Un equipo liderado por Rikard Karlsson, de la consultora ambiental MMT Sweden, en colaboración con la petrolera noruega Equinor, investigó la colonización de vida marina en el Hywind Scotland Pilot Park, el primer parque eólico marino flotante del mundo, construido en 2017 y ubicado a unos 25 kilómetros al este de Peterhead, en la costa escocesa. El trabajo se publicó en la revista Wind Energy Science, de acceso abierto.
A diferencia de las turbinas fijas ancladas directamente al fondo marino, las cinco turbinas de Hywind flotan en aguas de entre 100 y 130 metros de profundidad, sostenidas por anclajes de succión y cadenas de amarre. Sus estructuras submergidas se extienden unos 80 metros bajo la superficie, funcionando como un péndulo que mantiene estable a toda la turbina.
Un vehículo robótico con cámara de alta definición

Para examinar la infraestructura sin poner en riesgo a ningún buzo, el equipo utilizó un vehículo operado remotamente (ROV) equipado con una cámara de alta definición, iluminación LED y dos láseres paralelos separados 10 centímetros entre sí, usados como referencia para medir el tamaño de los organismos observados. En total se analizaron 41 estructuras y componentes: las subestructuras de las turbinas, las líneas de amarre, los anclajes de succión y los cables submarinos que conectan el parque.
Casi 16.000 organismos y ningún invasor

El análisis identificó 121 taxones distintos repartidos en 11 filos, con una estimación de 15.997 individuos registrados en total. El taxón móvil más abundante fue el de las estrellas de mar, probablemente la especie común Asterias rubens, seguido de erizos de mar pequeños. No se detectó ninguna especie invasora ni no autóctona durante el relevamiento de 2020.
La distribución de especies cambiaba claramente según la profundidad: anémonas plumosas (Metridium senile) y gusanos tubícolas del género Spirobranchus dominaban las secciones inferior y media de las turbinas, entre los 80 y los 20 metros, mientras que algas pardas y mejillones azules (Mytilus spp.) predominaban en las secciones superiores, entre los 20 y los 0 metros.
El hallazgo que generó más cautela: un posible coral de aguas profundas

El dato más delicado del estudio fue la identificación de tres posibles colonias jóvenes del coral de aguas profundas Desmophyllum pertusum (antes conocido como Lophelia pertusa) a lo largo de un cable submarino entre dos de las turbinas, con una de ellas midiendo unos 20 centímetros de diámetro a 73,5 metros de profundidad.
Los propios investigadores fueron cautos: la forma de la colonia resultaba atípica para la especie, aunque formaciones similares en forma de domo ya se habían documentado antes en plataformas petroleras del Mar del Norte. Confirmar la identificación con certeza habría requerido imágenes más cercanas del cáliz del coral, algo que el vehículo robótico no permitió obtener. Esta especie de coral no se había registrado antes específicamente en esta zona, aunque sí existen arrecifes de coral de aguas frías de forma natural en la plataforma continental al oeste de Escocia.
¿Las turbinas generan vida marina nueva, o solo la trasladan?
Comparando los datos de 2018 y 2020, el equipo detectó un aumento significativo en la cobertura de organismos sobre los anclajes de succión y las líneas de amarre, aunque no así sobre las propias subestructuras de las turbinas. El grosor de esa cobertura, en cambio, mostró resultados más variables según el tipo de organismo.
Las superficies duras que introducen estas estructuras en el fondo marino facilitan la colonización en zonas donde antes no existía ningún sustrato firme disponible, generando comunidades similares a pequeños arrecifes artificiales. Pero los propios autores advierten que encontrar abundante vida marina no equivale automáticamente a un aumento neto de la biodiversidad oceánica: parte de esos organismos podría simplemente haber trasladado su actividad hacia las nuevas estructuras en lugar de representar un crecimiento poblacional real, y la instalación de este tipo de parques eólicos también puede generar otros impactos ecológicos que el estudio no midió.