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Ciencia

Los mamíferos ni siquiera existían y sus ancestros ya podrían haber parido crías vivas. Un fósil argentino de 236 millones de años acaba de adelantar el origen del viviparismo en casi 100 millones de años

Una cicatriz microscópica conservada dentro de dos huesos de Chiniquodon theotonicus sugiere que este depredador del Triásico no salía de un huevo. Sus crías nacían vivas y eran sorprendentemente grandes.
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Hace 236 millones de años, los primeros mamíferos todavía no habían aparecido. Los dinosaurios apenas comenzaban a expandirse y el territorio que hoy ocupa el noroeste de Argentina era un paisaje atravesado por ríos, llanuras y una intensa actividad volcánica. Sin embargo, uno de los animales que vivían allí ya pudo poseer una de las características que terminarían definiendo a casi todos los mamíferos actuales: parir crías vivas.

La pista apareció en el esqueleto de Chiniquodon theotonicus, un cinodonte carnívoro de tamaño mediano descubierto en 2011 en la Formación Chañares, dentro del Parque Nacional Talampaya, en La Rioja. Estos animales no eran mamíferos, pero pertenecían al linaje evolutivo del que finalmente surgirían. El ejemplar analizado es además uno de los más completos conocidos de la especie.

Una marca diminuta escondía el momento exacto de su nacimiento

Los mamíferos ni siquiera existían y sus ancestros ya podrían haber parido crías vivas. Un fósil argentino de 236 millones de años acaba de adelantar el origen del viviparismo en casi 100 millones de años
© María de los Ángeles Miceli Baro.

Al estudiar la microestructura del fémur y la ulna, los paleontólogos encontraron un cambio brusco entre el tejido formado durante el desarrollo embrionario y el que creció después. Era una marca no cíclica similar a las llamadas líneas neonatales que aparecen en los huesos de algunos mamíferos modernos.

Estas líneas se producen cuando el nacimiento altera repentinamente el ritmo de crecimiento del animal. En otras palabras, funcionan como una cicatriz interna del instante en el que comienza la vida fuera del cuerpo materno. Su conservación es extremadamente rara porque la expansión de la cavidad interna del hueso suele destruir el tejido embrionario durante el crecimiento. Nunca se había identificado una estructura semejante en las 25 especies de cinodontes no mamíferos estudiadas anteriormente.

La marca, por sí sola, no permite distinguir entre un nacimiento y la eclosión de un huevo. Por eso, el equipo recurrió a una segunda pista: utilizó la circunferencia que tenía el fémur en aquel momento para estimar cuánto pesaba el animal recién nacido.

Era una cría demasiado grande para haber salido de un huevo

Los mamíferos ni siquiera existían y sus ancestros ya podrían haber parido crías vivas. Un fósil argentino de 236 millones de años acaba de adelantar el origen del viviparismo en casi 100 millones de años
© Gaetano et al., 2026.

Según el estudio publicado en Frontiers in Mammal Science, el ejemplar pesaba aproximadamente 12 kilos cuando murió y alrededor de 1,68 kilos al nacer. La cría habría alcanzado, por tanto, cerca del 14% de la masa del adulto. Su cráneo mediría entre cuatro y cinco centímetros.

Los investigadores compararon esa proporción con datos de 1.869 mamíferos, 2.619 reptiles no avianos y 782 aves actuales. Chiniquodon quedó agrupado estadísticamente con los placentarios, los únicos amniotas modernos que suelen producir crías tan grandes respecto al cuerpo materno. Los recién nacidos de monotremas y marsupiales, en comparación, representan normalmente menos del 0,15% del peso adulto.

La conclusión es poderosa: resulta mucho más probable que aquella marca corresponda a un parto que a la eclosión de un huevo. Aun así, no se trata de una prueba directa. El fósil no conserva embriones ni huevos y los propios autores reconocen que las ecuaciones utilizadas proceden de mamíferos carnívoros actuales, cuya anatomía no reproduce perfectamente la de un cinodonte triásico.

El parto pudo aparecer, desaparecer y volver a conquistar el mundo

Hasta ahora, la viviparidad se situaba en el ancestro común de marsupiales y placentarios, entre finales del Jurásico y comienzos del Cretácico. Chiniquodon trasladaría su presencia hasta 90 o 95 millones de años atrás, mucho antes de la aparición de esos grupos.

Esto abre dos escenarios igual de intrigantes. El parto pudo evolucionar independientemente en Chiniquodon y en los mamíferos terios. Pero también pudo surgir una sola vez entre los primeros probainognatios y perderse posteriormente en los monotremas, el grupo de mamíferos que todavía pone huevos. Con las pruebas disponibles no es posible decidir cuál de las dos historias ocurrió.

El hallazgo convierte a los cinodontes en animales bastante menos “reptilianos” de lo que mostraban las antiguas reconstrucciones. Pelo, lactancia, bigotes sensoriales y un cerebro más desarrollado pudieron convivir con el nacimiento de crías grandes en pleno Triásico. La historia de los mamíferos, al parecer, comenzó a escribirse mucho antes de que existiera el primer mamífero.

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