Mientras el mundo acelera hacia los vehículos eléctricos, la realidad es que la gasolina sigue alimentando más del 90 % de los coches que circulan. En este contexto, Aircela propone una solución que suena a utopía tecnológica: fabricar combustible desde el aire, sin perforaciones ni refinerías, y con una huella ambiental mucho menor.
Un proceso que roza la ciencia ficción

Según explica el sitio francés Presse-citron, la máquina, del tamaño de un refrigerador, aspira aire a través de un filtro especial con hidróxido y potasio, atrapando el dióxido de carbono presente en la atmósfera. Luego, mediante energía solar, separa las moléculas de agua para extraer hidrógeno.
En su reactor interno, el CO₂ y el hidrógeno se combinan gracias a un catalizador que primero genera metanol y, después, gasolina lista para usarse. El resultado es químicamente idéntico al combustible de una gasolinera, pero sin una sola gota de petróleo.
Gasolina para cualquier motor

Uno de los puntos fuertes de la propuesta es que no requiere adaptar vehículos ni cambiar las infraestructuras existentes. Cualquier coche con motor de combustión puede funcionar con la gasolina de Aircela.
La máquina captura hasta diez kilos de CO₂ al día y produce cuatro litros de combustible, algo que podría ser especialmente útil en zonas remotas donde abastecerse es costoso o complicado.
De la idea al mercado
Inspirada en el trabajo del físico Klaus Lackner, pionero en la captura directa de dióxido de carbono, esta tecnología ya se está probando en Los Ángeles. Aircela planea su lanzamiento en otoño, con un precio estimado entre 14.000 y 18.500 euros.
Si logra cumplir lo prometido, podría convertirse en una de las innovaciones más disruptivas para la movilidad, ofreciendo gasolina neutra en carbono sin exigir grandes cambios a los conductores.