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Ciencia

El universo está lleno de agujeros negros que la física actual no puede explicar. Ahora los científicos encontraron evidencia de que muchos de ellos nacen tras múltiples colisiones y no directamente de estrellas

Astrónomos encontraron evidencia de que algunos agujeros negros gigantes no nacen directamente de estrellas, sino que son el resultado de múltiples fusiones anteriores. El hallazgo ayuda a explicar una misteriosa categoría de objetos considerados “imposibles” por los modelos clásicos.
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Durante años, los astrónomos pensaron que entendían bastante bien cómo nacen los agujeros negros. Las estrellas gigantes colapsan, la gravedad comprime su núcleo hasta extremos inimaginables y aparece uno de los objetos más violentos del universo. Simple. O al menos eso parecía.

El problema empezó cuando los detectores de ondas gravitacionales comenzaron a encontrar agujeros negros que no encajaban en ninguna categoría conocida. Algunos eran demasiado grandes para haberse formado mediante la muerte de una estrella normal, pero demasiado pequeños para pertenecer al grupo de los agujeros negros supermasivos que habitan el centro de las galaxias.

En teoría, esos objetos no deberían existir. Y sin embargo, el universo está lleno de ellos.

Ahora, un nuevo estudio publicado en Nature Astronomy acaba de ofrecer la explicación más sólida hasta el momento: el cosmos estaría reciclando agujeros negros para fabricar otros todavía más grandes.

El extraño caso de los agujeros negros “imposibles”

El universo está lleno de agujeros negros que la física actual no puede explicar. Ahora los científicos encontraron evidencia de que muchos de ellos nacen tras múltiples colisiones y no directamente de estrellas
© Pexels / Iceberg San.

Los agujeros negros estelares tradicionales suelen tener entre 10 y 40 veces la masa del Sol. Nacen cuando estrellas enormes agotan su combustible y colapsan bajo su propia gravedad. En el otro extremo aparecen los monstruos supermasivos, con millones o miles de millones de masas solares, situados en el corazón de las galaxias. Pero entre ambos grupos existe una franja incómoda: agujeros negros de entre 40 y 100 masas solares.

Ahí empiezan los problemas para la física. Las teorías actuales indican que estrellas suficientemente masivas como para producir directamente agujeros negros de ese tamaño deberían explotar de una manera diferente antes de llegar a colapsar. En otras palabras: la evolución estelar convencional no puede fabricar fácilmente objetos en ese rango de masas.

Por eso muchos investigadores comenzaron a llamarlos agujeros negros “imposibles”. Sin embargo, las detecciones siguieron acumulándose.

Las ondas gravitacionales empezaron a mostrar algo extraño

Todo cambió en 2015, cuando los observatorios de ondas gravitacionales detectaron por primera vez una colisión entre agujeros negros. Aquella señal confirmó algo histórico: el espacio-tiempo realmente vibra cuando objetos extremadamente densos chocan entre sí.

Desde entonces, detectores como LIGO, Virgo y KAGRA comenzaron a registrar decenas de fusiones similares. Cada una funciona como una especie de “huella” gravitacional capaz de revelar detalles sobre masa, velocidad y rotación de los agujeros negros involucrados. Y ahí apareció la pista clave.

El nuevo estudio analizó 153 detecciones confiables de fusiones. Entre ellas, 34 correspondían a agujeros negros particularmente pesados. Cuando los investigadores compararon sus características, encontraron algo muy llamativo: los agujeros negros pequeños mostraban rotaciones relativamente ordenadas y alineadas, exactamente como predicen los modelos clásicos de formación estelar. Pero los más grandes no.

El universo parece estar ensamblando agujeros negros a partir de otros anteriores

Los agujeros negros más masivos giraban rápido y en direcciones caóticas. Esa diferencia importa muchísimo. Según los investigadores, esa firma estadística solo aparece cuando un agujero negro ya participó anteriormente en otra colisión. Es decir: muchos de estos objetos serían el resultado de fusiones previas entre agujeros negros más pequeños. En lugar de nacer directamente de una estrella, habrían sido “construidos”.

La doctora Isobel M. Romero-Shaw, coautora del estudio, explicó que esta es exactamente la señal que los científicos esperaban encontrar si los agujeros negros estuvieran fusionándose repetidamente dentro de cúmulos estelares extremadamente densos. La idea parece casi absurda, pero encaja perfectamente con las observaciones.

En ciertas regiones del universo, enormes concentraciones de estrellas y agujeros negros podrían generar verdaderas cadenas de colisiones gravitacionales. Dos agujeros negros chocan y forman uno más grande. Luego ese nuevo agujero negro vuelve a colisionar con otro. Y así sucesivamente. El universo, literalmente, estaría reciclándose a sí mismo.

Nunca vimos estos agujeros negros directamente, pero sabemos que están ahí

El universo está lleno de agujeros negros que la física actual no puede explicar. Ahora los científicos encontraron evidencia de que muchos de ellos nacen tras múltiples colisiones y no directamente de estrellas
© Unsplash / NASA Hubble Space Telescope.

Lo más fascinante es que muchos de estos objetos siguen siendo invisibles para los telescopios tradicionales. No emiten luz detectable. Tampoco producen señales claras en rayos X como otros agujeros negros activos. Pero las ondas gravitacionales cambiaron completamente las reglas del juego.

Cada colisión hace vibrar el tejido mismo del espacio-tiempo, y esas vibraciones contienen información suficiente para reconstruir las masas y propiedades de los objetos involucrados.

Gracias a eso, los astrónomos ahora pueden estudiar estructuras que antes eran prácticamente inaccesibles. Y lo que están encontrando empieza a desafiar varias ideas clásicas sobre la evolución cósmica.

El hallazgo podría cambiar la forma en que entendemos el universo extremo

Hasta hace poco, muchos científicos creían que los agujeros negros “imposibles” eran rarezas excepcionales. Pero las nuevas detecciones sugieren que podrían ser mucho más comunes de lo esperado. Eso significa que las fusiones repetidas podrían desempeñar un papel central en la construcción de algunos de los objetos más extremos del cosmos.

También abre otra posibilidad todavía más inquietante: quizá algunos agujeros negros supermasivos comenzaron exactamente así, creciendo lentamente mediante generaciones sucesivas de colisiones.

Si eso es correcto, entonces el universo no solo crea agujeros negros. Los reutiliza, los mezcla y los transforma constantemente en versiones cada vez más gigantescas. Como una especie de cadena evolutiva cósmica construida a partir de gravedad pura.

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