Gorona del Viento, inaugurada el 27 de julio de 2014, combina un parque eólico de 11,5 megavatios (cinco aerogeneradores de 2,3 MW cada uno) con una central hidroeléctrica de bombeo, según describe la ficha técnica del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). El principio es simple: cuando el viento genera más electricidad de la que la isla consume en ese momento, el excedente se usa para bombear agua desde un depósito inferior de 150.000 metros cúbicos hasta uno superior de 380.000 metros cúbicos, situado a 655 metros de altura. Cuando el viento escasea, esa agua desciende y activa turbinas hidroeléctricas que generan la electricidad que el parque eólico ya no puede aportar. El diésel queda como respaldo final, para los momentos en que ni el viento ni el agua almacenada alcanzan.
El resultado ya fue noticia en 2018, cuando la isla logró sostener 18 días consecutivos de suministro eléctrico exclusivamente con fuentes renovables, un hito que convirtió a Gorona del Viento en referencia internacional para sistemas eléctricos aislados de otras islas y zonas remotas del planeta.
Lo que la ampliación le suma al sistema

La nueva fase del proyecto, con ejecución prevista antes de 2030, contempla llevar la potencia eólica de los actuales 11,5 MW a 14,8 MW, y sumar una instalación fotovoltaica de 7,1 MW acompañada de baterías de almacenamiento electroquímico. No se trata de reemplazar el sistema hidráulico existente, sino de sumarle piezas que atacan una limitación distinta: la eólica y la solar tienen perfiles de generación complementarios (una depende del viento, la otra se concentra en las horas de luz), y las baterías responden mucho más rápido que el bombeo hidráulico ante variaciones cortas de la demanda, algo que un sistema basado únicamente en agua y viento no puede resolver con la misma velocidad.
El desafío real no es el pico, es la continuidad
La cobertura renovable de El Hierro está lejos de ser pareja a lo largo del año. Según datos oficiales de la propia central, en 2024 la cobertura renovable promedió el 43,7% de la demanda eléctrica de la isla, pero con una variación estacional muy marcada: en agosto llegó a rondar el 83%, mientras que en noviembre cayó a apenas un 7%. Esa brecha, más que la posibilidad de alcanzar picos puntuales de generación limpia, es el verdadero problema técnico que la ampliación busca resolver: sostener el suministro renovable de forma pareja durante todo el año, no solo en los meses de viento favorable.
Los números más recientes muestran una mejora concreta en esa dirección: en 2025, Gorona del Viento acumuló 1049 horas con cobertura 100% renovable de la demanda eléctrica, frente a las 859 horas de 2024. Según la propia central, ese desempeño evitó el consumo de 5591 toneladas de diésel y la emisión de 21.551 toneladas de gases de efecto invernadero solo durante 2025.
Una isla que también quiere electrificar el transporte
La ampliación llega en un momento en que la demanda eléctrica de la isla puede empezar a crecer por otro motivo: la electrificación del transporte. Cada vehículo eléctrico que se suma a la flota de El Hierro traslada parte del consumo energético que antes dependía de combustibles importados hacia la red eléctrica local, así que contar con más generación renovable y más capacidad de almacenamiento se vuelve más relevante a medida que ese proceso avanza, no menos.
El planteamiento de fondo no cambia: seguir combinando eólica, fotovoltaica, baterías electroquímicas y bombeo hidráulico, en lugar de apostar todo a una sola tecnología. Es la misma lógica que llevó a Gorona del Viento a convertirse en referencia mundial desde 2014, aplicada ahora a un problema más específico: no basta con generar mucha energía limpia algunos días del año, hay que sostenerla los 365.