En Jaén, la provincia española que concentra una de las mayores superficies de olivar del mundo, la tierra tiene dos usos que suelen competir entre sí: producir aceitunas o producir energía solar. Cada hectárea cubierta por una planta fotovoltaica convencional es una hectárea que deja de ser olivar. Un proyecto en el municipio de Vilches quiere demostrar que no hace falta elegir.
La empresa aceitera Acesur, junto con la firma de energía Greening y con el asesoramiento de la Universidad de Jaén, está instalando una planta solar directamente sobre un olivar tradicional, sin arrancar ni un solo árbol. El concepto tiene un nombre propio: olivoltaica.
Paneles por encima de los olivos
El sistema ocupa una parcela de unas cinco hectáreas junto a la planta industrial de Acesur. Más de 5.000 módulos fotovoltaicos se montan sobre estructuras de acero a más de cuatro metros de altura, con una inclinación de 30 grados hacia el sur y una separación de 1,7 metros entre filas. La potencia prevista ronda los 3,6 megavatios pico, y se complementa con un sistema de baterías.
La altura no es un capricho. Los olivos de la zona alcanzan unos dos metros, pero la cosechadora cabalgante que se usa para recolectar, una máquina que abraza cada tronco y lo sacude para que caigan las aceitunas, llega a unos 3,5 metros. Los paneles tenían que quedar por encima de ella para no interferir con la cosecha.
Más del 20% de la parcela quedará sin paneles como zona de control. Eso permitirá comparar, árbol por árbol, qué cambia bajo la sombra parcial de los módulos.
La ciencia detrás de la sombra
La gran pregunta de la agrivoltaica es cuánta sombra tolera un cultivo sin perder producción. Investigadores de la Universidad de Jaén estudiaron ese equilibrio para el olivar en un trabajo publicado en 2023 en la revista Applied Energy. Según sus modelos, los paneles deben dejar pasar entre el 57% y el 71% de la luz, según la ubicación, para no afectar el rendimiento de los olivos.
La universidad usará el proyecto de Vilches como laboratorio vivo. Medirá la productividad agrícola, el estrés hídrico de los árboles, la temperatura del suelo y la interacción entre ambas actividades. En climas tan calurosos como el del sur de España, la sombra parcial podría incluso ayudar a reducir la evaporación del agua y el estrés por calor, aunque eso es justamente lo que el ensayo debe comprobar.
Energía para la propia fábrica
La electricidad no irá a la red, sino al autoconsumo de la planta de Acesur en Vilches, que podrá cubrir alrededor del 95% de su demanda eléctrica anual. Según la información publicada sobre el proyecto, la instalación recibió 2,8 millones de euros de ayuda del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), dentro de un plan de descarbonización de la empresa que incluye también un sistema de generación de vapor con sales fundidas.
La construcción comenzó en abril de 2026 y el conjunto del plan está previsto para 2028. Si se cumple, las emisiones de la planta pasarían de unas 25.400 toneladas de CO2 equivalente en 2021 a alrededor de 3.000 por año.
Una tendencia que crece en el mundo
La agrivoltaica, la combinación de paneles solares y cultivos en el mismo terreno, avanza en varios países como respuesta al conflicto por el uso del suelo. Alemania, Francia, Italia y Japón ya tienen proyectos con viñedos, frutales y hortalizas bajo paneles elevados. El olivar es un caso especialmente interesante por su enorme extensión en el Mediterráneo y por la necesidad de adaptar las estructuras a la maquinaria de cosecha.
El experimento de Vilches todavía tiene que demostrar que los olivos producen lo mismo bajo los paneles. Pero si funciona, abriría una puerta a sumar energía solar en millones de hectáreas de cultivo sin restar ni un árbol.