en ausencia total de oxígeno, un rasgo casi único en el reino de los hongos.

Un hallazgo que comenzó en Buenos Aires

Descubren un hongo que come plástico: la especie natural que podría salvar al planeta
© Unsplash – Naja Bertolt Jensen.

El género Pestalotiopsis no es nuevo. Fue descrito por primera vez en 1880 en Buenos Aires por el micólogo argentino Carlos Luigi Spegazzini. Durante más de un siglo, los científicos lo consideraron un simple hongo endófito, es decir, una especie que vive dentro de las plantas sin dañarlas. Pero el ejemplar hallado en Ecuador cambió esa historia para siempre.

Mientras exploraban la selva, los investigadores de Yale recolectaron hojas en descomposición que parecían contener microorganismos inusuales. En el laboratorio, observaron cómo las colonias del hongo comenzaban a degradar el poliuretano sólido, como si lo “digirieran”. Lo que para nosotros es un material prácticamente eterno, para este organismo era comida.

Un metabolismo fuera de lo común

La clave del Pestalotiopsis microspora reside en sus enzimas. Estas proteínas actúan como pequeñas tijeras moleculares capaces de romper los enlaces químicos del plástico y transformarlo en compuestos más simples, que el hongo luego utiliza como fuente de energía.
Y lo hace en condiciones extremas: sin luz, sin oxígeno y a temperaturas que matarían a otros microorganismos.

Esa capacidad lo convierte en un candidato ideal para operar en entornos cerrados o subterráneos, como vertederos sellados o plantas de reciclaje, donde los métodos tradicionales no funcionan. En teoría, podría instalarse en espacios donde toneladas de plástico permanecen enterradas durante siglos, acelerando su degradación de forma natural.

De la selva al laboratorio: una esperanza que todavía espera su momento

Descubren un hongo que come plástico: la especie natural que podría salvar al planeta
© BBC World Service.

El hallazgo fue recibido con entusiasmo en la comunidad científica, pero aún no ha pasado del laboratorio. Los estudios actuales buscan aislar las enzimas responsables del proceso y adaptarlas a una escala industrial. El reto, según los expertos, es controlar el ritmo del metabolismo sin alterar el equilibrio ecológico.

Hasta ahora, el Pestalotiopsis microspora sigue siendo un símbolo más que una solución. No existen aplicaciones comerciales directas, y la mayoría de los ensayos se han realizado en entornos controlados. Pero el principio está demostrado: la naturaleza ya inventó una manera de comerse nuestro plástico, solo falta aprender a replicarla sin consecuencias colaterales.

El contexto global de una crisis sin freno

Cada año, el mundo produce más de 400 millones de toneladas de plástico, de las cuales apenas un 9 % se recicla. El resto termina en vertederos, océanos o incineradoras. Los microplásticos han sido detectados en el aire, en la sangre humana e incluso en la placenta.

Frente a esa realidad, el hongo descubierto en Ecuador representa una ventana evolutiva: una muestra de cómo la vida encuentra caminos donde la tecnología fracasa. Su existencia plantea una pregunta incómoda: si un organismo tan simple puede adaptarse para limpiar lo que destruimos, ¿por qué nosotros no podemos hacerlo con mayor voluntad?

Un futuro donde los hongos limpian el mundo

Algunos científicos ya imaginan escenarios donde colonias de hongos biodegradadores se utilicen para procesar residuos a gran escala o para restaurar ecosistemas dañados. En lugar de máquinas, serían seres vivos los que trabajen bajo tierra, descomponiendo lentamente los desechos del siglo XX.

Por ahora, el Pestalotiopsis microspora sigue siendo un habitante discreto de los laboratorios y las selvas tropicales. Pero su historia recuerda una verdad profunda: la naturaleza no necesita de nosotros para innovar. Mientras el planeta se ahoga en plástico, quizá la respuesta más poderosa ya esté creciendo, en silencio, bajo una hoja húmeda del Amazonas.

Compartir esta historia

Artículos relacionados