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Ciencia

Una IA encontró un agujero negro “huérfano” devorando una estrella a 30.000 años luz del centro de su galaxia

Un algoritmo diseñado para analizar cientos de miles de destellos celestes detectó una señal en un lugar inesperado: la periferia de una galaxia situada a 750 millones de años luz. Las observaciones posteriores revelaron un agujero negro masivo que permanecía oculto hasta que destrozó una estrella cercana.
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La inteligencia artificial encontró una señal fuera de lugar

La Instalación de Transitorios Zwicky, conocida como ZTF, observa el cielo desde el Observatorio Palomar y registra alrededor de medio millón de cambios de brillo cada noche. Revisarlos manualmente sería imposible, por lo que los astrónomos utilizan algoritmos para separar supernovas, estrellas variables y otros fenómenos transitorios.

En agosto de 2025, un equipo de la Universidad de Maryland activó una versión modificada de su sistema de aprendizaje automático tdescore. A diferencia de búsquedas anteriores, el algoritmo no se limitaba a examinar el centro de las galaxias, sino que buscaba llamaradas compatibles con eventos de disrupción de marea en cualquier posición. Tres meses después identificó TDE 2025abcr.

La IA no “vio” directamente el agujero negro. Reconoció en la evolución del brillo una firma parecida a la producida cuando una estrella pasa demasiado cerca de uno de estos objetos.

Una estrella brilló como 10.000 millones de soles

El fenómeno ocurrió en una galaxia situada aproximadamente a 750 millones de años luz, en la constelación de Cetus. Durante varios meses, la llamarada emitió en ultravioleta un brillo equivalente al de unos 10.000 millones de soles y llegó a superar temporalmente la luminosidad de toda su galaxia anfitriona.

En un evento de disrupción de marea, la diferencia de gravedad entre el lado cercano y el lejano de una estrella termina estirándola y destruyéndola. Parte de su material escapa, mientras el resto forma una corriente de gas caliente alrededor del agujero negro.

Telescopios terrestres, incluido SOAR en Chile, analizaron el espectro de la llamarada y detectaron señales de hidrógeno y helio compatibles con este proceso. El observatorio espacial Swift de la NASA midió además una temperatura cercana a los 30.000 grados Celsius.

Las estimaciones sitúan la masa del agujero negro entre uno y diez millones de masas solares. Es mucho mayor que un agujero negro formado por el colapso de una estrella, pero considerablemente menor que el objeto supermasivo que probablemente ocupa el núcleo de la galaxia.

Estaba a unos 30.000 años luz del centro

Lo verdaderamente excepcional es su ubicación. TDE 2025abcr apareció a aproximadamente nueve kilopársecs, cerca de 30.000 años luz, del núcleo galáctico. Las observaciones tampoco muestran una galaxia claramente visible alrededor del agujero negro.

El término “huérfano”, sin embargo, es una metáfora. Una posibilidad es que originalmente perteneciera a una pequeña galaxia que fue absorbida por otra mayor. Sus estrellas habrían sido arrancadas lentamente hasta dejar un núcleo compacto y difícil de detectar alrededor del agujero negro.

Observaciones posteriores con Webb y Keck encontraron que podría existir allí un cúmulo estelar de unas decenas de millones de masas solares. De confirmarse, sería compatible con los restos de una galaxia satélite desmantelada durante una fusión menor.

Otra hipótesis plantea una interacción entre tres agujeros negros. Cuando varias galaxias se fusionan, sus objetos centrales pueden formar un sistema gravitatorio inestable capaz de expulsar al más ligero hacia la periferia. Los datos actuales no permiten descartar completamente esta posibilidad.

Los agujeros negros errantes podrían ser mucho más comunes

Hasta hace pocos años, casi todos los eventos de disrupción de marea se buscaban en núcleos galácticos. Esto generaba un sesgo: los agujeros negros alejados del centro permanecían invisibles mientras no capturaran materia.

TDE 2025abcr es el primer evento óptico de este tipo descubierto claramente en las afueras de una galaxia y uno de los casos más sólidos de un agujero negro masivo errante. El estudio estima que los sucesos con grandes desplazamientos representarían menos del 10% de la tasa observada en los núcleos.

La llegada del Observatorio Vera C. Rubin podría cambiar esa estadística. Su capacidad para detectar variaciones débiles y repetidas permitirá aplicar estos algoritmos a una porción mucho mayor del cielo. El hallazgo no demuestra todavía cuántos agujeros negros “huérfanos” existen, pero sí revela cómo encontrarlos: esperar a que uno de esos gigantes invisibles encienda su propia señal al destruir una estrella.

 

 

Fuente: Sinc.

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