A lo largo de los siglos, miles de barcos han desaparecido bajo las aguas, arrastrando consigo historias, vidas y materiales peligrosos. Aunque muchas de estas embarcaciones siguen sin localizarse, ahora un equipo de científicos ha encontrado una manera innovadora de descubrirlas. Con la ayuda de satélites e inteligencia artificial, están leyendo en el color del océano lo que antes permanecía oculto.
Naufragios invisibles, señales visibles
Desde los tiempos de Trafalgar hasta las grandes guerras del siglo XX, los océanos han servido de cementerio para millones de embarcaciones. La UNESCO estima que hay más de tres millones de naufragios en mares y lagos del mundo, pero conocemos la ubicación de apenas el 10%.
Aunque estos restos a menudo son considerados valiosos desde una perspectiva arqueológica o incluso ecológica, muchos de ellos se han convertido en focos de contaminación. La corrosión de los metales pesados, los combustibles atrapados y las municiones aún presentes en sus entrañas pueden alterar gravemente los frágiles ecosistemas marinos.
Un equipo de las universidades de Oxford y Southampton decidió abordar este problema desde un ángulo diferente: no buscar los barcos directamente, sino las secuelas que dejan en el entorno. Gracias a imágenes de Google Earth y a una red neuronal convolucional, identificaron cambios químicos y biológicos en arrecifes que indicaban la presencia de restos sumergidos.
El hierro y su huella tóxica
El estudio se centró en ocho atolones e islas del océano Pacífico e Índico, donde los científicos detectaron una particular señal: una decoloración entre marrón oscuro y negro en los arrecifes de coral. Este fenómeno, conocido como “arrecife negro”, se asocia casi exclusivamente a naufragios metálicos, especialmente aquellos fabricados con hierro durante las guerras mundiales.
La alteración química generada por el hierro —inexistente en arrecifes vírgenes— permite la proliferación de algas invasoras y bacterias que afectan negativamente el entorno. Además, a medida que los barcos se descomponen, liberan otras sustancias peligrosas. En muchos casos, estos cambios son tan visibles que pueden detectarse incluso desde el espacio.
“Se observa una zona clara de arena que, sin previo aviso, empieza a teñirse de negro o marrón oscuro. Esa es la señal”, explicó Alexandra Karamitrou, arqueóloga e investigadora principal del proyecto. Las imágenes, entrenadas con inteligencia artificial, no solo han permitido identificar restos ya conocidos, sino también detectar naufragios previamente ignorados.

Revelaciones inesperadas bajo el mar
Uno de los hallazgos más sorprendentes se produjo en Kenn Reef, en el mar del Coral, donde la IA detectó un arrecife negro sin que se tuviera constancia de naufragios en la zona. Tras una expedición, se encontraron grandes bloques de hierro, posibles restos de una embarcación no registrada o desplazada por las corrientes.
Otro caso relevante fue el del arrecife de Kwajalein, en las Islas Marshall. Allí, un naufragio visible en imágenes satelitales de 2005 se mostraba relativamente entero. Pero en 2022, las nuevas imágenes revelaron que el casco se había fragmentado, esparciendo restos que generaron un intenso cambio de color en el arrecife. En menos de 20 años, los procesos de descomposición pasaron de ser lentos a devastadores.
Estos descubrimientos abren un debate urgente: ¿cuántos otros pecios están comenzando a deteriorarse y liberar contaminantes sin que lo sepamos? Las costas del Reino Unido, el Mediterráneo y otras zonas de conflicto histórico albergan cientos de embarcaciones olvidadas, y sus consecuencias podrían estar manifestándose ahora, de forma silenciosa y dañina.
Una herramienta para la conservación futura
Más allá del valor arqueológico, esta tecnología ofrece un recurso vital para la protección ambiental. La IA no solo permite identificar naufragios invisibles, sino que también puede monitorear la evolución de la decoloración y el daño ecológico con el tiempo. Esto convierte al sistema en una herramienta potente para la vigilancia marina y la toma de decisiones en conservación.
El estudio demuestra que, incluso con recursos limitados, es posible construir sistemas de detección eficaces. Y si bien aún queda mucho por descubrir, esta combinación de inteligencia artificial y análisis satelital inaugura una nueva etapa en el modo de estudiar los océanos.
Los naufragios, silenciosos y olvidados, están contando sus historias a través del color del agua. Ahora podemos escucharlas.
[Fuente: ElPaís]