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Han encontrado momias de 7000 años en pleno Sáhara cuyo ADN no coincide con ningún grupo humano conocido. El hallazgo revela una población aislada durante milenios que desapareció sin dejar descendencia clara

No se trata de “no humanos”, sino de algo más inquietante: un linaje humano que quedó completamente fuera del mapa genético actual.

Respirar hoy en el desierto de Sáhara es enfrentarse a un océano de arena abrasador. Sin embargo, hace miles de años aquel mismo desierto escondía lagos, praderas y bosques donde comunidades humanas se asentaban, cazaban y pastoreaban. En ese paisaje fértil vivió un pueblo enigmático cuyo ADN acaba de revelar un secreto inesperado: no coincide con el de los humanos modernos.

El Sáhara que fue jardín

Entre hace 14.800 y 5.500 años, el Sáhara vivió su época verde. Tenía agua suficiente para sostener animales y asentamientos humanos. En ese contexto, en lo que hoy es el suroeste de Libia, prosperó la comunidad de Takarkori, un abrigo rocoso donde la arqueología ha desenterrado restos que reescriben lo que creíamos saber sobre la historia genética del continente africano.

Un hallazgo casi imposible

Las momias de 7.000 años que desconciertan a la ciencia. En el Sáhara apareció un linaje humano desconocido y aislado durante milenios
© Youtube / Explore Wonders.

La arqueogenetista Nada Salem, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, y su equipo lograron lo que parecía improbable: extraer el ADN utilizable de dos momias naturales de 7.000 años, a pesar de las condiciones áridas que casi siempre destruyen el material genético. Los resultados, publicados en Nature, revelaron que no pertenecían a poblaciones subsaharianas, como cabría esperar, sino a un linaje norteafricano completamente desconocido.

Un linaje perdido en el tiempo

El análisis mostró que estos individuos estaban emparentados con los cazadores-recolectores de Taforalt, en Marruecos, de hace 15.000 años. Ambos grupos mantenían grandes distancias genéticas respecto al África subsahariana, lo que indica que durante milenios apenas hubo intercambio genético entre norte y sur. En otras palabras, el Sáhara actuó como un muro natural que aisló poblaciones enteras.

Aún más desconcertante fue el hallazgo de rastros de genes neandertales: menos que los europeos, pero más que otros pueblos africanos contemporáneos. Una señal de contactos fugaces con poblaciones externas, tal vez agricultores del Levante.

Cultura antes que migraciones

Han encontrado momias de 7000 años en pleno Sáhara cuyo ADN no coincide con ningún grupo humano conocido. El hallazgo revela una población aislada durante milenios que desapareció sin dejar descendencia clara
© Nature.

El gran descubrimiento cuestiona la idea clásica de que la agricultura se expandió en África por migraciones. En Takarkori, los investigadores encontraron pruebas de pastoreo y técnicas avanzadas de cerámica y cestería, lo que sugiere que la innovación viajó como conocimiento cultural más que como sangre nueva. Un escenario donde la adaptación se transmitía de comunidad en comunidad sin necesidad de desplazamientos masivos.

El jardín enterrado bajo la arena

¿Por qué estuvieron tan aislados? Los propios paisajes del Sáhara verde ofrecían la respuesta: lagos, humedales, montañas y sabanas funcionaban como barreras naturales que mantenían a los pueblos separados. Con el tiempo, el desierto se secó y ese linaje quedó enterrado junto con su historia.

Tal vez aún haya momias escondidas bajo la arena, esperando ser encontradas. Y con ellas, nuevas piezas de un rompecabezas que podría mostrar cuántos capítulos de nuestra evolución siguen ocultos en el mayor desierto del mundo.

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