Saltar al contenido
Ciencia

El James Webb pesó un agujero negro a más de 10.000 millones de años luz usando una lupa creada por el propio universo: pesa 6.000 millones de veces el Sol y está completamente dormido

Un equipo internacional confirmó la existencia del agujero negro inactivo más lejano jamás detectado: 6.000 millones de masas solares, a más de 10.000 millones de años luz en la galaxia MRG-M0138. Para verlo, combinaron el James Webb con una lente gravitacional natural que amplificó la imagen 30 veces. No emite radiación visible, pero su gravedad acelera las estrellas cercanas y eso fue lo que permitió medirlo
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Un agujero negro que no consume materia es prácticamente invisible: no emite los chorros de radiación que delatan a los cuásares, no tiene el disco de acreción brillante que hace famosos a los agujeros negros activos. Solo existe su gravedad, curvando el espacio a su alrededor y acelerando las estrellas cercanas. Para detectar uno de esos monstruos dormidos a más de 10.000 millones de años luz de distancia, un equipo internacional utilizó dos herramientas simultáneamente: el Telescopio Espacial James Webb y una lente gravitacional natural creada por el universo mismo.

El objeto más lejano de su clase: 15 veces más distante que cualquier observación anterior

Galaxia
© NASA

El agujero negro confirmado se encuentra en el centro de la galaxia MRG-M0138, a más de 10.000 millones de años luz de la Tierra. Su masa equivale a 6.000 millones de veces la del Sol. Lo que lo convierte en un hallazgo excepcional es que está completamente inactivo, sin señales evidentes de actividad, y que la distancia a la que fue detectado es 15 veces mayor que la de cualquier agujero negro dormido identificado con métodos similares anteriormente. Observarlo equivale a ver el universo cuando tenía apenas unos 3.000 millones de años, aproximadamente una cuarta parte de su edad actual.

Según el estudio publicado en Science, la técnica utilizada para medirlo se llama dinámica estelar: en lugar de detectar la radiación del agujero negro directamente, los investigadores analizaron el movimiento de las estrellas que lo rodean. Un objeto con 6.000 millones de masas solares acelera las estrellas cercanas a velocidades extraordinarias, y midiendo esas velocidades se puede calcular la masa del objeto invisible que las atrae. La técnica ya había funcionado en galaxias cercanas, pero nunca a una distancia tan extrema.

La lupa cósmica: cómo una galaxia intermedia amplificó la imagen 30 veces

Lente Gravitacional
© Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=112602

Observar los detalles internos de una galaxia a más de 10.000 millones de años luz con suficiente resolución para medir el movimiento de estrellas individuales está muy por encima de las capacidades de cualquier telescopio. Pero entre la Tierra y MRG-M0138 existe otra galaxia cuya enorme masa actúa como una lente natural, un fenómeno predicho por Einstein llamado lente gravitacional: la gravedad de la galaxia intermedia curva la luz de la más lejana, amplificándola y distorsionándola en imágenes múltiples. En este caso, ese efecto de lente amplificó aproximadamente 30 veces la resolución de las observaciones.

Esa amplificación natural, combinada con la sensibilidad infrarroja del James Webb y su espectrógrafo de campo integral NIRSpec, permitió observar regiones extremadamente cercanas al agujero negro, donde su gravedad acelera las estrellas de forma más pronunciada. Es la misma lógica de detectar el movimiento de una moneda observada desde miles de kilómetros, pero hacerla visible con una lupa que el propio universo puso en el camino.

La galaxia que dejó de fabricar estrellas: el legado del agujero negro dormido

El hallazgo más perturbador del estudio no es el tamaño del agujero negro sino lo que lo rodea. MRG-M0138 parece haber apagado casi por completo su producción de nuevas estrellas. Esa coincidencia, un agujero negro dormido en una galaxia sin formación estelar activa, podría ayudar a responder uno de los grandes enigmas de la cosmología: por qué algunas galaxias dejan de formar estrellas mientras otras continúan haciéndolo durante miles de millones de años.

La hipótesis más aceptada apunta al propio agujero negro. Durante una fase anterior de crecimiento acelerado, probablemente funcionó como un cuásar extremadamente energético, liberando cantidades enormes de radiación y energía capaces de expulsar o calentar el gas interestelar necesario para crear nuevas estrellas. Sin ese combustible disponible, la galaxia quedó condenada a un envejecimiento sin renovación. Los agujeros negros, en esa lectura, no serían solo consumidores de materia sino arquitectos del destino de las galaxias que los albergan.

Compartir esta historia

Artículos relacionados