Fremantle Ports, la empresa de restauración marina Byssal y la agencia estatal DevelopmentWA sembraron unas 20 toneladas de mejillones azules, alrededor de 770.000 ejemplares de la especie Mytilus galloprovincialis, sobre un tramo del rompeolas de las instalaciones de uso común del Complejo Marino Australiano, en Henderson, dentro de la ensenada de Cockburn Sound, en Australia Occidental. Según describió Fremantle Shipping News, el proyecto piloto busca aprovechar una infraestructura portuaria ya existente para convertirla en un filtro vivo, sin necesidad de construir una estructura nueva desde cero.
El proyecto lleva el nombre de muro verde o greenwall, y consiste en aprovechar una pared portuaria existente para crear una superficie viva, cubierta de mejillones locales y preparada para atraer a otras especies marinas.
Cómo un mejillón limpia el agua sin hacer nada especial

Los mejillones se alimentan haciendo pasar agua por sus branquias, y en ese proceso retienen fitoplancton, partículas en suspensión y parte de los nutrientes presentes en la columna de agua, lo que puede mejorar su claridad. Un ejemplar adulto puede filtrar hasta unos tres litros por hora, según los responsables del proyecto.
Multiplicado por los cerca de 770.000 animales sembrados, el efecto podría superar los dos millones de litros filtrados cada hora, un volumen diario equivalente a más de 23 piscinas olímpicas según el cálculo difundido por los promotores. Conviene aclarar que esa cifra todavía es una capacidad potencial, no un resultado ecológico confirmado: el éxito real dependerá de que los mejillones sobrevivan, crezcan y formen una población capaz de sostenerse por sí sola con el tiempo.
Mucho más que agua clara: un arrecife accidental
La utilidad de los mejillones no termina en la filtración. Sus conchas crean huecos y pequeñas zonas de refugio donde pueden instalarse algas, crustáceos y peces juveniles, lo que hace que una pared de roca empiece, poco a poco, a parecerse a un pequeño arrecife. También se integran a la cadena alimentaria de especies importantes de la zona, como el pargo rosado, los cangrejos nadadores y los pingüinos pequeños, lo que podría convertir el muro en una zona de alimentación y cría.
Los mejillones se fijan a la roca mediante filamentos llamados hilos de biso, una especie de pegamento natural muy resistente. Al unirse entre ellos y a la superficie, podrían ayudar además a estabilizar el terreno y reducir parte de la erosión local provocada por el movimiento constante del agua.
Una ensenada que perdió el 80% de sus praderas marinas

Cockburn Sound tuvo en el pasado extensas praderas marinas y una importante actividad de cultivo de mejillones. La industrialización, el exceso histórico de nutrientes, la pérdida de hábitat y el calentamiento del océano debilitaron ese sistema con el tiempo: según datos de Recfishwest, cerca del 80% de sus praderas marinas se perdió desde la década de 1960.
La pérdida de claridad del agua agrava el problema, porque impide que la luz llegue con suficiente intensidad al fondo marino, dificultando el crecimiento de las praderas. Cuando esas praderas desaparecen, también se pierde refugio para peces, estabilización de sedimentos y almacenamiento natural de carbono, así que el objetivo del proyecto no es solo colocar moluscos sobre una pared, sino recuperar parte de la productividad biológica que existía cuando los bancos y cultivos de mejillones eran mucho más abundantes en la zona.
Lo que todavía hay que demostrar
El equipo realizará mediciones antes y después de la siembra para vigilar la supervivencia y el crecimiento de los mejillones, los posibles cambios en la calidad del agua, la capacidad real de filtración y la respuesta de la biodiversidad local. Jodie Ransom, directora ejecutiva de Fremantle Ports, señaló que el ensayo permitirá probar una solución basada en la naturaleza que podría aportar beneficios ambientales reales, y que también podría influir en la manera de diseñar y gestionar entornos portuarios en el futuro.
Dean Thorburn, director y científico principal de Byssal, explicó que se están utilizando mejillones sanos y cultivados localmente con un método sencillo, y que si el proyecto tiene éxito, podría servir de modelo para puertos y otros entornos marítimos de toda Australia. La empresa ya cuenta con 50 toneladas adicionales de mejillones azules creciendo en sus granjas de Cockburn Sound, además de equipos capaces de multiplicar esa producción hasta 40 veces si los datos del piloto justifican escalar el proyecto.