57 “caras” para una misma estrella
El hito del estudio —publicado en Astronomy & Astrophysics— se resume en una cifra: 57. Al observar 57 líneas espectrales moleculares simultáneamente, los científicos obtuvieron 57 “rostros” de la estrella. Cada molécula actúa como un filtro distinto y revela capas específicas de la atmósfera, según su temperatura, densidad y el régimen de colisiones.
Esa “tomografía química” muestra que W Hydrae no es uniforme: su atmósfera cambia de aspecto según qué especie se observe. Algunas trazan capas casi circulares; otras destacan arcos, columnas y asimetrías que delatan un entorno en constante remodelación.
✨W Hydrae se desuscribe del universo 😔 pic.twitter.com/DJrJBTIUMU
— Observatorio ALMA📡 (@ALMAObs_esp) December 5, 2025
Un laboratorio natural para entender la pérdida de masa
W Hydrae es una estrella del tipo AGB (rama asintótica de las gigantes), una fase avanzada en la que las estrellas pulsan, forman polvo y pierden masa hacia el espacio. La resolución alcanzada por ALMA —del orden de 17–20 milisegundos de arco— permitió resolver el disco estelar y seguir el gas muy cerca de la “superficie”, justo donde empieza el escape de material.
Las imágenes revelan una atmósfera que, si W Hydrae estuviera en el centro del Sistema Solar, engulliría las órbitas de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Pero lo más revelador es la dinámica: el viento estelar no es un flujo simple. Hay gas que sale a ~10 km/s, y capas superiores donde parte del material retrocede hasta ~13 km/s. Este vaivén apunta a un equilibrio inestable gobernado por pulsaciones, choques y convección.
Del gas al polvo, casi en tiempo real
La clave para que el material escape no es solo el gas, sino la formación de polvo, que luego es acelerado por la radiación de la estrella. Para seguir ese proceso, el equipo comparó las observaciones de ALMA con imágenes del instrumento SPHERE del VLT tomadas nueve días antes. La coincidencia temporal permitió asociar moléculas concretas con nubes de polvo visibles en luz óptica.
El patrón sugiere que algunas especies químicas aparecen justo donde el polvo se está formando, participando en los primeros pasos de la nucleación. Otras se concentran en regiones donde dominan reacciones inducidas por colisiones. Distinguir estos comportamientos es crucial para calibrar modelos que expliquen cuándo y cómo el viento logra vencer la gravedad.
🌟 ALMA ha observado a la estrella W Hydrae —una gigante roja moribunda a 320 años-luz— y ha revelado 57 “caras” distintas de su atmósfera, cada una trazada por una molécula diferente. pic.twitter.com/wszmlAJGaI
— David García 🔭 (@DavidAstronomo) December 2, 2025
Por qué importa para el futuro del Sol
Comprender la pérdida de masa en estrellas AGB sigue siendo uno de los problemas abiertos de la astrofísica estelar. Lo que W Hydrae enseña es que el proceso es intermitente y caótico, no un soplo continuo. Y ese detalle importa: el material expulsado fertiliza el medio interestelar con elementos y compuestos que acabarán formando nuevas estrellas y planetas.
En última instancia, W Hydrae funciona como un espejo del porvenir. Cuando el Sol alcance una fase similar, su atmósfera se expandirá, pulsará y liberará materia en un proceso complejo y variable. Gracias a esta observación sin precedentes, ese futuro lejano ya no es una abstracción: tiene 57 caras y una física cada vez mejor entendida.
Fuente: Meteored.